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Las repercusiones del crack de la bolsa de Hong Kong el pasado 23
de octubre, se han trasladado con mayor virulencia a los mercados
más alejados de la zona de origen de esta crisis.
Transcurrido el primer mes, Buenos Aires y Sao Paulo, con
pérdidas que bordean el 30%, han sido las plazas
más castigadas del mundo. Contrariamente, los mercados
bursátiles de Wall Street, Europa, Tokio, e inclusive el
de Hong Kong, o bien han logrado recuperarse, o no han
caído en tal magnitud.
Pero, ¿qué es lo que determina que las bolsas de
Argentina y Brasil sean las más castigadas?
Cuando a partir de junio los países del sudeste
asiático empiezan a devaluar sus monedas para hacer
más competitivas sus exportaciones, se genera una
depreciación de los activos inmobiliarios y del valor de
las empresas, lo cual tuvo como consecuencia el retiro de
importantes flujos de capitales que fueron canalizados
inicialmente a los mercados bursátiles de otros
países emergentes, fundamentalmente a Brasil þque recibe
el 40% de las inversiones de este tipo que se realizan en
América Latina- y Argentina. Muchos inversores
adquirieron, asimismo, bonos Brady.1
Mientras algunos países en América Latina
veían elevar las cotizaciones de sus mercados
bursátiles y las de sus bonos, la pérdida de
competitividad de las exportaciones de Hong Kong frente a las de
sus vecinos del sudeste asiático, dio lugar a presiones
sobre su moneda ante el temor de que se pudiera quebrar la
convertibilidad cambiaria entre el dólar de la isla y el
de Estados Unidos, vigente desde 1983. Se produce el crack
en la bolsa de Hong Kong, se generaliza el pánico, y los
inversores de todo el mundo se desprenden en forma masiva de
títulos y acciones de países emergentes del sudeste
asiático, y también de los de Brasil y Argentina, a
cambio de dinero fresco con el que adquieren bonos del Tesoro
norteamericano.
Es a partir de este momento que se empiezan a producir las
grandes pérdidas para Brasil y Argentina. El voluminoso
déficit fiscal de Brasil (4,5% del PBI) aparece como una
señal de alerta para los inversionistas extranjeros. Las
presiones sobre el real þque para muchos analistas tenía
una sobrevaluación entre el 15 y el 40% antes de la
crisis- no se hicieron esperar.
Por otro lado, los temores a una devaluación de la moneda
de Hong Kong son proyectados a la Argentina. Algunos operadores
trazan paralelos entre los esquemas de convertibilidad de ambos
países, los cuales tienen un régimen similar que
restringe la cantidad de moneda local en circulación a una
correspondencia total con las reservas en moneda extranjera. La
diferencia está en que Hong Kong no sólo no tiene
deuda, sino que además goza de superávit comercial
y fiscal. En cambio, Argentina no sólo tiene una deuda
externa de 100 000 millones de dólares (30% del PBI), sino
un déficit creciente del sector externo (cuenta corriente
de la balanza de pagos equivalente al 4% del PBI) y una brecha
fiscal que hasta ahora resultó imposible cerrar.
La crisis adquiere una dinámica propia en el
MERCOSUR
Para evitar una fuga de capitales, y con ello una
devaluación, el gobierno brasileño se vio obligado
a subir las tasas de interés en un 100%, después de
haber intervenido infructuosamente en el mercado para sostener la
paridad cambiaria, lo que le significó una pérdida
del 10% de sus reservas internacionales. Días más
tarde, anunciaba un plan de ajuste fiscal de imprevisibles
consecuencias para esta subregión. La inquietud de los
operadores locales de esta parte de América Latina por lo
que ocurre en Asia, pasaba así a un segundo plano, debido
al enigma respecto al tiempo que permanecerán vigentes las
actuales tasas de interés, y a cuál será el
futuro del real.
En poco tiempo, estas medidas económicas han deprimido
drásticamente las ganancias de las empresas -y, por lo
tanto, de sus acciones- al enfrentarse con menores ventas y un
creciente desequilibrio financiero que se manifiesta en un
incremento de deudas con los bancos. Estos hechos entrañan
el peligro de una cadena de quiebras en el más importante
comprador de bienes industriales de Argentina. La incertidumbre
por lo que vendrá, y el alto costo financiero, han
paralizado las compras a crédito, las cuales representan
el 67% del consumo en Brasil.
Como consecuencia de esta situación, en Argentina se ha
producido también una caída significativa de las
ventas en algunos rubros importantes, en especial en el sector
automotriz y en el de la construcción, este último
como resultado de una parálisis en las operaciones
inmobiliarias. Asimismo, se han visto afectados los planes de
producción de empresas que dependen fuertemente de sus
ventas a Brasil (electrodomésticos, lácteos, entre
otros).
A los efectos de la recesión que se producirá en
Brasil, y en menor medida en Argentina, se añade la
incertidumbre respecto a una devaluación del real. Las
altas tasas de interés retienen el capital externo, pero
agravan seriamente el problema fiscal por las elevadas sumas que
tienen que pagarse a los tenedores de títulos de la deuda
interna, que bordean los 200 000 mil millones de reales. Lo
más grave es que, de dicha suma, 66 000 millones
corresponden a vencimientos de corto plazo þhasta marzo- que
representan una suma superior a las reservas internacionales del
Brasil. Esto hace pensar a los tenedores de títulos de
dicha deuda, en la inminencia de una devaluación, porque
de esta manera se podría «licuar» este monto.
Sin devaluación, y con tasas de interés que
duplican las existentes antes del inicio de la crisis, se calcula
que en 4 o 5 meses los pagos por concepto de deuda interna se
habrán «comido» el paquete fiscal lanzado recientemente
por el gobierno brasileño, con el que se pretende generar
un ahorro de 18 000 millones de dólares.
