¿Sigue vigente el debate
sobre Arguedas y el indigenismo? El polémico libro de
Vargas Llosa es sometido ahora a un debate intergeneracional
por Rocío Silva Santisteban, que entrevistó por
correo electrónico a William Rowe y en persona a
Carmen Ollé, Miguel Angel Huamán, Iván
Thays, Guillermo Nugent, Daniel del Castillo, Patricia Oliart
y Alonso Cueto. ¿Qué piensan todos ellos?
Encuentro de zorros
Rocío Silva Santisteban
Sin la resonancia internacional que ha tenido la
publicación de su última novela, Los cuadernos
de don Rigoberto, Mario Vargas Llosa publicó el
año pasado, con el sello del Fondo de Cultura
Económica, un libro de ensayos centrado en la obra de
José María Arguedas: La utopía arcaica.
El libro, cuyo contenido impulsa desde el texto de la
contratapa a una ardorosa polémica, fue recibido con
cierta aparente tibieza. Impelidos por esta inexplicable
quietud, resolvimos poner negro sobre blanco el debate que se
oía como un rumor creciente en los pasillos
universitarios. éste es el resultado de una primera
pesquisa que renueva una vieja polémica y enfrenta
cara a cara a dos de nuestros más importantes
escritores.
Vargas Llosa escribe con calma y un excelente manejo de la
prosa; no se perturba, apunta siempre a un solo blanco y
regresa muchas veces sobre el mismo tema, un retorno en
ascenso y descenso, esa técnica que Kundera
también utiliza en sus novelas y que es original de
las estructuras sinfónicas.
El propósito de este estilo es poner en evidencia al
lector algo que el autor quiere remarcar. En este caso se
trata de su propia poética. Mario Vargas Llosa
analiza, a la luz de la biografía, pero sobre todo de
sus propias propuestas estéticoliterarias, la
obra completa de José María Arguedas, y
concluye que su narrativa en conjunto es «una hermosa
mentira» a la que califica como utopía arcaica,
«porque surge de las cenizas de esta sociedad arcaica, rural,
tradicional, mágica (folclórica en el sentido
mejor de la palabra)».
Utopía arcaica que fuera iniciada por los escritos del
Inca Garcilaso de la Vega þnuestro primer escritor escindidoþ
y retomada por los intelectuales del movimiento indigenista,
con Luis E. Valcárcel como furibundo exponente a un
lado y Uriel García como moderado participante al
otro.
Este concepto, la utopía arcaica, se
alimentaría «de inspiración y de fe, pues es
religiosa, mítica, poética... Está
hecha de creencias simples e indemostrables, como el
andinismo: que los Andes, por sus características
geográficas y culturales, representan una forma
más profunda y auténtica de humanidad que los
desiertos y valles de la costa...».
Pero también está construida por otros dos
elementos inseparables del primero: «el agrarismo y el
arcaísmo: la antigedad es virtud, como lo es el
campo, en tanto que la modernidad y la urbe significan vicio
y decadencia».
éste sería el punto de partida de todas las
obras ficcionales y no ficcionales de Arguedas, y es por esta
misma razón, sostiene Vargas Llosa, que este indio del
universo arguediano es ficticio, no sólo por formar
parte de esta hermosa mentira sino porque Arguedas era en sus
fueros más internos «un conservador, un ecólogo
cultural» que pretendía mantener al indio
incontaminado de los vicios de la modernidad, como
serían, entre otros, el amor al dinero y el
afán competitivo. «Que, en nombre del progreso, se
destruyera la realidad cultural india, era inaceptable para
Arguedas, y en su obra uno puede seguir las alternativas de
este conflicto» tanto como en sus testimonios; por ejemplo,
en ese debate llevado a cabo en el Instituto de Estudios
Peruanos el 23 de junio de 1965.
Es justamente en esta mesa redonda que Arguedas intenta, con
pasión y desgarramiento, conjugar la modernidad con la
tradición cultural andina. Sostiene con vehemencia que
«la gran ambición del libro (Todas las sangres) fue
justamente mostrar esa multiplicidad de concepciones,
según los grados de aproximación de un mundo en
furor...», y niega rotundamente que exista una diferencia
insoslayable entre la concepción mágica,
animista, del mundo andino y la visión racionalista;
se trataría más bien de «la fase de una
dialéctica».
