| ¿Cuál es la
situación actual de la oposición?,
¿cuáles sus posibilidades y problemas? El desgaste
político que experimenta el gobierno de Fujimori parece
haberle dado alas a una oposición que, sin embargo,
experimenta también sus propios problemas, aunque en un
nuevo contexto que le resulta hoy favorable.
¿Cuál es ese nuevo contexto en el que se desenvuelven
hoy las iniciativas de la oposición? Trataremos de
describirlo, en un apretado resumen.
El nuevo contexto
- a) Crece el descontento
- Crece el descontento en la población respecto al
gobierno. De julio de 1995 -inicio del segundo gobierno de
Fujimori- a setiembre de este año, según la agencia
Imasen, la desaprobación en Lima, uno de los bastiones
electorales del presidente, ha crecido en un 265% al pasar de 15%
a 40.7%, mientras que la aprobación disminuyó en un
tercio. La cuota decreciente de aprobación se ha ido
produciendo por tramos: de enero a febrero bajó 13 puntos;
de mayo a junio, 6; y de agosto a setiembre, 9.
- Lo más importante de estos datos es que revelan un
desplazamiento de la opinión pública en bloque
(como el ocurrido en forma notoria de agosto a setiembre
último). Es decir: los que aprueban al presidente se pasan
al rubro de los que lo desaprueban, sin que medie, por tanto, un
período de transición. Esto revelaría no
sólo cierto cansancio de la opinión pública,
luego de aprobada la reelección, sino también un
cambio de ánimo significativo, el cual se traduce en una
mejor disposición para manifestar públicamente
desacuerdos políticos. La mayor desaprobación
proviene de los sectores correspondientes a la clase baja
superior y a los estratos alto y medios.
- Estamos ante un fenómeno de declive constante en
la popularidad del presidente. De persistir esta tendencia, en
pocos meses los índices de aprobación
podrían llegar a ser inferiores al 50% en Lima, con lo
cual se produciría un empate entre los que aprueban y los
que desaprueban la gestión presidencial. Hay que tener en
cuenta que según la última encuesta de Analistas y
Consultores, el índice de aprobación del presidente
a nivel nacional no llega al 50%.
Los motivos del descontennto son de dominio público:
persistencia de la recesión económica y del
desempleo; supresión de derechos laborales; abuso de poder
e irregularidades manifiestas en la administración de
justicia (casos de corrupción que afectan a altos
personajes de la esfera del gobierno y de las fuerzas armadas) y
en la gestión legislativa, tanto del Ejecutivo como de la
mayoría del Congreso (leyes anticonstitucionales que
favorecen la reelección de Fujimori y desnaturalizan la
institución del referéndum); ataques desleales al
alcalde Andrade; etc.
- b) Se ha producido un división al interior del
bloque en el poder
- Son visibles los desacuerdos entre las distintas
fracciones del gobierno respecto al programa económico.
Normas como la Ley de Bancos, el aumento del impuesto al FONAVI,
el fraccionamiento de la deuda empresarial y su
reglamentación posterior, entre otras, han sido motivo de
más de un debate al interior del gobierno. Esto
estaría expresando una tensión entre los
requerimientos del FMI -que obliga a un manejo más austero
del gasto público y al pago de la deuda externa- y una
estrategia reeleccionista que no puede darse el lujo de seguir
perdiendo puntos.
- Una consecuencia de esta división es que el
gobierno aparece carente de planes o programas de más
largo plazo, aplicando medidas contradictorias que no satisfacen
a ningún sector, salvo al transnacional. Esto afecta la
imagen de un gobierno y un presidente fuertes, que siempre
parecían saber cómo y adónde ir. Si a esto
se suma el caso Montesinos -que muestra la existencia de un
gobierno en la sombra-, así como la renuncia de Jaime
Yoshiyama, la imagen de división en el gobierno y
pérdida de autoridad presidencial se hacen más
visibles. Con ello, el gabinete Pandolfi, que en un primer
momento fue calificado como «compacto» y coherente
ideológicamente, comienza a dar muestras de debilidad
política.
