Hay momentos intensos en nuestra vida en los que nuestras
ideas, nuestras reacciones, nuestros sentimientos, se
acentúan con fuerza y apenas los podemos expresar. Los
amigos de DESCO me piden que escriba unas líneas
después de la experiencia que todos hemos vivido en
estos largos cuatro meses. Afectado todavía por el
agotamiento, la tensión, y la alegría de volver
a respirar libre, escribo con sencillez esta nota.
Una pregunta que nos hacemos tras el desenlace del 22 de
abril, es cuál es la agenda para cada uno de nosotros
y para el conjunto del país.
Creo que para responder esta pregunta hay que situarse en el
16 de diciembre de 1996. Preguntarnos cómo
estábamos entonces o cómo creíamos
estar, y ver cómo estamos ahora a fines de abril de
1997.
Podemos pensar en la felicidad de haber superado un duro
trance: estamos con vida. A la par, nos duele mucho haber
perdido a un amigo, el doctor Carlos Giusti. Setentiún
personas se han vuelto a reunir con sus familias. Pero han
muerto dos valientes oficiales en una operación que
fue un ejemplo de preparación y de coraje de la que
estamos agradecidos. Estamos aliviados porque se ha producido
una victoria. Pero han perecido también 14 personas
del MRTA, algo que yo y muchos lamentamos porque se trata de
vidas humanas, de hermanos terriblemente equivocados que
hicieron sufrir mucho al país y que se sacrificaron en
un torpe fanatismo.
¿Un país pacificado?
He oído decir que ahora el Perú ya está
en paz. Me parece que habría que pensar un poco
más antes de afirmar eso.
¿Estábamos en paz el 16 de diciembre de 1996?
¿Empezó el problema el 16 de diciembre de 1996?
Habiéndose resuelto el problema de la forma como se
resolvió, ¿ya se acabaron los problemas?,
¿está el Perú en paz? No creo que
ésa sea toda la verdad.
El 17 de diciembre empezó para nosotros una
experiencia tremenda. Damos gracias a Dios que haya
concluido, así como a las personas que nos ayudaron a
que esto terminara. Pero, ¿por qué
sucedió? ¿qué debemos hacer para que no
vuelva a ocurrir?
El Perú tiene problemas culturales,
económicos, sociales, políticos que son
muy hondos, que arrancan de muy atrás. No somos el
único país con problemas, pero los nuestros son
particularmente difíciles.
También contamos con recursos y posibilidades,
así como con gente muy valiosa que va sacando adelante
al país. Esto quizás podía hacernos
pensar el 16 de diciembre del año pasado que las cosas
andaban mejor de lo que creíamos.
Hemos abierto los ojos respecto a que la profunda crisis
nacional que tenemos en las últimas décadas no
es sólo cuestión del fanatismo de unos
cuantos.
Los problemas sociales y las soluciones a éstos,
siendo objeto de responsabilidades personales, siguen al
mismo tiempo normas y condicionantes más colectivos.
Los genios, los santos, los criminales, no surgen por
casualidad o de manera aislada. Su mérito y su culpa
personales y todos tenemos algo de bueno y algo de
malo se ubican en el contexto colectivo, social. Hay
pues mucho que examinar individual y colectivamente en lo que
sucede en nuestra patria.
En el Perú la situación económica sigue
siendo muy preocupante. Lo digo como economista. Sin embargo,
si me preguntaran en qué hemos avanzado más a
partir de 1990, respondería que en lo
económico.
Pero hemos avanzado muy poco en lo social y lo
político. En esos ámbitos no hay grandes
resultados que nos animen. Asimismo, en lo religioso, que
para mí tiene mucha importancia y que considero muy
ligado a todo lo anterior.
En el plano económico no sólo existen muy
graves problemas de desequilibrio externo, tanto en el
arreglo de la deuda que felizmente se ha iniciado pero
que va a ser muy oneroso para el país como en el
del comercio exterior, donde hay un déficit que no veo
cómo vamos a superar a no ser que el gobierno y todos
los peruanos hagamos un esfuerzo muy grande por elevar las
exportaciones.
Sé lo dolorosa y difícil que es la
distribución del ingreso. Casi la mitad de los
peruanos se encuentran todavía en situación de
pobreza, y un alto porcentaje está en estado de
extrema pobreza. Sin embargo, y con todo esto que es
gravísimo, en lo económico hemos mejorado
más que en otros campos.
¿Cómo estamos los peruanos en nuestras relaciones
sociales? ¿Cómo estamos en nuestro aprecio y
respeto por los demás? ¿Hemos avanzado en el
entendimiento, en el diálogo y la unión entre
diversos sectores y regiones del país?
Tal vez con el ordenamiento económico hemos acentuado
el individualismo, el «sálvese quien pueda». Acaso nos
hemos deshumanizado más de lo que ya estábamos
en décadas anteriores.
En lo cultural, ¿afirmamos nuestros valores al mismo
tiempo que asimilamos los valores que vienen del exterior, o
estamos perdiendo identidad, estamos perdiendo confianza en
nosotros mismos, estamos perdiendo idealismo?
En lo político, ¿estamos yendo hacia una
verdadera democracia o estamos más bien estancados en
una visión vertical de los problemas?
Ahora se pide al Estado que no intervenga en lo
económico porque el mercado habrá de resolverlo
todo. Pero es que hoy por hoy el Estado tiene ausencias tan
clamorosas como lo fueron las presencias equivocadas y
excesivas de otras épocas.
¿Hay verdadera participación en las decisiones de
gobierno? ¿Hay consolidación de las instituciones
básicas del país? Mucho se habla de que los
partidos están en crisis: ¿cuándo vamos a
salir de ésta? ¿Se puede gobernar un país
con un vacío de instituciones? Esto me preocupa
más que las serias dificultades estrictamente
económicas.