De alguna manera Vargas Llosa retoma por este lado las
contradicciones que emanan de Todas las sangres þ«su mayor
derrota»þ para entender esta dialéctica propuesta por
Arguedas y retomar, un poco a pesar de sí mismo, la
idea en el análisis de El zorro de arriba y el zorro
de abajo, ese descenso al infierno, a la inmundicia y al
barro que preludia lo que termina por calificar como la
cultura chicha, y que a pesar de sus defectos, su
fragmentación y sus deficiencias «y curiosamente en
parte debido a ellas, se lee con la intranquilidad que
provocan las ficciones logradas... porque... es una
dramática reflexión sobre los sufrimientos del
Perú...».
Pero este libro que nos convoca no termina en la historia de
Arguedas; continúa más acá, en la
historia del otro escritor que de alguna manera sigue
padeciendo «su país». Si, como él dice,
sometemos La utopía arcaica a «ese laborioso homicidio
que llaman análisis textual», podríamos
entender mucho de los demonios de Vargas Llosa, quizá
más que los del propio Arguedas.
Cuando, por ejemplo, se trata de comprender la angustia de
Arguedas, Vargas Llosa de alguna manera se refiere a su
propia angustia. Esa angustia «acumulada a lo largo de toda
una vida... en la que sus problemas privados se mezclaban con
los traumas y conflictos de la sociedad peruana. En ellos (en
los textos) lo escuchamos frágil y sin esperanza, al
borde del abismo, pidiendo a sus compatriotas, por medio de
gestos contradictorios, afecto, reconocimiento,
comprensión». Más allá de la
contextualización «abismal», ¿no son estas
reflexiones pertinentes para su propia trayectoria?
¿Acaso el mismo Vargas Llosa no combinó sus
propias confesiones personales con su visión
desencantada de la política peruana en El pez en el
agua? ¿No era ese libro un punto de escisión con
la tierra que abandonó? ¿Acaso por medio de
gestos extremadamente contradictorios, como son su
nacionalización como español y la
dedicación de un libro al otro gran escritor peruano,
no reclama de sus compatriotas reconocimiento, afecto, comprensión?
No son preguntas que se puedan contestar. En todo caso, no
deja de ser curioso que la estructura de La utopía
arcaica se proponga en paralelo, similar a la de La
tía Julia y el escribidor y a la de El pez en el agua,
alternando capítulos de análisis textual con
otros de estudio biográfico.
Esta preferencia por el planteo de la trama y la urdimbre del
texto dice también del escritor que la usa: escindido,
dividido, mitad y mitad en un mundo que es Uno y Otro, entre
el mundo que no comprende y que le fascina y el otro que
entiende pero del cual reniega.
Si Arguedas es el escritor de «arriba», dividido por su
pertenencia a ambos mundos del Perú, Vargas Llosa es
el escritor de «abajo», escindido y desarraigado por sus
sentimientos encontrados con ésta su Patria Tierra.
A propósito de «La utopía arcaica»
William Rowe
Latinoamericanista, especialista en la obra de Arguedas,
profesor de la Universidad de Londres.
Vargas Llosa adopta para el análisis de la obra
de Arguedas la premisa de que el indigenismo fue una
utopía arcaizante y antimoderna, así como que
el indio, protagonista de su historia, «una hermosa mentira»,
en tanto que la construcción arguediana es una
ficción. ¿Considera usted que el indio de
Arguedas es una construcción? ¿Cuáles
serían las aristas de esta construcción?
La pregunta está mal formulada: el libro de MVLl
se escribe como una historia (vale decir,
historiografía) verdadera del Perú del siglo
XX. Es tanto una construcción como los libros de
Arguedas. Lo importante es que MVLl privilegia el discurso
historiográfico/crítico (ver la
dedicación del libro a Porras) sobre el de la
literatura. Allá él.
