Policía: El cambio tiene que ser grande

Testimonio de un oficial

En lo que sigue transcribimos una versión ligeramente editada de una conversación con un oficial de la Policía Nacional que, por obvias razones, prefiere mantenerse en el anonimato.

Desde la escuela

«De los muchachos que entran en la escuela de policía hay una parte que va por vocación, por servir a la ley o a la justicia, una vocación desde niños, con la idea del buen policía; pero otra parte va desde el comienzo con una idea distinta, algo de mala ambición por las facilidades que te da el uniforme, la placa o un arma para tener influencia o conseguir cosas. Pero ya desde el examen de ingreso se ven cosas que no son limpias. Si no eres recomendado por alguien, no entras; y si tienes un padrino entras así no sepas nadar; por eso ahora hay oficiales a quienes se están jalando en los exámenes de ascenso porque no nadan.

»Claro, luego entras y al comienzo todo es alegría, porque también hay cosas buenas para un muchacho en la escuela: hay orden, limpieza, uniformes, comodidad, alimentación. Pero luego te das con que eres el más jodido en el primer año, porque eres perro; así te dicen. Un día cualquiera, a la hora del rancho, un instructor se dirige hasta la mesa de los perros y grita: "un último en preparar un chaufa". Tienes que mezclar todo lo que está sobre la mesa en un plato, todo: sopa, segundo, el té, el pan, el plátano. Y luego comerlo todo a la carrera. El que queda último es castigado con privaciones. No sale el fin de semana.

»Y el bautizo, el famoso bautizo, fue un callejón oscuro horrible; con palazos, golpes con guantes de box y gritos de "mueran perros" en medio de bombas lacrimógenas y disparos. Decían que era para probarte. Había un instructor con el que salíamos en marcha de campaña. Decía "un último en defecar", y luego "un último en camuflarse", o sea, tenías que embarrarte con eso. Y el último quedaba castigado.

Después encontrabas el tráfico de notas. Algo de plata, o un whisky para el profesor, y podías aprobar. O también te dabas cuenta de que se tiraban la plata del rancho. Te dabas cuenta porque la comida venía mala, con alimentos malogrados. Después en los diarios leíamos sobre casos de corrupción policial y comenzábamos a pensar que sería pues normal que también hubiera en la escuela. Y así te hacías a la idea, ya para siempre, de que para subir hay que tener padrinos o romperle la mano a algunos...»

Hasta comandante, fregados

«Terminar la escuela, salir de alférez, es la felicidad de la familia y de uno mismo. Uno está ansioso por comenzar a servir, a trabajar, por comenzar la carrera. Algo especial es cuando te dan el arma. Claro que molesta que sólo una vez en la carrera te den munición, porque después tienes que comprarla por tu cuenta.

»Ya afuera descubres que los cursos de la escuela o la manera como los pasamos no servían para la realidad y que las maneras autoritarias de la escuela continúan afuera, ya sea en la propia institución o en el trato a la gente. Eso es más fuerte en la Policía General o en la Policía de Seguridad, que están como militarizadas.

»La mala educación o mala formación continúa a lo largo de la carrera. Los cursos de capacitación, en su mayoría, tenemos que llevarlos sin dejar el servicio. Los profesores no suelen ser los mejores. Lo que pasa es que enseñar cursos ayuda a ascender, y muchos consiguen dar cursos así no sean especializados en los temas.

»Después ves los problemas de los locales, el hacinamiento en las delegaciones. A veces hay oficinas hasta en las azoteas. Los oficiales a veces tienen que llevar sus propias máquinas de escribir. A los denunciantes se les pide que lleven papel o lapiceros para los trámites.

»Lo que más jode son los sueldos. Hasta el grado de comandante estamos fregados. Por todo concepto, un comandante gana 900 soles incluidos 60 galones de gasolina en tickets. Un mayor gana 850 incluidos 40 galones de gasolina. Y lo peor es que si te retiras en esos grados sales sin pensión de retiro o con una pensión miserable. Ya cuando eres coronel o general la cosa mejora mucho.

»Los suboficiales son los más fregados, lógicamente. Hubo el caso de un suboficial hace unos años. Tuvo que participar en una invasión de terrenos para tener un lote en un pueblo joven de Chorrillos. No era para infiltrarse, sino por necesidad. Los senderistas lo detectaron. Una noche cercaron su choza. Lo llamaron desde fuera con insultos. Como había oscuridad, intentó romper el cerco, pero lo acribillaron. Al otro día se encontró el arma cerca al cuerpo. Los senderistas no se la llevaron porque no se dieron cuenta. El suboficial había percutado su revólver seis veces, pero no salió ni una bala. Su munición era mala; barata, pero mala.»

