| La educación secundaria cumple
teóricamente dos funciones, una independiente de la
educación superior y otra vinculada a ella.
La primera estriba en darle consistencia a la personalidad del
estudiante: valores morales, condición ciudadana, madurez
emocional, aprendizaje de ciertas cosas que no puede dejar de
saber en el mundo moderno. Eso puede servir para que vaya a la
universidad o a cualquier otro sitio.
En cuanto a la segunda, la educación secundaria
debería brindar una formación metodológica
en el arte de estudiar.
Es aquí donde se presentan una serie de problemas -unos
que provienen de la educación secundaria y otros de la
universidad- que impiden que eso ocurra. Así, el
estudiante llega a la universidad sin tener una base
metodológica para seguir estudios superiores.
Por un lado -problema de la universidad-, el examen de ingreso
desfavorece la preparación metodológica y alienta
más bien el estudio memorístico y el adiestramiento
en técnicas de resolución de preguntas.
Por otro lado -problema de la secundaria-, la formación
que se imparte pretende ser enciclopédica y no atiende
bien a las necesidades actuales del conocimiento.
Los contenidos están atrasados, probablemente varios
años o decenios en relación a lo que se debe saber;
en el 90% de los colegios del Perú los métodos
andan posiblemente por el siglo XIX; asimismo, hay colegios donde
los profesores no han tenido la oportunidad de capacitarse y
carecen no sólo de bibliotecas sino inclusive de libros de
texto. La suma de estas carencias y limitaciones impide que la
educación secundaria cumpla con su cometido.
Saber estudiar
Hay unos pocos colegios que proporcionan a los estudiantes la
formación necesaria para avanzar en la vida universitaria
porque tienen profesores calificados, cuentan con la posibilidad
de invertir en bibliotecas y computadoras, y pueden ofrecer un
programa diversificado que además del desarrollo de los
currículos normales incluye la realización de
actividades complementarias.
Pero la inmensa mayoría de estudiantes -tanto de colegios
estatales como privados- sólo son buenos repetidores. En
la universidad se topan con el pensamiento crítico, se
enfrentan a un sistema de evaluación que califica la
capacidad de razonar y las lecturas que tienen que hacer. Se
encuentran con temas que no contienen una verdad indubitable sino
que son controvertibles. Es entonces cuando el alumno que
aprendió a repetir, se enfrenta al problema de que no sabe
estudiar: tratará de memorizar, pero le irá
pésimo porque lo que tiene que hacer es entender.
Hay estudiantes que ni siquiera saben leer, que no saben usar los
signos de puntuación y que, por lo tanto, no entienden lo
que leen.
En cambio, quienes llegan a la universidad con el hábito
de la lectura -que están acostumbrados a leer, no por
obligación sino por propia iniciativa- constituyen una
minoría.
La regla general, que conoce excepciones, es que la secundaria no
enseña a los estudiantes a razonar, ni los dota de las
herramientas metodológicas para estudiar.
Frente a eso la universidad, en primer lugar, selecciona. En el
Perú hay unos 7 millones de estudiantes en la secundaria.
Cada año ingresan al sistema universitario unos 90 mil
alumnos. Probablemente el número de estudiantes que acaban
una carrera en los plazos que la universidad ha prescrito para el
desarrollo del respectivo currículo, no llegan ni al 20
por ciento. La mayoría se demora un semestre, un
año o un año y medio más.
En segundo lugar, posiblemente un 30 por ciento de los
estudiantes que inician una carrera nunca la acaban. Ello por
diversas razones, una de las cuales es porque les va
académicamente mal. Eso también constituye una
forma de selección.
En tercer lugar, hay universidades con distintos niveles de
calidad, de la A a la Z. De ese modo, algunos universitarios
pueden transitar de una universidad a otra o de una carrera a
otra hasta encontrar aquélla que calza con su capacidad.
Porque también en el sistema universitario hay
instituciones que no enseñan a pensar, que
continúan el modelo memorístico tan difundido en la
escuela secundaria. Y son la mayoría.
Las universidades que cuentan con una biblioteca razonable no
pasan de una docena. Razonable significa que cuente con los
textos esenciales y que alcancen para todos los estudiantes que
necesitan leer.
Cuando no es ése el caso, entonces la enseñanza
está organizada de modo tal que los alumnos puedan pasar
los cursos sin mayores exigencias de lectura. El resultado es
más que mediocre.
Una universidad que quiere que sus alumnos lean invierte cientos
de miles de dólares anuales en su biblioteca.