Lo que sí habría que preguntar es por
qué hace así. Además, JMA nunca fue
indigenista. Primero, porque se propuso investigar la
realidad peruana no desde un esquema bipolar sino desde voces
y perspectivas múltiples. Su obra es múltiple
de narrador, poeta y antropólogo, y sus
diferentes aspectos se nutren mutuamente. Segundo, porque
utiliza tradiciones estéticas andinas. Tercero, porque
Arguedas inventó una nueva poética.
La obra de MVLl es efectivamente indigenista o neoindigenista
(Lituma en los Andes), o una parodia del indigenismo
(Historia de Mayta).
No hay, en la obra de JMA, tal cosa como «la idea del indio»;
hay diversos grupos andinos y costeños
(terratenientes, mestizos, cholos, inmigrantes, indios de
hacienda, indios de comunidad, obreros, prostitutas,
comerciantes, ingenieros, dueños de empresas),
diversas geografías, diversas relaciones con la
tierra, el dinero y el trabajo.
Lo que ofrece MVLl es una lectura pobre de la obra de JMA.
Deriva de ella una ideología cosa que sólo
hacen la historiografía y la crítica literaria
arcaicas. La fuerza de la obra literaria de JMA no reside en
ninguna ideología, sino en la poderosa
invención de lenguajes y formas y en su efecto
visionario.
MVLl insiste en leer la obra de JMA desde una
selección estrecha de la literatura occidental.
Allá él. Por eso su libro tiene poco que ver
con la sensibilidad de los muchos lectores que JMA ha
encontrado en el Perú. El zorro... no es un fracaso
sino una novela compleja cuyas técnicas surgen de un
cruce de tiempos y tradiciones.
La modernidad de MVLl es homogeneizante. La de JMA es
multitemporal: su obra literaria transita entre lo moderno y
lo nomoderno y maneja, simultáneamente, formas
semióticas de ambos mundos. En esto, se parece a
ciertas grandes obras de la literatura.
La vieja polémica sobre la realidad y la
ficción parece despertar de su sueño. ¿En
qué medida este discurso que es lo literario puede ser
tan válido de asumir como documento?
También está mal formulada la pregunta.
«Documento» presupone un determinado proceso público
de verificación, que se apoya en determinadas
instituciones. La obra de Arguedas replantea la memoria
social, ensambla nuevos espacios en que lo no dicho de la
historia peruana puede decirse.
Asimismo, el significado de «lo literario» depende de
determinadas instituciones. JMA rompió con las
características dominantes de la literatura peruana.
El caso de MVLl, como narrador y crítico, no es
así. ¿Sería ésta una de las razones
por las que escribe sobre JMA con tanta prolijidad y tan poca
simpatía?
El neoliberalismo como utopía
Carmen Ollé
Escritora. Directora del Centro de Documentación de la
Mujer.
* En cuanto a la arbitrariedad que señala Vargas
Llosa, me parece que él se refiere a la
intención de los escritores indigenistas de
reivindicar una imagen idealizada, pura, del indio. De hecho,
hay pocos escritores que conozcan tan bien como Arguedas, y
desde la propia experiencia, el mundo andino.
Lo importante es que el Ernesto de Los ríos profundos
representa un tipo humano, como lo es también Emma
Bovary, para citar un personaje querido por Vargas Llosa. La
desconfianza de Vargas Llosa frente al indigenismo tiene que
ver con la ideología marxista que había en la
base de esta tendencia, más que con la ficción
narrativa.
* A lo largo de sus libros þpienso especialmente en Contra
viento y mareaþ Vargas Llosa dice que el escritor debe
permanecer vigilante y permanentemente alerta ante la
realidad del país. Es su conciencia crítica.
Defiende también la libertad del individuo y,
paralelamente, rechaza el totalitarismo y la censura. Pero la
defensa que hace del neoliberalismo es exagerada, pues
presenta sus bondades sin ver nada negativo. Se trata, por
cierto, de una visión utópica: él
actúa como un vocero, como un profeta neoliberal,
cuando ahora el modelo económico es puesto en
cuestión, incluso por sus mismos gestores y
beneficiarios.