Tres niveles de corrupción en la policía

«Otra cosa que jode es la arbitrariedad en los mandos. Hay eso y encima hay corrupción. Hace unos años hubo una investigación sobre el tráfico de tarjetas de gasolina para los vehículos de servicio de todo tipo. Desde patrulleros hasta camiones portatropa. Había gran cantidad de tarjetas no usadas en su día y que se negociaron en un grifo de Surquillo. Dos oficiales descubrieron que el asunto se hacía desde la propia Dirección General y lo reportaron. Pero la investigación se cortó desde arriba y los dos fueron invitados al retiro.

»Puedo decir que hay hasta tres niveles de corrupción en la policía. El primero es el nivel moderado o corrupción hormiga, ya sea porque se pica poco o porque es la más extendida; la que todo el mundo ve pero ya se acostumbró. Es la propina que se pide para no poner una multa o acelerar el trámite, o incluso para hacerle un buen servicio a la empresa o empresario que pide seguridad.

»El segundo nivel es el de corrupción mediana que ocurre en personal que puede arreglar expedientes en casos delictivos como estafas, homicidios, robos, o puede influir en las compras; allí los montos ya son mayores.

»El tercer nivel ya es el de los avezados, que pueden ser desde subalternos hasta comandos. Felizmente la mayoría no llega hasta este nivel, porque ya no habría policía. Allí ya están los que se coluden con narcos o con bandas de asaltantes. También son los que se queman más rápido; por eso la mayoría de avezados van saliendo por causas distintas, pero algunos logran quedarse.

»La peor parte de la corrupción ocurre en la Policía Técnica, porque es la que tiene que ver con los delitos en los que se mueve más plata o en los que las penas son mayores. Pero en las otras Policías también hay los que se meten con bandas de secuestradores o asaltantes.

«Sí hay policías honestos, totalmente honestos, estudiosos, pero son pocos, francamente; serán pues cinco de cada cien. Todo el resto cae en uno de esos niveles que le digo.»

La ronda ya ni se ve

«Ahora se habla mucho del aumento de la delincuencia, pero hay que ver que a la policía se la ha estancado. Hace más de tres años que no hay ingresos de personal subalterno; su número se ha reducido en todo el país, sea por tiempo de servicio o por deserción; en este último caso, la cifra es significativa. Solamente hay ingresos en la escuela de oficiales. Todas las regiones de policía reclaman personal, especialmente las de zonas de emergencia. Hay algunas regiones en que hay un policía por cada 450 habitantes.

»En total seremos cien mil policías. Casi la mitad está en Lima, pero una cuarta parte trabaja en cuestiones administrativas; muchos efectivos del personal operativo dan seguridad en puntos fijos: a funcionarios, sus casas, empresas, embajadas, centros comerciales. Por eso casi no hay ya policías de calle; la típica pareja de ronda ya ni se ve.

»El otro problema es el equipo. Tenemos un gran déficit sobre todo en comunicaciones y vehículos. Salvo las unidades muy especializadas como las de terrorismo, drogas, operaciones especiales y las de vigilancia a bancos, que reciben apoyo de empresas, en el resto las deficiencias de equipo son increíbles. Las bandas de asaltantes tienen mejores carros, mejores armas que nuestras patrullas, y encima van con teléfonos celulares.»

Por las ramas, ¿no?

«Yo soy un oficial común y corriente; no soy un santo (por hablarle no más ya estoy en falta), pero me friega que nos vean a la Policía como sinónimo de corrupción. Eso desmoraliza. A muchos policías, usted observe, les cuesta mirar directamente. Han tomado la costumbre de no mirar a los ojos.

»Claro que quisiéramos que haya un gran cambio en la Policía. últimamente ha habido algunos cambios. Estos últimos exámenes para ascensos han sido más difíciles y muy estrictos. Ha habido una jaladera tremenda. Además, se ha dispuesto que el oficial que es jalado dos veces seguidas o tres no seguidas, pasa automáticamente al retiro. Parece que hay intención de mejorar el nivel de la oficialidad.

»Pero el cambio tiene que ser más grande. Debe cambiarse todo lo que es la formación del policía y debe haber una depuración en los comandos especialmente. El general Vidal es un caso raro, porque es uno de los pocos que es visto por los oficiales de menor rango como un caballero. Da confianza, pero la decisión para cambiar las cosas tiene que venir de otro niveles, es ya un asunto de decisión política; si no hay esa decisión no se va a cambiar mucho.

»En la discusión sobre la ley de policía han surgido ideas que no nos convencen, como la municipalización de la policía, o el servicio policial obligatorio, pero no se han escuchado ideas sobre la formación profesional del policía, ni se ha hablado mucho de sus sueldos, ni de la calidad de los comandos. En la política siempre se van por las ramas, ¿no?»


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