- Otra consecuencia de esta pugna interna es la creciente
autonomía de los medios de comunicación. De un
tiempo a esta parte diversos medios han comenzado a destapar
escándalos, a tomar distancia del gobierno y, en algunos
casos, hasta a criticar determinados comportamientos del
oficialismo. De ahí que no resulten extrañas las
recientes amenazas del congresista Torres y Torres Lara contra el
diario La República
.
- Estos conflictos internos estarían llevando al
gobierno a cometer una serie de errores políticos que lo
distancian de la población. Nos referimos al anuncio o a
la promulgación de leyes que generan aun mayor
incertidumbre económica y política en la
ciudadanía, tales como la elevación del impuesto al
FONAVI, la extensión arbitraria de la jornada laboral, la
eliminación de derechos laborales, el anuncio de que los
colegios, academias y universidades pagarán impuestos, el
recorte de atribuciones al alcalde de Lima mientras se le niega
apoyo económico, etc.
- c) Se están produciendo conflictos institucionales
al interior del régimen político
Los más destacados son:
- Entre el gobierno (incluyo Congreso) y el J.N.E. por los
casos de la reelección y el referéndum.
- Entre el gobierno y la alcaldía de Lima, que pone
en entredicho la autonomía municipal.
Si bien es cierto que el segundo es manejable -pese a que en el
gobierno no hay acuerdo todavía en cómo tratar la
demanda del alcalde de Lima exigiendo respeto al fuero municipal-
, el primero constituye un verdadero test, puesto que su
resolución marcaría el corto plazo político.
El gobierno sabe que una salida autoritaria a este conflicto,
como ha sucedido con la ley aprobada en el Congreso sobre el
referéndum, con las amenazas al J.N.E. y con la reciente
resolución de la ONPE, no lo beneficia en nada, pero
también sabe que posiblemente no tiene otra salida si es
que persiste en la opción por la reelección. Ello,
con seguridad, determinará que los costos políticos
por mantener la autoridad presidencial y el control sobre la
situación serán crecientes. A esto se suma que
instituciones como el Congreso, otro reducto del oficialismo,
comienza a ser objeto de crítica por la opinión
pública.
- d) La política económica es rechazada
crecientemente por la opinión pública y diversos
grupos empresariales.
- Un porcentaje considerable de la opinión
pública está demandando un cambio de rumbo
significativo. Según la última encuesta de Imasen
un 47.8 % desaprueba dicha política. La
desaprobación es mayor en la clase baja superior y en los
sectores medios y altos. A esto se suma el rechazo de los
empresarios nacionales a la política económica por
su orientación anti-industrialista y anti-exportadora; por
el incremento de importantes precios públicos, como son el
petróleo y la electricidad; así como también
por el sesgo de las reglas de juego claramente favorables al
capital extranjero, en detrimento del capital
nacional.
- e) Un nuevo contexto internacional
- En América Latina, como ha estado sucediendo en
Argentina y México, pero también en menor medida en
Chile, están apareciendo síntomas de agotamiento de
los modelos de ajuste y la posibilidad de una ola antiliberal. Es
importante destacar que esta contraola es consecuencia de una
alianza entre los sindicatos, los trabajadores y las clases
medias, todos ellos afectados por el ajuste inicial y ahora por
el sobreajuste determinado principalmente por las exigencias del
pago de la deuda y de la llamada segunda ola de reforma
liberal.
Una nueva perspectiva para la oposición
¿De qué manera incide todo esto en el juego
político de la oposición?
Una primera observación es que se está reforzando
políticamente la confluencia electoral espontánea
de sectores sociales -medios (también altos) y bajo
superior- que hizo ganar a Alberto Andrade la alcaldía de
Lima.