* El debate entre tradición y modernidad es muy
ambiguo. Cuando, en Contra viento y marea, Vargas Llosa se
refiere a Camus y lo defiende por enfrentarse al
totalitarismo, él destaca en el autor de El extranjero
su calidad de escritor provinciano, argelino. Mientras que en
la polémica entre Arguedas y Cortázar, que
resucita en su libro, no toma partido. Me da la
impresión de que al quedarse callado avala las
opiniones de Cortázar, pero también la de
Cabrera Infante, cuya cita sobre el suicidio de Arguedas es
repelente. ¿Por qué ponerla? El libro no la
necesitaba. El debate entre tradición y modernidad
tiene varios ejes. No sólo se trata de provincianismo
versus cosmopolitismo, sino también se refiere a la
oposición NorteSur, centros de podercentros
subordinados que intentan otros modos de ingresar a la alta
literatura. El hecho de que alguien se traslade de un polo a
otro no cambia nada.
La falacia biográfica
Miguel ángel Huamán
Crítico literario. Profesor de la Universidad de San
Marcos y de la Universidad de Lima.
* Para comenzar, se trata de un libro muy bien escrito, con
una intención muy seria de trabajo. Como todos los
grandes escritores, sus puntos de vista son siempre
enriquecedores.
Pero para mí se trata de una crítica
básicamente hermenéutica, sostenida en la
preocupación del hecho y del evento. Tratar de
explicar la literatura de Arguedas en función a una
poética, aquella propuesta por Vargas Llosa þla de los
demonios interiores, la literatura como mentiraþ es un
planteamiento muy antiguo que en sí mismo
también es una utopía. Su reflexión se
da a partir del quehacer, y es una reflexión
respetable. Pero a mí personalmente no me enriquece en
nada.
* Vargas Llosa critica la falacia referencial, es decir,
tomar el texto literario como un documento que da cuenta de
la realidad; pero habría que precisar que él
mismo está cayendo en esa falacia además de
caer en otra: la biográfica.
Vargas Llosa cree que las motivaciones e intencionalidades
del autor son suficientes y necesarias para explicar el
sentido de una obra; resulta entonces que cae en la trampa de
creer que eso es un documento histórico, cuando la
literatura es un juego, una gran alegoría, una
parodia.
* Este libro es una obra de ficción; hay una novela
silenciosa que se lee entre líneas. Al mismo tiempo,
no hay nada nuevo en relación con Arguedas y su obra:
ya todo estaba dicho. Podría resolver todo este libro
en la siguiente frase: «el paladín de la racionalidad
y de la civilización protesta porque no se le hace
caso».
* Los términos del debate en relación con el
indigenismo han cambiado. El carácter curioso de este
libro es que no entiende el Perú de hoy. éste
es un texto que se ha quedado en los setenta; la
contradicción modernidadtradición o
civilizaciónbarbarie ya se ha diluido. En el
fondo nuestro proceso cultural es mucho más rico,
mucho más interesante.
¿Dónde está lo arcaico? ¿Cuál
es la topología de lo arcaico? Es más arcaico
pretender que sólo a través del discurso
poéticoliterario aparecerá esa
contradición modernizante.
* Vargas Llosa no puede encorsetar a Arguedas desde su punto
de vista. él sostiene, por ejemplo, que Arguedas
rechaza de plano toda la modernidad; pero, ¿quién
dice que el mundo andino rechaza la modernidad? Una cosa es
convivir, sobrevivir, discutir con la modernidad, y otra cosa
es rechazarla. No es la única estrategia de una
cultura para sobrevivir; Vargas Llosa simplemente no entiende
estas estrategias, ni las ve. Su libro se basa en un
análisis de laboratorio, a partir de una
poética romántica, con una mirada
utópica sobre la racionalidad y la modernidad, sesgada
por un idealismo egocéntrico. Pero él tiene
toda la libertad de decir lo que quiera, porque,
independientemente de las metidas de pata, como es
ésta, seguirá siendo un gran escritor.