Estudios Generales
Para suplir las deficiencias que traen los alumnos de la
secundaria, algunas universidades cuentan con los denominados
Estudios Generales, previos al ingreso del alumno a la
especialidad propiamente dicha. Dependiendo de las universidades,
duran uno o dos años.
Los Estudios Generales ofrecen las siguientes ventajas:
1. Brindan al estudiante la formación global que casi no
tuvo en la secundaria y le permiten conocer ciertas disciplinas -
por lo menos en términos generales- que después le
van a ser útiles en su formación personal: siempre
es mejor un ingeniero que puede hablar bien que uno que no sabe
hablar; siempre es mejor un abogado que sabe matemáticas
que uno que no las sabe y que de pronto, en el ejercicio de su
carrera, se encuentra con que tiene que hacer un cálculo
de beneficios sociales y no sabe por dónde empezar.
2. El ingreso a la universidad se produce entre los 17 y los 18
años. Si el estudiante entra directamente a una carrera se
encasilla en un ámbito de especialización y
después le va a resultar difícil cambiar de
especialidad porque va a perder muchos cursos. En cambio, si
ingresa a Estudios Generales, desde donde podrá acceder a
seis o siete carreras, tendrá dos años de una
educación mucho más libre, rica y profunda, al cabo
de los cuales contará con mayor aplomo y madurez para
tomar sus decisiones vocacionales.
3. Los Estudios Generales pueden complementar las deficiencias
metodológicas de aprendizaje que el estudiante trae de la
secundaria. Allí recibirá cursos que
contribuirán a su formación, que lo dotarán
de las estructuras teóricas y metodológicas con las
que podrá después abordar adecuadamente su carrera
y entenderla mejor.
Actualmente el profesional tiene que estudiar su carrera tres o
cuatro veces a lo largo de su vida. La permanente
renovación del conocimiento lo obliga a una constante
actualización. Para eso tiene que saber estudiar. Es por
ello que una buena formación metodológica le
permitirá ser un buen profesional no sólo
inmediatamente después de haber salido de la universidad,
sino a lo largo de toda su carrera.
Recurso del método
Cuando la mayoría de los estudiantes se enfrentan al curso
de metodología en la universidad, sienten que les
están enseñando chino. Eso, porque nunca han
reflexionado metódicamente sobre lo que ven y oyen todos
los días, no han aprendido a hacer una síntesis, a
relacionar, a inducir, a deducir. El entorno tendría que
proporcionarles los parámetros de conducta
metodológica que luego habrán de procesar
teóricamente, del mismo modo como se aprende un idioma:
hay que aprender la gramática en la vida como paso previo
a comprenderla en la teoría. Así como no se puede
entender la gramática del árabe si no se sabe
árabe, igualmente no se puede aprender metodología
si no se ha trabajado metódicamente.
éste es un problema cuya solución abarcará
varias generaciones, pero hay que comenzar hoy mismo para que de
aquí a unos cuarenta años el herrero trabaje el
fierro metódicamente y el químico estudie
química metódicamente.
Este desafío se enfrenta con un problema. La cultura
actual es predominantemente visual. Su medio emblemático
es la televisión, que ofrece al televidente
información en la que todo está aparentemente
resuelto y que no fomenta una actitud crítica, no promueve
un pensamiento metódico y estructurado.
En realidad, el esfuerzo por cambiar nuestros modos de pensar, de
plantearnos los problemas, de abordar las cosas, abarca a un
conjunto de instituciones: desde la familia hasta el Estado,
pasando por la escuela y los medios de comunicación.
Cambios necesarios
Hay que comenzar por dotar a la gente con los métodos y
herramientas para estudiar.
¿En cuántos hogares hay un libro que valga la pena?
Debería -y podría- hacerse algo que se hizo antes,
cuando el país era aun más pobre: ediciones
populares y masivas. Ahí están las experiencias de
Populibros, del Festival del Libro Peruano. Ahora eso
probablemente sería más barato.
La familia peruana quiere que sus hijos mejoren y hace todos los
sacrificios para que eso ocurra. Hay que saber cómo se
hace. Enseñémosle a la madre de familia cómo
debería preparar a su hijo:
- Podría enseñarle a jugar con su lenguaje, a que
encuentre, por ejemplo, las distintas acepciones que tiene una
misma palabra: llama es fuego, es un animal y el acto de
llamar.
- Podría emplear juguetes baratos y creativos. De papel,
por ejemplo, un material abundante, con el que se pueden hacer
maravillas. Pero, ¿cuántos niños juegan con
papel en el Perú?
