Con el secuestro de la residencia del embajador
japonés en Lima, por primera vez el Perú estuvo
en el centro de la atención periodística
internacional por un período de cuatro meses. Los
peruanos podían ver de cerca cómo funciona el
circo internacional de las grandes redes de
televisión, la invasión de centenares o miles
de periodistas de los rincones más remotos del planeta
como también el poder y las distorsiones
políticas e informativas que eso significa. Ni la
captura de Abimael Guzmán llamó tanto la
atención como el asalto a la residencia. El
interés surge tan rápidamente con la noticia
como desaparece cuando la historia termina. ¿Qué
ha cambiado con la crisis? ¿Qué se podría
aprender sobre los protagonistas y el impacto que ellos
tenían sobre la historia del país?
1. El terrorismo
Para mí el secuestro de la residencia fue el
resurgimiento tal vez el último de este
tipo de un terrorismo político del pasado,
anacrónico y casi nostálgico. Estos rebeldes
irrumpieron con el grito de «Vencer o morir» al estilo del
Ché Guevara, tomaron la residencia de una manera audaz
y casi hollywoodense y aprovecharon el asalto para promover
sus ideas (locas, sin duda) sobre política y
revolución. Es un terrorismo que muestra la cara,
contrariamente al terrorismo «moderno» de los años 90
que coloca bombas, mata y huye sin dejar rastros. El
terrorismo posguevarista es frío y brutal, como
los autobombas frente a la embajada israelí en Buenos
Aires, los atentados en Oklahoma y en el metro de Tokio.
El golpe del MRTA tiene un lado profundamente
romántico por eso causó tantas reacciones
románticas y solidarias entre los izquierdistas del
mundo. Es un romanticismo anacrónico y torpe, pero
indudablemente mucho más eficaz en cuanto al manejo de
las «relaciones públicas». La disputa sobre si se debe
llamar a los emerretistas «guerrilleros» como lo
hicieron la mayoría de los periodistas
internacionales o «terroristas» como lo hicieron
los peruanos se debe a esa característica
romántica del golpe de la residencia. Mostrando un
lado romántico, humano el amor de Néstor
Cerpa a su mujer, las chicas viendo telenovelas cuando
todavía había luz en el edificio, los rebeldes
jugando fulbito el MRTA obtuvo la victoria
propagandística. Con la eficiencia y el
profesionalismo de la operación de rescate por parte
del ejército peruano, el gobierno despertó
cierta admiración y mostró su capacidad de
funcionar en momentos de emergencia. Pero Néstor Cerpa
se llevó la victoria propagandística tal
vez por eso Fujimori lo odiaba tanto.
2. El presidente Alberto Fujimori
Hasta el final, la crisis de los rehenes parecía como
un duelo personal entre Fujimori y Néstor Cerpa. Con
la toma de la residencia, el presidente cuyo
carácter y formación tiene un ladojaponés «perdió la cara» ante todo el
mundo y especialmente ante los japoneses. La vergenza no
podía ser mayor para un presidente que fue recibido
por el emperador Akihito, que había sido objeto de
todos los honores que el gobierno japonés puede
ofrecer a un jefe de Estado. Cerpa asestó un golpe
casi mortal a Fujimori. Para Fujimori la única manera
de recuperar la cara parecía ser la muerte de su
enemigo Cerpa y la liberación de todos los
rehenes, especialmente de los japoneses. Yo creo que Fujimori
nunca quiso una solución negociada, eso no va con su
carácter. Fujimori odia cualquier tipo de
negociación, tanto con partidos políticos como
con terroristas. El error estratégico de Cerpa fue no
entender esa característica de Fujimori. Desde el
comienzo sólo había dos opciones para Cerpa:
desistir de todas las demandas y salir para Cuba o morir en
un rescate violento.
Como la crisis había cobrado la característica
de un duelo personal entre Fujimori y Cerpa, el presidente
aceptó las reglas del MRTA para sí mismo: morir
o vencer. Esa es la mayor diferencia entre Fujimori y
cualquier otro jefe de Estado en el mundo. En ningún
país del mundo un presidente hubiera permitido la
personalización de un conflicto que en el fondo es
político. En vez de dejar el manejo de la crisis a las
fuerzas de seguridad, Fujimori mismo comandó el
rescate. Eso ilustra muy bien el carácter y los
riesgos del gobierno de Fujimori. El presidente gobierna el
país como su empresa particular. Eso solamente puede
funcionar porque las instituciones del país son muy
frágiles. Pero el país necesita una
institucionalidad para resolver sus problemas y las crisis
que enfrenta. Con Fujimori el riesgo es cada vez mayor de que
el próximo cambio de poder sea una experiencia
traumática, porque no hay instituciones que funcionen
independientemente.
3. Las fuerzas de seguridad>
Todos los expertos coinciden en que el General Hermoza y
Vladimiro Montesinos ganaron mucha influencia con el rescate
exitoso de los rehenes. La importancia y la figuración
que alcanzó especialmente Montesinos en la prensa,
ilustra cómo este gobierno funciona centralizando sus
decisiones entre un pequeño grupo de «amigos». No hay
transparencia en las decisiones ni un control eficiente por
parte de las instituciones. Por eso las intrigas personales
entre los asesores del presidente y los militares se
convierten en una cuestión de Estado. Van a aparecer
nuevos conflictos dentro del ejército y las fuerzas de
seguridad, y a Fujimori le va a costar cada vez más
caro apagar estos incendios. El gobierno de Fujimori funciona
en base a la confianza personal y no institucional, con los
riesgos ya mencionados.
| * Corresponsal para América Latina del prestigioso
semanario alemán Der Spiegel. | 
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