La recuperación de Arguedas como escritor
Iván Thays
Escritor
* Para mí el libro propone dos temas centrales con los
que estoy completamente de acuerdo. El primero es la idea de
decir que Arguedas es un escritor y que su literatura es
parte de una mentira y que se convirtió en verdad por
su fuerza literaria. Un escritor crea un mundo particular, y
ese mundo, si es realmente fuerte y vital, se vuelve
interesante y hasta real. Pero, claro, en el fondo es una
mentira encubierta y bien lograda. ésta es solamente
aplicaciones de las teorías de Vargas Llosa a la obra
de Arguedas.
Por otro lado, estoy de acuerdo con otra propuesta de Vargas
Llosa: que la identidad de la literatura peruana en general
no es andina, ni occidental; su identidad se funda en el
desarraigo. Arguedas es un desarraigado, quizá uno de
los más desarraigados entre los escritores peruanos, y
por eso creo que su obra es valiosísima, sobre todo
Los ríos profundos, donde esta condición se
hace más patente.
* El libro tiene dos partes: la que cuenta su vida y la que
analiza la obra. En cuestiones puntuales quizá yo no
estoy de acuerdo con ciertas interpretaciones de tal
personaje. Pero en general, sobre la tesis principal,
Arguedas como un desarraigado y como un ficcionador, estoy de
acuerdo.
* Para mí Vargas Llosa no es un científico sino
un escritor que opina sobre literatura y que tiene ideas
literarias muy arraigadas que ha querido comprobar en la obra
de Arguedas; por eso utiliza la biografía. En ese
sentido la obra cumple con su objetivo: demuestra lo que un
escritor puede pensar sobre otro escritor. Como
análisis de la obra arguediana, como crítico
literario, hay que tener más cautela. Por ejemplo,
cuando Nabokov habló sobre El Quijote le
pareció que no servía porque era una mezcla de
todo. Justamente lo mejor de El Quijote, su barroquismo, no
lo entendió. Pero eso no importa. Lo importante es que
Nabokov opine, que un escritor opine sobre otro escritor, que
Vargas Llosa opine sobre Arguedas. No se puede poner al nivel
de Cornejo Polar u otros críticos.
* La idea central es que la obra de Arguedas parte de una
hipótesis equivocada, pero muy productiva
literariamente hablando. Lo que dice Vargas Llosa es que
Arguedas tenía ideas equivocadas con respecto al
indio, y que de eso hizo una obra estupenda. Pero
sociológicamente hablando hay que ponerla entre
comillas. Puede ser un ataque a Arguedas, pero desde una
perspectiva sociologizante; desde el punto de vista literario
nos ha devuelto a un Arguedas novelista.
¿He sido peruano en vano?
José Guillermo Nugent
Historiador. Sociólogo. Profesor de la Universidad de
Ciencias Aplicadas. >
* El libro tiene dos características: la primera es
que, efectivamente, se trata de un estudio en detalle de la
obra de Arguedas, y en este sentido es una
contribución. Al mismo tiempo, si uno toma por
comparación El pez en el agua, es un libro con menos
«mala leche». Más sereno, si el término
cabe.
* Vargas Llosa escribe este libro a la misma edad que
tenía Arguedas cuando se suicidó, a los 59
años. En ese sentido, cada autor tiene una cita con su
propio destino: él está muy obsesionado por el
tema de cómo lo que escribió Arguedas
ganó verosimilitud porque se suicidó.
Y esto puede ser interesante, porque en La orgía
perpetua Vargas Llosa narra un intento de suicidio que
él cometió y que no ha tenido mayores
consecuencias hermenéuticas para su obra:
ningún crítico de la obra vargasllosiana se va
a ocupar de este intento que, tengo entendido, lo
narró no en el momento de decir mentiras sino
verdades. Esto le da un matiz de especial sinceridad a los
puntos de vista de Vargas Llosa sobre Arguedas.
* El diálogo entre la contemporaneidad
cronológica que establece Vargas Llosa con Arguedas
corresponde a la necesidad de preguntarse a sí mismo
algunas cosas; parafraseando a Arguedas, una de ellas
sería: ¿he sido peruano en vano? Yo creo que
Vargas Llosa siente que ha sido peruano en vano.
