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1. El «efecto dragón» da inicio a la primera crisis
globalizada de las bolsas de valores a nivel mundial. En efecto,
las crisis anteriores surgían en la bolsa de un
país determinado y sus efectos se propagaban más o
menos rápidamente a los demás. Hoy en día,
la crisis asiática se extendió de inmediato a las
diferentes bolsas de valores en casi todo el mundo: Tokio, Nueva
York, Londres, Francfort, París, Sao Paulo, Buenos Aires,
etc.
2. Las razones de su rápida propagación tienen como
punto de partida el proceso de globalización productiva,
comercial y financiera que cobra auge en la década del 80,
apoyada en innovaciones tecnológicas en el sector
comunicaciones que inciden en todos los sectores mencionados, lo
que modifica casi por completo los procesos productivos y
comerciales de la época. Uno de los avances más
rápidos e importantes se ha dado en el campo de los
sistemas financieros, que por su propia naturaleza se adaptan
más rápidamente que los mercados de bienes al
cambiante entorno internacional.
3. La globalización financiera ha sido posible debido a la
casi total desregulación del sistema (es decir, el fin de
la regulación de la entrada y salida de capitales,
así como los controles de cambios por parte de los bancos
centrales). Este proceso se inició en Inglaterra, en 1986,
con la desregulación de la city de Londres (el
llamado big bang). Acto seguido, los demás
países desarrollados hicieron lo mismo. A fines de la
década del 80, ya se podía hablar de un mercado
financiero globalizado. Vale la pena resaltar que en los mercados
de divisas del mundo se mueven más de US$ 1,5 billones
(trillones en inglés) diarios (a modo de
comparación, la deuda externa total de América
Latina, acumulada en varias décadas, ascendió
«apenas» a US$ 607,000 millones en 1996). Es tan grande ese
mercado que el segundo en importancia, el mercado de bonos del
Tesoro de Estados Unidos, mueve «sólo» US$ 175,000
millones diarios, seguido del conjunto de las bolsas de valores
más importantes del mundo, con «solamente» US$ 42,000
millones diarios.
4. Los programas de estabilización y de reformas
estructurales impulsados por el FMI y el Banco Mundial
contribuyeron a abrir los mercados de otras regiones del mundo,
para integrarlos a la «globalización», con énfasis
en el mercado financiero. Hasta fines de la década del 80,
la apertura de la cuenta de capitales de la Balanza de Pagos no
formaba parte de las políticas de estos organismos. Sus
políticas se limitaban a plantear la apertura de la cuenta
corriente de la Balanza de Pagos, es decir, de la Balanza
Comercial y de los pagos de factores (en lo esencial, el pago de
la deuda externa) que la integran. Con la liberalización
cambiaria y la apertura de la cuenta de capitales, se
generalizó la libre entrada y salida de capitales, tanto
de corto como de largo plazo, propiciando una integración
instantánea de los mercados de capitales de todos los
países. 5. Las masivas entradas de capitales a los
«mercados emergentes» y a América Latina se incrementaron
fuertemente a finales de la década del 80 y,
fundamentalmente, en la década del 90. Fueron estos
capitales, en gran medida, los que financiaron las altas tasas de
crecimiento, vía el financiamiento del déficit de
cuenta corriente de la Balanza de Pagos. Según el FMI, en
Asia las entradas de capital privado se cuadruplicaron (por
concepto de privatizaciones, emisión de bonos y ADR's,
préstamos bancarios) pasando de US$ 23,000 millones en
1990 a US$ 104,000 millones en 1995; mientras que en
América Latina los flujos negativos de la década
del 80 se volvieron positivos y las entradas de capital pasaron
de -US$ 6,000 millones en 1989 a US$ 61,800 millones en 1995.
6. Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwan («los tigres
asiáticos») así como Malasia, Tailandia y
Filipinas (los «tigres bebé») han venido creciendo a tasas
superiores al 7 u 8% anual por períodos prolongados. En
comparación, la tasa de crecimiento de los países
de la OCDE ha sido de sólo el 2,5% anual, en promedio, en
los últimos años. Si bien la OCDE representa el 80%
de la producción mundial, el sudeste asiático
venía aumentando en importancia (más aún si
agregamos a China, país que viene creciendo a más
del 10% desde hace más de 10 años). En este
tablero, América Latina tiene una importancia secundaria;
por ejemplo, su tasa de crecimiento promedio para el periodo
1991-96 ha sido de 3,1% y su porcentaje de participación
en el comercio mundial apenas se acerca al 5%.