Si bien el gobierno brasileño ha anunciado que
defenderá la paridad cambiaria «aunque tenga que destinar
el último dólar de sus reservas», si el país
sigue manteniendo este nivel tan elevado de las tasas de
interés, volverán a aparecer las presiones para
devaluar el real. Y esta vez será muy difícil
evitarla.
En lo que casi todos concuerdan es que una devaluación de
proporciones mayores en Brasil, pondría en riesgo la
continuidad del plan de convertibilidad en Argentina, que ya tuvo
su primer remezón con el «efecto Tequila», oportunidad en
que los depósitos de los bancos cayeron 20% en dos meses,
cerraron bancos, se aumentaron las tasas de interés,
cayó la actividad económica y se disparó la
desocupación. Esta vez, los mayores requisitos de
solvencia exigidos a los bancos y la creación de una red
de seguridad bancaria en este país -medidas que se
adoptaron después del «Tequila»- han mantenido la
confianza en los inversores y no se han producido retiros, aunque
sí un traslado de pesos a dólares en los
depósitos.
Ante este escenario, representantes de la industria argentina
plantean la necesidad de armar una negociación binacional
para pactar la forma y los resguardos regionales de un potencial
ajuste cambiario en Brasil. Algunos sostienen que una
devaluación «ordenada» del real no debería superar
el 15%, y estarían de acuerdo sólo si se realizara
simultáneamente un ajuste fiscal en el marco de un acuerdo
con el FMI y se permitiera que la industria argentina compensase
el desajuste con un aumento de los aranceles del 10%. Esto
significaría un grave retraso en el proceso de
integración del MERCOSUR, ya que el comercio de los
productos de los países miembros está exento de
aranceles.
Pero a diferencia de Argentina -que a pocos días de
iniciarse la crisis acordó con el FMI un conjunto de
medidas de contingencia (restricción del gasto
público, mayor impuesto a los combustibles, pago de deuda
externa con el producto de privatizaciones) para aplicar en forma
automática en caso de que aumente el desequilibrio fiscal
por la crisis internacional-, representantes del gobierno
brasileño han anunciado que no negociarán con esta
institución porque ello representa una «pérdida de
soberanía». Y «eso puede ser aceptable para algunos
países, pero no para todos».2
Son estos escenarios de recesión þen el mejor de los
casos- y de una probable devaluación en Brasil a cuyo
mercado Argentina destina el 30% de sus exportaciones- los
factores determinantes de la drástica caída de las
acciones en las empresas de ambos países.
El panorama para América Latina
Hasta aquí, se han visto los problemas que conciernen
directamente a Brasil y a Argentina por la estrecha
vinculación económica entre ambos. Pero estos dos
países sufrirán, además, los efectos de esta
primera crisis realmente global de los mercados
bursátiles, que muy probablemente alterará los
equilibrios comerciales y financieros mundiales.
El escenario para América Latina es desfavorable. A partir
de esta crisis, prestar a los países emergentes
será considerado más riesgoso. Y ese riesgo en el
mercado financiero internacional tiene un precio: el
spread, o sobretasa que deberán pagar gobiernos y
empresas para acceder a esos fondos. Los gobiernos deberán
pagar más caro los préstamos para financiar sus
déficits fiscales y los de la cuenta corriente de la
balanza de pagos. Por el llamado «efecto cascada», este
incremento se trasladará al ámbito del
financiamiento interno, lo cual desacelera el crecimiento
económico -y con ello la recaudación fiscal-,
creando así mayores necesidades de financiamiento
externo.3
Por otro lado, la reciente revaluación del dólar
frente a las monedas asiáticas y europeas restará
competitividad a las exportaciones latinoamericanas, cuyas
monedas están en mayor o menor medida atadas al
dólar. Estas tendrán que competir con la
producción asiática, que como resultado de las
devaluaciones realizadas se encuentran entre 30 y 40% más
baratas. Esta situación podría hacer resurgir
algunas medidas proteccionistas. De hecho, los países del
MERCOSUR han incrementado en 3% el Arancel Externo Común
(los que cobran a los productos provenientes de los países
que no son miembros), lo cual encarecerá las exportaciones
de sus vecinos Chile y Bolivia, que a pesar de no formar parte
del grupo mantienen importantes vínculos
comerciales.
Conclusión
Una vez más se ha puesto en evidencia que las experiencias
de crecimiento económico sustentadas fundamentalmente en
el financiamiento externo, tarde o temprano se vuelven
insostenibles. Si bien los capitales externos contribuyen a
financiar los déficits del sector externo y fiscal, la
economía queda muy expuesta al movimiento de estos
capitales. Cuando por diversos motivos salen abruptamente de un
país, generan graves desequilibrios.
En oportunidad de la devaluación del peso mexicano en
diciembre de 1994 y las consecuentes repercusiones de lo que se
denominó «efecto Tequila», el Director-Gerente del FMI,
Michel Camdessus, advirtió que «la crisis mexicana es la
primera que afecta a un país en desarrollo en el nuevo
contexto de globalización de los mercados financieros, por
lo que es preciso que todos los países asimilen esta
experiencia y se preparen para enfrentar situaciones
similares».
Esta vez, los más afectados en América Latina han
sido Brasil y Argentina, que financian sus altos déficits
con recursos externos, que fluyen a estas economías para
aprovechar las altas tasas de interés que prevalecen en
sus mercados, «embolsar» la diferencia con la vigente en sus
países de origen y aprovechar la estabilidad cambiaria
para retirarse nuevamente.
Notas
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