«No soy inútil:
al menos sirvo de mal ejemplo»
(Frase leída en un protector de pantalla de computadora.)
El Presupuesto Público es un mecanismo muy importante en toda
sociedad democrática. La ciudadanía espera que los recursos
públicos, obtenidos en su mayoría por impuestos directos
o indirectos, sean bien utilizados. Esto constituye la otra cara de la
medalla del principio democrático «no tax without representation»
que sustentó la revolución americana dos siglos atrás.
Es también una herramienta fundamental para el desarrollo
porque sustenta materialmente los objetivos y programas de gobierno. Cualquier
actividad que se lleve a cabo requiere planificar las acciones y los gastos
que ello demanda, y todas las empresas formales, instituciones, ONGs, planifican
sus acciones futuras y las expresan en estimaciones de ingresos y gastos.
Sin embargo, este gobierno aprueba presupuestos a sabiendas de
que no los va a cumplir, para cumplir una formalidad constitucional, mientras
luego gasta en otra cosa sin rendirle cuentas a nadie. De esta manera,
el Presupuesto se convierte en una formalidad inútil para promover
el desarrollo.
El procedimiento de elaboración del Presupuesto
La elaboración del Presupuesto se hace cada año
desde mayo, debiendo cada institución pública elaborar su
anteproyecto. Sin embargo, las normas para elaborar el Presupuesto están
perfectamente parametradas: las remuneraciones tienen que repetir la ejecución
del mes de mayo (no se pueden presupuestar plazas adicionales por ningún
motivo) y los bienes y servicios la misma cantidad del mes, más
un porcentaje fijo por inflación. No existe ningún mecanismo
para verificar cuántos recursos son necesarios para realizar qué
actividades o qué metas, y de esa manera ha pasado en los últimos
años que más de una vez los hospitales no tienen cómo
pagar la luz o se financian instituciones que se encuentran prácticamente
desactivadas pero siguen funcionando por inercia, como COOPOP o el INADUR.
Posteriormente, ese Presupuesto es consolidado por el Ministerio
de Economía y Finanzas (MEF). Su labor: asegurarse de que nadie
haya incluido algo que no debe, y "dorar la píldora", reformulando
el proyecto para que quede presentable ante la opinión pública.
A continuación sigue la presentación de los ministros
ante la Comisión de Presupuesto. Pero, a pesar de que se les entregan
por anticipado preguntas específicas con requerimientos de información,
ellos no informan sobre lo que se les solicita. Terminado este trámite,
la dócil mayoría de la Comisión de Presupuesto procede
a aprobar lo que mandó el MEF.
Los mecanismos para manejar arbitrariamente el Presupuesto
Esta falta de seguimiento y control presupuestario, se suma a
la existencia de tres mecanismos en el Presupuesto que otorgan gran flexibilidad
al gobierno en el manejo de los recursos.
Un primer mecanismo es el criterio del «presupuesto tope».
Según éste, el Presupuesto es solamente una autorización
máxima de gasto, pudiendo el gobierno gastar menos, mucho menos,
todo lo menos que quiera. Lo que el gobierno ha hecho es, entonces, hacer
aprobar un presupuesto alto, con el fin de asegurarse un alto margen de
maniobra.
El propio gobierno informó que en 1996 gastó 2 mil
millones de soles menos de lo presupuestado legalmente. ¡2 mil millones
de soles menos! Adicionalmente, en términos reales el gasto fue
menor en otros 600 millones debido a que la inflación, en vez del
8,5% supuesto fue de 11%. El enfriamiento no era de extrañar
¿Se imagina alguien lo que pasaría si en su empresa
o proyecto presupuesta cifras muy superiores a las necesarias o posibles,
para luego ir gastando mucho menos? Simplemente, que el Presupuesto deja
de ser una herramienta para la gestión. Y eso es lo que pasa con
el Presupuesto público.
El manejo presupuestal efectivo se hace mediante el «Comité
de Caja» que programa los gastos mensuales, sin tener en cuenta el
Presupuesto aprobado ni cuenta con participación de parlamentarios
que permitan fiscalizarlo, y que entrega información que no permite
fiscalizar los gastos efectivos en relación al Presupuesto.