- Muchas veces un niño tiene deficiencias de
información porque cuando era pequeño no le dejaban
tirar cosas al piso: en un niño de dos años el
tirar cosas no constituye una malcriadez, sino una forma de
experimentar cómo funcionan.
El sistema educativo debe promover la educación inicial,
que es la etapa más importante de la formación
intelectual del niño. Pero todo el mundo cree que el nido
es un sitio donde los niños van para que los padres
descansen o para que pierdan el tiempo jugando.
Tenemos que cambiar la escuela: cambiar todo lo que se
enseña, así como la mentalidad y la
formación del maestro.
¿Qué debe saber un estudiante cuando acaba la
secundaria? ¿Debe saberse los nombres de los generales de
Napoleón y el número de muertos en las batallas?
¿O debe saber que hubo un proceso de liberalización
en la Europa del ochocientos donde Napoleón jugó un
determinado papel?
Si algo de lo que hizo Napoleón sirvió no fueron
las batallas que ganó, sino la transformación del
mundo que produjo con sus leyes y sus economistas. Eso es lo que
el estudiante debe saber. Así, lo que toma dos clases de
información memorística sobre las batallas de
Napoleón y sus generales, podría reducirse a
algunos minutos de una explicación jugosa del significado
del proceso histórico del que fue actor.
¿Debería el estudiante secundario aprender a arreglar
un enchufe? A fines del siglo XX, sí. Pero eso no ocurre.
Asimismo, debería salir del colegio sabiendo emplear una
computadora. En las actuales condiciones esto parece un
sueño en el Perú. Pero tenemos que plantearnos el
objetivo, que, además, no es imposible.
Asimismo, la educación secundaria tendría que
capacitar para el trabajo. A su vez, el mercado de trabajo
tendría que ser regulado de tal manera que esté en
condiciones de aceptar en buenos puestos a gente que carezca de
un título profesional universitario. Eso es posible y
deseable. Acortaría el tiempo de estudios de la gente, le
permitiría salir a trabajar antes y
descongestionaría las universidades, que podrían
así dedicarse a hacer un trabajo más serio que el
que hacen ahora.
En el Perú tenemos ingenieros que han estudiado cinco
años pero que, por ejemplo, están contratados como
soldadores porque no hay buenos soldadores. Entonces,
deberíamos producir soldadores que sean bien contratados
como tales y menos y muy buenos ingenieros. Eso es posible. Para
ello el Estado tiene que tomar la iniciativa y concertar con el
sector privado.
¿Cómo podrían contribuir los medios de
comunicación a mejorar la forma de razonar de la gente?
¿Están interesados en que sus consumidores
piensen?
Aquéllos de carácter comercial, al parecer, no.
Pero en todas partes del mundo existen medios no comerciales, que
gozan de la protección del Estado y de ciertas
instituciones de la sociedad. éstos no se encuentran en
los primeros lugares del rating, y llegan a un porcentaje
relativamente pequeño de la población. Pero su
calidad no se mide por ese criterio, sino por su aporte a la
formación de quienes más adelante serán los
líderes intelectuales y profesionales de su
comunidad.
Por ejemplo, si se instalara un canal donde los maestros se
actualizaran gratis, probablemente éstos lo
sintonizarían masivamente.
Podría hacerse un pacto vinculado a la educación
por el cual, al lado de la televisión actualmente
existente, se produjeran programas creativos que enseñaran
a pensar estructuradamente.
Asimismo, se podría llegar a un acuerdo para que, por
ejemplo, entre las 6 y las 7 y 30 de la noche no haya una sola
telenovela, para que no distraiga a los estudiantes. A partir de
las 7 y 30 y hasta las 10 de la noche, el llamado horario
estelar, cada canal podría poner lo que le da la gana,
pero por lo menos un canal, el canal cultural, mantendría
una programación cultural sin la competencia de los
demás.
Eso no sería atentar contra la libertad de prensa ni
contra la libertad de empresa. Más bien
constituiría una colaboración razonable de la
televisión a la cultura de la población.
Todo esto demanda un ejercicio de voluntad. Hay pueblos que
cambiaron su manera de ser porque quisieron ser distintos.
Nosotros también podemos cambiar.
¿Sirven los exámenes de ingreso?
Se objeta que el tipo de examen de ingreso a la universidad
podría impedir que, por razones ajenas a lo estrictamente
académico, alumnos debidamente capacitados para seguir
estudios superiores no superen la prueba.