Es algo, para empezar, injusto con él mismo, no
sólo por la historicidad biográfica sino porque
efectivamente la propia organización de los
sentimientos que Vargas Llosa muestra en sus novelas es
bastante peruana: toda esta persistencia en el resentimiento,
por ejemplo. Bastaría comparar a Vargas Llosa con otro
célebre resentido latinoamericano, Cabrera Infante,
para darnos cuenta de que es de otro estilo: Cabrera Infante
es prácticamente enemigo de toda lucidez.
El caso de Vargas Llosa es diferente: él mismo es un
tipo articulado, que en lo absoluto se enceguece. En este
libro, por ejemplo, hay una discrepancia permanente con
Arguedas pero marcado por un básico respeto a su obra.
* Vargas Llosa no puede entender hasta ahora cómo un
escritor regionalista, primitivo, arcaico, indigenista, puede
sin embargo ser muy querido y a la vez tener éxito
como hito literario. Vargas Llosa es una persona que suscita
admiración en sus lectores, pero no cariño.
Arguedas es el tipo de novelista que lleva al lector a
preguntarse cómo es la persona que escribió
esas palabras. En cambio, cuando Vargas Llosa ha querido
contar cómo es la persona, cuando ha narrado su
intento frustrado de suicidio, pasa desapercibido.
* No me quedó muy clara la problemática
distinción que hace entre ficción y realidad en
su trabajo, porque, por un lado, él menciona
constantemente que Arguedas hace ficción en sus
novelas, pero, por otro lado, es sumamente pegado a la
realidad al momento de analizar la propia biografía de
Arguedas; además, me parece que da por sentado que
sólo hay una manera de entender la biografía de
Arguedas, cuando podrían haber muchas otras
interpretaciones. Así como se pueden escribir sobre un
mismo tema infinidad de novelas, sobre una misma vida caben
infinidad de biografías. Y yo sospecho que Vargas
Llosa supone que la suya es la única no solamente
válida sino también posible. Y ahí
sí veo una cierta rigidez en su razonamiento.
* Un detalle interesante en el libro es el uso de los
diminutivos, que aplica a palabras como serranito, cholito,
peruanito, huerfanito. Me da la impresión de que hay
un lado en el propio interior de Vargas Llosa que él
también lo percibe en diminutivo: no sabría
decir exactamente cuál. Creo que esta insistencia es
porque él quisiera demostrar a los lectores que no
tiene nada de serranito, ni de huerfanito, ni de cholito; y
probablemente tampoco de peruanito.
* Creo que hay un error crítico de Vargas Llosa cuando
se niega, con una ceguera atroz, a ver cómo en El
zorro de arriba y el zorro de abajo la mayor parte de las
hipótesis que plantea sobre Arguedas en este libro
pierden validez, particularmente aquélla según
la cual la sierra sería una arcadia de pureza y la
costa un mundo de podredumbre y decadencia. Porque en El
zorro... se muestra cómo en la costa estaba surgiendo
un mundo completamente diferente.
* Lo que me ha intrigado es esa obsesiva minuciosidad para
describir los últimos meses de la vida de Arguedas,
con detalles que me parecían de una belleza literaria
pero sobre los cuales me quedaba una duda realista:
cómo los supo. Por ejemplo cuando afirma que Arguedas
se suicidó delante de un espejo. Creo que al escribir
este libro Vargas Llosa ha estado queriendo terminar con una
época suya. Este libro es un balance y una
liquidación.
Un gran cariño por Arguedas
Daniel del Castillo
Sociólogo. Profesor de la Universidad
Católica.
* Creo que en este libro Vargas Llosa trata con cariño
a Arguedas, a pesar de que por ratos es muy duro. Inclusive
señala que en su literatura se muestra su lado
resentido; lo acusa de utilizar sus propias confesiones para
crear determinados efectos. Pero lo fundamental del libro lo
expone Vargas Llosa desde la primera página, y es esta
empatía con Arguedas. No es un libro que quiera
atacarlo, ni descalificarlo.
* La utopía arcaica es la continuación de la
polémica que Vargas Llosa tiene con los peruanos. En
el libro Vargas Llosa debate con la intelectualidad peruana
casi en su conjunto: debate con el socialismo, con los
izquierdismos, con la tradición indigenista.