El segundo mecanismo de flexibilización presupuestal es
la llamada «reserva financiera», que el gobierno utiliza para
gastar en lo que mejor le parezca, sin necesidad de obtener la aprobación
del Congreso ni de informar a la opinión pública. Para 1996,
¡se aprobó una reserva financiera de 1,345 millones de soles
y para 1997 una de 1,371 millones de soles! Una cantidad evidentemente
gigantesca. Estos fondos son usados por el gobierno libremente, y ni siquiera
entrega adecuada información al respecto.
Finalmente, el tercer mecanismo son los «Decretos de Urgencia».
En 1997, se ha añadido nada menos que 4,518 millones de soles al
Presupuesto mediante este mecanismo, el 81 por ciento de los cuales corresponde
a pago de la deuda. ¿Es que a fines de 1996 no se conocía
que estos pagos se iban a realizar? Por supuesto que sí: al menos
3,300 millones se usaron para pagar la «cuota inicial» del
Plan Brady, y otros 345 millones para comprar los Bonos del Tesoro norteamericano
que bajo este arreglo se entregan como garantía. Desde julio de
1995 se conocía qué opciones de refinanciación había
escogido cada banco y, con ello, cuánto había que pagar.
Pero el gobierno decidió no incorporar estos gastos al Presupuesto,
seguramente porque al reconocer que había un elevado pago por la
deuda hubiera resaltado que el asunto no era tan buen negocio después
de todo, y se hubiera notado la prioridad que se da a este pago.
Recentralización trunca y caos
Una de las dimensiones del Presupuesto que podría ser más
importante es la geográfica. El Presupuesto debería ser un
instrumento de descentralización económica, que priorizara
a las regiones más atrasadas. Es conocido que el gasto público
en el Perú se encuentra entre los más centralizados de América
Latina, con apenas un 3 por ciento del mismo destinado a los gobiernos
locales, mientras ese porcentaje puede alcanzar el 50 por ciento en Colombia
o Chile. Pero queremos en esta oportunidad referirnos a otro problema:
la recentralización trunca ha dado como resultado que ni siquiera
sepamos cuánto gasta el Estado en cada departamento o región
del país.
¿Cuánto gasta el Estado en Huancavelica, para referirnos
al departamento que ha ganado recientemente notoriedad? ¿Cuánto
ha gastado en 1996 o piensa gastar en 1998? El Presupuesto no lo dice.
No lo dice porque el Presupuesto es una mixtura de lo centralizado con
lo desconcentrado (a los llamados Consejos Transitorios de Administración
Regional, dependientes del Ejecutivo central, no se les puede llamar organismos
descentralizados). Algunos rubros, como educación o salud, son presupuestados
regionalmente y administrados por los CTAR. Pero otros organismos que realizan
obras en las regiones, como FONCODES, PRONAA, INADE y muchos otros operan
centralizadamente. Además, ni siquiera todo el presupuesto de salud
o de educación es regionalizado: tanto los proyectos de endeudamiento
externo como algunos programas especiales (caso del llamado Programa de
Mejora del Gasto Social Básico) se manejan centralizadamente aunque
se destinan fundamentalmente a las regiones.
Sucede así que, por ejemplo, las regiones de salud tienen
que administrar dos, tres y hasta cuatro presupuestos diferenciados, con
mecanismos y reglas diferentes: uno por el gobierno regional, otro por
el Programa Salud Básica para Todos, otro por el programa de Administración
Compartida, y además reciben equipos o mejoran sus establecimientos
con dinero del Programa de Fortalecimiento del Sector Salud, etc. De esta
manera, se torna imposible saber si el Presupuesto favorece a las regiones
o promueve la concentración, se impide una fiscalización
regional de los gastos y se genera un caos administrativo.
Nadie sabe si se gastó lo que se aprobó
Cualquier persona que tenga una empresa o un proyecto de cualquier
tipo, sabe que una vez hecho el Presupuesto, tiene que realizar un seguimiento
permanente del mismo, para ver si está cumpliendo con lo que presupuestó
y realizar los ajustes correspondientes.