Los triunfalismos sobran
Parece que no éramos plenamente conscientes de estos
problemas y fue entonces, en la amable celebración del
día del emperador de un país amigo, que un
bombazo y una ocupación a balazos nos
sacudió.
Sabemos muy bien todo lo que esto ha significado a lo largo
de más de cuatro meses. Al final no se ha producido
aquella solución pacífica que todos
hubiéramos deseado sino una victoria armada con
pérdida de vidas humanas.
Estamos aliviados porque el problema concreto ha terminado.
Reitero mi reconocimiento a quienes lo hicieron posible. La
solución pacífica era nuestro ideal, pero fue
imposible lograrla.
Se podrá criticar al gobierno por no haber sido lo
suficientemente flexible, pero pienso que no podía ni
debía aceptar exigencias que atentaban contra todo
derecho. La solución pacífica exigía
ante todo que el MRTA retirara esas demandas.
Esperábamos un milagro que desgraciadamente no se
produjo. Agradezco a Dios y a nuestras heroicas fuerzas
especiales por rescatarnos.
Podemos celebrar la victoria, pero no nos engañemos
con falsos triunfalismos, muy explicables pero ilusorios. No
pensemos que con esta victoria se han resuelto los problemas.
Queda mucho por hacer. Precisamente construir un Perú
más humano, ordenado, en armonía y paz.
Preocupaciones
Sería lamentable que con ocasión de esta dura
prueba y del éxito de la operación militar se
pretendiera conseguir objetivos políticos estrechos.
Sean de crítica sobre la falta de seguridad, la forma
de conducir las negociaciones y la manera de concluir la
crisis, o sean para obtener ventajas en una forma que
sería ofensiva para quienes ofrendaron sus vidas para
que saliéramos libres.
No caigamos otra vez en ese individualismo, en la
división que tanto daño hace al Perú,
cuando precisamente se trata de construir una nación,
de hacer una patria entre todos.
El respeto a las personas, a la libertad y a la vida deben
mantenerse a toda costa.
Creo que sólo puede apreciar la libertad el que alguna
vez ha estado cautivo. Nosotros estuvimos así unos
días o unos meses, y sentíamos el apoyo y el
aprecio que desde el exterior de la residencia nos daban
nuestros amigos y todo el país. Pienso en los
centenares de peruanos que están sin libertad
injustamente acusados de terrorismo, y llevan así
varios años. Hay que acelerar la revisión de
esos juicios y corregir esos errores, para avanzar de verdad
en la pacificación del país. Junto con esto, un
ordenamiento social verdaderamente democrático, un
esfuerzo por ofrecer oportunidades de desarrollo a todas las
personas y a todas las regiones del país, y el respeto
a nuestras instituciones y su consolidación.
Solamente así se construye país, solamente
así puede haber justicia y paz.
Una agenda
De aquí en adelante la tarea de cada uno depende
esencialmente no sólo de su compromiso de
acción, de su decisión de actuar, sino de sus
posibilidades profesionales, de su ocupación, y de la
unión que cada uno logre con quienes tienen esos
propósitos.
Estos cuatro largos meses me han hecho reflexionar sobre mi
condición de sacerdote y de académico. Me he
propuesto, en el tiempo que me quede de vida, hacer las cosas
mejor que antes. En mi caso la agenda concreta, en mi trabajo
en la universidad, en la labor con mis alumnos, con mis
colegas profesores y con todos los dirigentes con los que
trabajamos en el país, consiste en lograr que nuestra
reflexión sea un poco más realista, seria,
objetiva y profunda. Que no creamos fácilmente en
apariencias halagadoras que no nos revelan la realidad del
país. La investigación socioeconómica es
importante, pero no podemos hacerla solamente desde un
enfoque economicista sino desde un punto de vista humano,
social y político.
Como hombre de Iglesia creo que es importante que toda la
Iglesia en el Perú es decir, no sólo la
jerarquía y el clero, sino todos los creyentes
cumpla de mejor modo su función.
La fe que tenemos los peruanos es profunda, y se ha puesto de
manifiesto en esta dura crisis, que nos ha unido más
con Dios, con nuestras familias, con los millones de peruanos
que izaron la bandera y elevaron sus oraciones al
Señor. Pero tiene que ser una fe más activa y
permanente, en cada uno y en todos nosotros. Cuando los
jóvenes del MRTA me pedían una estampa de la
Virgen, cuando seguían con admiración la misa
que celebrábamos, cuando me decían que era el
primer sacerdote con el que habían hablado, pienso que
en nuestro Perú hay sectores y regiones a los que la
Iglesia todavía no ha llegado.
Para la Iglesia es importante rescatar y mantener la
solidaridad que ha surgido con ocasión de esta crisis.
Me he quedado sorprendido de ver en mis compañeros de
cautiverio, en nuestras familias y en todo el país,
una respuesta que no sospechábamos. Ha sido
increíble cómo no sólo los que
estábamos cautivos, sino todos, se han sentido
afectados, han querido ayudar y nos han dado el apoyo moral
que nos ha servido tanto. Esto no debe ahora
desvanecerse.
Queda por delante una tarea por la justicia y por la paz y
queda para la Iglesia el fomentar más la unión
y la responsabilidad social que tenemos.
| * Sacerdote jesuita, economista. Es profesor de la
Universidad del Pacífico, de cuyo Centro de
Investigación (CIUP) fue director. Fue uno de los
rehenes en la residencia del embajador de Japón.
Liberado por sus captores a los cinco días de la
toma de la misma, prefirió permanecer junto a los
demás cautivos hasta el final de la
crisis. |
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