Está escribiendo un ensayo construyendo una
argumentación que contiene vacíos, errores,
propuestas con las que no estoy de acuerdo; pero lo que
intenta es polemizar con los que vieron a Arguedas como un
abanderado de la verdadera realidad, de lo auténtico,
de «lo que es el Perú».
él refuta que esto sea el Perú. Sostiene
más bien que se trata de una construcción de
este autor que es muy bueno como escritor. Defiende a
Arguedas como escritor; lo cuestiona como ideólogo, lo
critica cuando quiere ser una figura pública. Pero
ésa es su visión y ése, creo, es un
defecto de Vargas Llosa: piensa que su profesión de
literato es el non plus ultra de la humanidad; que el
escritor se debe mantener purísimo, y que todo
escritor que traiciona esto está traicionando la
literatura.
* Vargas Llosa critica la recepción que se tuvo de la
obra arguediana þideológica, malinterpretada,
interesada, forzadaþ, pero además critica al propio
Arguedas por creer los argumentos de los que hablan por
él, de los que lo señalaban como el
representante de lo quechua, de lo andino, como el escritor
comprometido. Más bien cuando Arguedas escribe
maravillado, desgarrado, Vargas Llosa lo reivindica llamando
a su creación una ficción hermosa.
* El hilo conductor del libro es la biografía de
Arguedas, pero eso no significa que se trata de una falacia
biográfica. Lo biográfico es una
adjetivación, no una comprobación. No es
mecanicista al decir que toda su obra se explica desde sus
desgarramientos internos, psicológicos; si no no
estudiaría la tradición en la que se inscribe.
Yo creo que Vargas Llosa razona sobre el espacio del
escritor; en este espacio la biografía está
presente, evidentemente, pero también está
presente la historia, las ideas políticas, su propia
tradición.
* El indigenismo es un horizonte cultural que organizó
el debate peruano durante muchísimo tiempo. En estos
momentos está en disolución. Hablar de indios
es un anacronismo. Desde esa categoría no existen,
tampoco como conceptos para dar cuenta desde una esfera del
conocimiento. Lo que no quiere decir que no haya poblemas
étnicoculturales, ni que los migrantes de origen
campesino no se conflictúen con la realidad urbana que
sigue siendo en buena parte criolla. Por supuesto que sigue
existiendo marginación, desprecio étnico, pero
llamar contraposición blancoindio a esa
contradicción no sirve para el análisis.
En ese sentido, dentro de un análisis del horizonte
cultural actual, ciertos poetas como Romualdo, por ejemplo,
dejaron de estar vigentes; en ese sentido ni siquiera el
discurso de Velasco es vigente. En ese mismo sentido tampoco
Arguedas. Pero tiene vigencia en otros términos.
* La importancia del discurso de Arguedas reside no en la
comprensión del indio sino de lo andino. Ahí
sí no estoy de acuerdo con Vargas Llosa; para
él toda esa sensibilidad ha desaparecido. Eso no es
cierto. Yo sí creo que hay una emotividad, una
sensibilidad, una forma de entender la familia, una forma de
relacionarse con lo sagrado, de creer, de tener fe del
peruano que tiene fuertes rasgos de la cultura andina. A
muchas de esas cosas quizá podríamos acceder y
entender si supiéramos quechua. Arguedas es un
intérprete nuestro, es la persona que puede hablar con
nosotros y mostrar esa sensibilidad del andino que no podemos
entender porque no poseemos el lenguaje.
* Una reflexión sobre Arguedas empata perfectamente
dentro de la posmodernidad, pues se supone que la
posmodernidad implica el rechazo a racionalidades
únicas, lugares centrales desde donde entender el
mundo, respeto a las voces y sensibilidades particulares. La
realidad andina sigue siendo una realidad que el mundo
occidental se viene perdiendo.
Por otro lado, esta realidad andina tiene componentes a los
cuales sólo se puede acceder por intermedio de la
poesía y no del lenguaje específicamente
racional. Lo poético es el lenguaje que crea las
cosas; a partir de él los otros lenguajes se montan
encima. Hay determinados aspectos del mundo andino que de
repente sólo se pueden decir en términos de
literatura: mitos, símbolos, signos. Arguedas nos ha
servido, mediante su lenguaje poético, para acceder a
eso.