La adecuación del examen de ingreso puede ser medida. Uno
de los indicadores es el rendimiento de los alumnos que ingresan
a la universidad. Por ejemplo, puede dividirse a los alumnos en
cuatro grupos, que corresponden a la distinta ubicación
que lograron en el orden de ingreso y hacerles un seguimiento a
lo largo de su vida universitaria. Si al final de la misma los
que estaban en el primer grupo al ingresar se mantienen en el
mismo y los que estaban en el último siguen en ese lugar,
eso significaría a grandes rasgos que el examen de ingreso
filtró apropiadamente a los estudiantes según su
capacidad académica. Al contrario, si al final los
resultados en el examen de ingreso no tienen nada que ver con la
posterior historia universitaria de los alumnos, entonces o el
instrumento de selección estuvo mal, o la universidad
está funcionando mal.
Sin embargo, muchas universidades no establecen esa
correlación. Por lo tanto, no saben si su examen de
ingreso es bueno o malo. Problemas por resolver
El gobierno anunció en algún momento su
intención de establecer un examen de ingreso único,
que se tomaría simultáneamente en todas las
universidades del país. El asunto plantea algunos
problemas:
- Según las estadísticas, en el Perú hay
anualmente 300 mil postulantes para cubrir 90 mil vacantes.
¿Cómo organizar un examen único para ese
volumen de personas?
- ¿Qué garantía existe de que ese examen no se
venda anticipadamente? (Pregunta que no es banal en el
Perú.)
- ¿Quién va a hacer el examen: el Ministerio de
Educación, una universidad, el conjunto de las
universidades, profesores universitarios, profesores de
secundaria de las diversas regiones? Esto aparece hoy como un
problema insalvable.
- Para poder hacer bien un examen de ingreso el mismo día
habría que estar absolutamente seguros de que todos los
colegios acaban su labor oportunamente y de que todas las
universidades comienzan y acaban sus clases cuando deben. Pero
eso no es así.
Un examen nacional único para el ingreso a las
universidades es posible, pero a condición de algunos
pasos previos:
- Regularizar la vida escolar y universitaria, tanto respecto a
cuándo comienza y cuándo acaba el año
académico, como a la velocidad con la cual se entregan
documentos como el certificado de notas.
- Otro problema vinculado al anterior es la oportunidad en que se
toma el examen. Por ejemplo, si éste se realiza el 10 de
enero probablemente no podrían participar aquellos
egresados de secundaria que tengan algún curso por
subsanar, ya que los exámenes de aplazados probablemente
se estarían tomando apenas la primera semana de
enero.
- Resolver la cuestión de la seguridad del examen, de modo
que no haya «filtraciones» del mismo antes de la prueba.
Lo más conveniente sería, tras resolver estos
problemas, realizar pruebas piloto que conduzcan, de aquí
a trs o cuatro años, a un examen nacional
único.
¿Qué impacto tendría el examen único
sobre la educación secundaria?
Si el examen se toma en enero, ningún recién
egresado de la secundaria podría hacer un ciclo de
preparación para el ingreso a la universidad. Lo que va a
ocurrir es que los estudiantes del último año de
secundaria acudirán a las academias, que les
ofrecerán esos ciclos a partir de marzo o agosto. Eso
desnaturalizará aún más el quinto de media,
que los estudiantes ya llevan mal. ¿Y la curiosidad científica?
En comparación con el estudiante de antes de la
década del 80, el de los últimos diez o quince
años tiene un interés menor por la
investigación.
En eso probablemente tiene que ver el cambio que desde entonces
ha experimentado el mundo. Ahora el conocimiento evoluciona
más rápido. El aprender las nuevas
tecnologías constituye algo importante. Pero
también hay un menor interés por el conocimiento
profundo. Eso se debe principalmente a que la gente está
cada vez más acostumbrada a recibir información en
pequeñas «pastillas». De ese modo pierde la capacidad de
asombro: se informa pero no se pregunta.
Casi nadie sale de los colegios capacitado para investigar, ni
siquiera para exponer adecuadamente y de modo sistemático
un tema. Los estudiantes generalmente no saben cómo
realizar un análisis o una síntesis; tampoco
cómo plantearse y diseñar los problemas, y a veces
ni siquiera cómo hacer una ficha que identifique un libro.
Casi nadie trae ese aprestamiento del colegio, y a casi nadie se
lo enseñan en las universidades.
El problema de la investigación es dramático y ha
empeorado ahora que no es necesaria la presentación de una
tesis para obtener el bachillerato. Así, algunos de los
nuevos profesionales nunca tienen una experiencia previa de
investigación; les basta aprobar todos sus cursos para
graduarse.
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