El gobierno no lo hace. Por lo menos no lo hace de manera adecuada.
O no entrega la información. Por ejemplo, se quiere saber cuánto
gastó en educación en 1995, o en el primer semestre de 1997:
el país no lo sabe. ¿Cuánto gastó en salud?
El país no lo sabe. Existe una separación entre el sistema
de presupuesto y el sistema de entrega de fondos y rendición de
cuentas que impide tener información adecuada al respecto.
¿Cómo se manejan en realidad los gastos del gobierno?
Por un lado, están los recortes, que los deciden el viceministro
Jaililie y su Comité de Caja. Ellos son los que realmente deciden
cuánto se va a otorgar a cada organismo público, mes a mes.
Por otro lado, están el presidente Fujimori y el ministro Camet,
que deciden pagar tal deuda o iniciar tal obra pública. De tal manera
que el Presupuesto real, la verdadera decisión en materia presupuestal,
radica allí y no en el Congreso.
La Cuenta General de la República correspondiente al año
1995, aún no ha sido aprobada. No hay rendición de cuentas.
Se supone que el Presupuesto para 1997 está todo relacionado a metas
físicas, pero no existe real capacidad de planificación en
los ministerios y organismos públicos para hacer el seguimiento
requerido.
El Presupuesto incompleto
De acuerdo a la actual Ley Marco del Presupuesto Público,
éste debe incluir a todas las instituciones públicas, y debe
ser un presupuesto equilibrado.
Sin embargo, el pesupuesto presentado, al igual que en años
anteriores, no considera la totalidad de los ingresos por privatización,
ni considera al FONAVI, la SUNAT, la SUNAD, la SBS, la CONASEV, entre otros
organismos públicos. Tales instituciones disfrutan en términos
presupuestales de un privilegio de que no goza ningún poder del
Estado, ni el Legislativo ni el Judicial. Violan, asimismo, el principio
de Caja Unica que es básico en materia presupuestal.
No se trata aquí de restarles autonomía a estos
organismos, que tienen normas constitucionales y/o legales propias. Tal
autonomía, sin embargo, no impide que su presupuesto sea conocido
por la opinión pública y sea incorporado al Presupuesto nacional,
tal cual ellos mismos lo formulen.
Particularmente importantes son los fondos de la privatización,
que a la fecha exceden los 3 mil millones de dólares. ¿Cuánto
se prevé que va a ingresar al Estado por ese motivo el próximo
año? ¿Cuanto va a gastar la COPRI en sus propias actividades
y qué va a hacer con el resto? En este caso, por cierto, no se trata
de un organismo con rango constitucional autónomo, como sí
lo tienen algunas de las otras instituciones.
El Presupuesto y la política económica
La política fiscal, es decir los impuestos y gastos del
gobierno, tienen una gran importancia sobre el comportamiento de la economía.
El gobierno logró una reactivación acelerada de la economía
en 199495 con un fuerte gasto en obras públicas, y una recesión
con su recorte en 1996. Actualmente, desde diversas posiciones se muestra
preocupación porque se haya iniciado una nueva «ola de gasto»,
debido a un adelanto de la jornada electoral.
Curiosamente, sin embargo, estas fuertes variaciones en la política
fiscal no pasan por el Presupuesto. Se producen de facto y se convalidan
legalmente a posteriori. Estilo Fujimori: hacer primero, anunciar después.
Para 1997, se presentó un Presupuesto que incluía
un superávit primario (ingresos corrientes menos gastos sin deuda
externa) de 1,250 millones de soles, 0.7% del PBI, cuando se sabía
que por exigencias de la Carta de Intención ese superávit
tenía que ser 1.3% del PBI. No extraña a nadie que, de existir
un conflicto entre lo que dice el Presupuesto aprobado por el Congreso
y lo que dice la Carta de Intención suscrita con el Fondo Monetario
Internacional, se imponga esta última.