Desacralizando al ídolo
Patricia Oliart
Socióloga. Investigadora del Instituto de Estudios
Peruanos.
* La relación que ha tenido Vargas Llosa con el mundo
andino ha sido muy difícil y de mucha distancia. Me
parece bastante etnocéntrico negar la existencia de
algo porque no lo entiendes. El que para Vargas Llosa esta
construción sea mítica, mentirosa, no quiere
decir que lo indio no haya existido, o que aquellos que lo
quisieron ver no hayan tenido una base para
inventárselo de esa manera. Es cierto que hubo mucho
romanticismo dentro del movimiento indigenista, pero hay que
entender desde dónde Vargas Llosa sentencia esta
inexistencia de lo indio.
Vargas Llosa ha dicho que no entiende el mundo andino; que no
lo conoce y que se siente rechazado por éste. Su
vinculación con el Perú se ha entablado siempre
desde lo criollo.
* En todo este proceso de destrucción de una
utopía arcaica, Vargas Llosa lo que hace es no
perdonarse el haber sido alguna vez en su vida de izquierda.
En los últimos años ha sido muy consistente y
muy fuerte en la demolición de todos los canales,
actores, voces que sostienen la necesidad de un cambio, la
cuestión de la igualdad, la afirmación de una
utopía. él se ha encargado, casi obsesivamente,
de demoler, a través de su trabajo intelectual y
literario, toda posibilidad de utopía en general (La
guerra del fin del mundo es un ejemplo de ello). Para Vargas
Llosa no hay posibilidad de creer en una utopía si es
que razonas; la contrapone a cualquer tipo de pensamiento
inteligente y racional.
* Me parece que el libro está escrito con el formato
de un texto para una universidad americana, porque se trata
del examen académico de la obra de un escritor, pero
de paso desarrolla su polémica ideológica con
las propuestas que ven al Perú como un país
andino. Lo que le interesa a Vargas Llosa es entender al
Perú en una perspectiva moderna, racional,
democrática, y esto se entiende desde el mundo
occidental y cristiano. Arguedas es el escritor más
representativo de una propuesta diferente.
* Toda esta idea del mundo andino con una particularidad
cultural, le molesta profundamente a Vargas Llosa. Cuando le
preguntan sobre lo andino y el Perú, Vargas Llosa
siempre resalta que el Perú es una país
occidental, que lo andino es un epifenómeno, algo que
no nos define. Entonces que un escritor como Arguedas,
dedicado a esto, tenga un arraigo cultural, una imagen fuerte
y representatividad, tiene que ser para él por lo
menos incómodo. ¿Cómo derrumbas a un
ídolo así? Desacralizando desde la
razón. Yo creo que ésa es su estrategia.
Las utopías privadas permanecen
Alonso Cueto
Escritor
* La utopía arcaica me parece uno de los ensayos mejor
escritos, más audaces y mejor documentados sobre el
caso de Arguedas. Ensayo literario y valoración de un
movimiento cultural, también es una reflexión
sobre la evolución del concepto andino en la sociedad.
* Me parece que la utopía es una categoría de
reflexión en el Perú que se inicia con los
Comentarios reales del Inca Garcilaso (quien crea la
utopía incaica), y se prolonga en el siglo XIX con las
Tradiciones peruanas de Ricardo Palma (quien en cierto modo
crea la utopía virreinal). El pensamiento utopista
llegó incluso a acuñar una frase
coloquial: «Todo tiempo pasado fue mejor.» El indigenismo,
cuya expresión más compleja y hermosa es la
obra de Arguedas, traslada esta utopía al mundo andino
y la lleva al límite de su humanización en sus
novelas. El mismo Arguedas, sin embargo, rompe con la
tradición utopista en El zorro de arriba y el zorro de
abajo.
* Pero la novela antiutopista por naturaleza, la más
despiadadamente realista, la que clausura esa
tradición, es sin duda La ciudad y los perros. En la
literatura, hoy, la utopía social no es una
categoría. Permanecen, sin embargo, las utopías
privadas, y sobre ellas creo que se escriben las
novelas.
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