Otra es el incremento de la protesta social. Hay un cambio de
óptica en la población después de seis
años de sacrificio. Hoy la opinión pública
espera que el sacrificio consentido para estabilizar la
economía, privatizar las empresas públicas,
permitir el ingreso de capitales extranjeros, sea recompensado
con más empleos y mejores ingresos. Hay, pues, un cambio
de expectativas en la población, una vez superada la
emergencia. En este contexto el espacio pos-fujimorista se
amplía y se consolida.
Finalmente, hay una tendencia creciente en sectores
significativos de la opinión pública -que la propia
concentración y manejo del poder alimenta- a vincular
reelección, autoritarismo, corrupción y problemas
económicos.
Virtudes y retos de la oposición
Si bien es cierto que, como en todo régimen autoritario,
la oposición ha logrado ampliar su capacidad de
convocatoria gracias a los conflictos y problemas internos del
gobierno, también lo es que ha tenido la virtud de
encabezar cohesionadamente algunas luchas importantes en estos
últimos tiempos, así como de articular distintos
escenarios, como lo muestra el trabajo entre congresistas y el
Foro Democrático.
Si la oposición quiere encabezar el descontento
debería levantar un nuevo programa económico viable
y realista; mostrar una imagen de unidad y pasar al terreno
social articulándolo al espacio parlamentario. El reto
mayor de la oposición es vincular en un mismo discurso los
problemas económicos, de corrupción, de
autoritarismo y de reelección.
Sin embargo, para que esta «cohabitación» exitosa que
muestra hoy día la oposición sea efectiva
políticamente, deberá resolver algunos problemas
importantes y que aquí sólo enumeraremos:
La definición de un nuevo programa económico y el
rol del Estado en él. Una de las cuestiones centrales en
la discusión de ese programa es si la actual
política económica permite la constitución
de una economía competitiva, capaz de enfrentar
simultáneamente los retos de la globalización y de
la integración y desarrollo nacionales.
La amplitud y composición del frente opositor es otro
problema. Es decir, si cohabitan o no en él posiciones
liberales, de izquierda o apristas. Esto no sólo guarda
relación con el tema de los pasivos políticos que
puedan exhibir hoy ante la opinión pública uno u
otro partido, como el APRA o los partidos de izquierda, sino
también con el tema de si el acuerdo opositor es capaz de
combinar un pacto de reglas y procedimientos democráticos
con un programa económico mínimo que no se agote en
un programa social de emergencia.
La definición política del espacio de la
oposición es otro problema importante. Ella deberá
definir si se constituye en un centro izquierda o en un centro
derecha, porque si de algo no hay duda es de que el espacio de la
oposición es el de un centro político activo. Este
tema aparece indesligable de otro: si debe enfrentar de manera
radical el proyecto fujimorista, que puede ser definido como de
capitalismo autoritario al estilo asiático; o si, por el
contrario, de lo que se trata es de eliminar sólo el
componente autoritario manteniendo el proyecto económico
neoliberal. La cuestión implícita es si el modelo
de capitalismo que hoy se aplica en el país puede ser
separado de los modales autoritarios que caracterizan a la «nueva
democracia» fujimorista.
Si la oposición quiere sortear el peligro de moverse
estrictamente en el plano marcado por las formas autoritarias,
deberá tener la capacidad de vincular crisis
económica con autoritarismo, para así convertir el
tema democrático y el tema del desarrollo nacional en las
cuestiones claves para la resolución de la crisis. Esto
supondrá construir una representación
política que a la vez que aparezca ligada a los sectores
sociales concretos, lo esté también a una imagen de
futuro estable y viable que haga posible el desarrollo de
todos.
No importa de cuántos recursos pueda aún disponer
el gobierno -sin desconocer su importancia coyuntural- para
tratar de revertir su todavía relativamente lento, pero
persistente, desgaste político. Lo que importa saber es
que la oposición se está jugando su futuro y que
sólo de ella depende el llegar a constituirse en una seria
alternativa de gobierno para el año dos mil.
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del Nº 103
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