En términos generales, la aprobación del Presupuesto
debería ser la oportunidad para debatir no solamente en qué
se gastan los fondos públicos, sino también la política
tributaria y arancelaria, que constituyen el sustento de los ingresos ficales.
Tampoco esto sucede. Se modificó la estructura arancelaria, con
rebaja de las tasas de 15% y 25% a 12% y 20%, combinada con la imposición
de sobretasas de 5% a productos agrícolas; se exoneró de
impuestos a insumos agrícolas; se anuncian medidas promocionales
al sector minero mediante la devolución anticipada del IGV; se reforma
el Impuesto a los Activos; y todas esas decisiones se toman en instancias
ajenas al debate presupuestal.
Presupuesto y macroeconomía
Para 1998 el Presupuesto plantea un PBI de US$ 67 mil millones
de dólares, a pesar de que es evidente y ha sido reconocido por
el gobierno mismo que esa cifra está totalmente inflada. Especialistas
consideran que el PBI estaría alrededor de 48 mil millones de dólares
(cifra incluso mencionada por el Presidente del BCR). La propia viceministra
de Economía ofreció dos años atrás que en tres
meses estaría terminado el nuevo estudio del PBI. El año
pasado el ministro Camet prometió una nueva cifra en un mes, pero
ya anunció que el cambio sólo sería de un 15%, lo
que dista mucho de la verdadera magnitud de sobrevaluación existente.
Ahora, cuatro años después de que se anunciara que se calcularía
un nuevo PBI y de decenas de anuncios indicando que estaría listo
en unos meses, el ministro Camet ha dicho que no puede decir una fecha
precisa y que, además, es posible que el PBI no esté sobreestimado.
No se puede tratar este proceso sino como una burla al país.
Si no hay exactitud en las cifras, al menos podrían anunciarse cifras
preliminares. Por el contrario, se presentan cifras notoriamiente falsas,
como si fueran ciertas.
Las razones de la mentira son varias: reducir el cálculo
de la presión tributaria, para mantener impuestos selectivos altos
con el pretexto de una prolongada «situación excepcional»,
y también mantener bajo el cálculo del déficit externo
en cuenta corriente, que preocupa a los inversionistas extranjeros. Esto
tuvo un costo: hacer aparecer la situación del país mejor
de lo que es, lo que restaba condiciones de negociación de la deuda
externa. Pero como eso ya pasó, ahora no hay presión alguna
para que se diga la verdad.
Cansancio en el debate
A medida que han pasado los años, se ha generado un cansancio
en el debate nacional sobre el Presupuesto.
Para los especialistas, el problema es que, cómo el Pesupuesto
que se apruebe realmente no nos dice nada acerca del futuro, porque luego
se aplica un manejo igualmente arbitrario, no tiene mucho sentido preocuparnos
por lo que se apruebe en diciembre. Las revistas especializadas en economía,
que llegan a una decena si incluimos los informes especializados para empresas
(que sólo circulan bajo suscripción) dan poca o ninguna importancia
al Presupuesto: ya saben que no es relevante.
Para el público, el debate es ininteligible, con cifras y datos
que no se llega a entender. Todos esperamos con expectativa los 28 de julio,
cuando el presidente anuncia su futura política y, como en este
año, anuncia nuevas acciones del gobierno que comprometen el Presupuesto.
Pero nadie pretende que el Presupuesto aprobado en diciembre traiga ninguna
novedad, sólo cifras que sustenten la continuación de lo
mismo.
La oposición se enfrenta a un dilema que no ha sido suficientemente
explicitado: pedir que se amplíe el Presupuesto, con el objetivo
de atender las crecientes demandas sociales insatisfechas, es realmente
pedir que se amplíe el margen de acción del gobierno, ya
que no existe obligación de que realmente se gaste lo presupuestado.
El verdadero problema es otro: hay que cambiar todo el sistema
de aprobación y manejo presupuestal. Teniendo ribetes técnicos,
el asunto es sobre todo político: la necesidad de transparencia
en los actos del gobierno y de democracia en la aprobación de sus
gastos. |