7. El enorme crecimiento de las economías del sudeste
asiático ha conducido a una sobreproducción en
distintas ramas del aparato productivo, ocasionando que las
empresas no puedan vender su producción y, por
consiguiente, no puedan pagar las deudas con el sistema
financiero. En Corea del Sur, más del 18% de las deudas
con los bancos son impagables y la cifra es sólo la punta
del iceberg (el artículo de Marco Kamiya en esta
edición tiene amplia información sobre este tema).
En Japón, a principios de mes quebró Sanyo
Securities, luego el banco Hokkaido Takushoku, seguido por
Hokkaido, el cuarto banco más importante de Japón,
con lo cual la confianza en el sistema financiero ha colapsado y
el gobierno está planteando «rescatar» el sistema mediante
la utilización de fondos públicos.
8. Las quiebras del aparato productivo y del sistema financiero
se trasladaron inmediatamente a las bolsas de valores en el
sudeste asiático, y de ahí -en un contexto
globalizado- a las bolsas más importantes del mundo. La
caída de las bolsas implica una pérdida de liquidez
que incide en la demanda de los consumidores, así como en
la disponibilidad de fondos para inversión. Según
The Economist, el crecimiento en el sudeste
asiático descenderá bruscamente (ver cuadro) y,
además, tendrá incidencia en el crecimiento
mundial: «como la región asiática era responsable
de los 2/3 del aumento del producto mundial del PBI desde 1990,
esta intempestiva recesión puede constituirse en una seria
amenaza para otras regiones. Por el momento no parece que
afectará mucho la tasa de crecimiento del 2,5% de los
países de la OCDE, pero sí afectará a otras
regiones en desarrollo» (29/11/97).
| 1997 | 1998 |
| Corea del Sur | 6 a 7% | - 1% |
| Tailandia | 6 a 7% | - 1% |
| Indonesia | 6% | 3% |
| Japón | 3% | 0,6% |
| China | 11% | 5 a 6% |
| Fuente: The Economist, 29/11/97 | | |
9. La crisis financiera del sudeste asiático
incidió directamente en la desconfianza hacia sus monedas
nacionales, generándose una «corrida» de dólares,
la puesta al descubierto de los enormes déficits de la
cuenta corriente de la Balanza de Pagos y la consecuente
devaluación de las monedas nacionales. En promedio, la
devaluación en la región es del 30%, lo que ha
abaratado los precios de las mercancías de estos
países y se prevé una exportación masiva de
éstas a nivel mundial, sobre todo a los países
industrializados y, también, a América Latina. En
contrapartida, se prevé una disminución de las
importaciones de estos países, lo que perjudicará
directamente a sus socios comerciales.
10. Para solucionar la crisis, se plantea ahora la puesta en
marcha de multimillonarios «paquetes de rescate», con la
condición sine qua non de que el FMI intervenga en
la formulación de las propuestas de
reestructuración. Los responsables gubernamentales de
Estados Unidos y los países europeos piensan que
ésta es la oportundidad de cambiar el «modelo» del sudeste
asiático, planteando el abandono del rol del Estado,
así como la apertura generalizada en todos los
ámbitos de la producción y el comercio, lo que
permitiría la penetración de empresas de
países de la OCDE en estos ámbitos. Los
países del sudeste asiático se oponen a estas
medidas y debe esperarse importantes forcejeos sobre este punto
en los próximos meses. La discusión toca
también a los países de América Latina, lo
que pudo apreciarse en una reciente reunión en Santiago,
donde Guillermo Perry, economista jefe del Banco Mundial (ver
entrevista en esta edición), afirmó que «de todos
modos América Latina debe seguir el modelo de desarrollo
del sudeste asiático. Ese modelo es el correcto. Es un
modelo de crecimiento basado en sus exportaciones y esa es la
receta fundamental» (Gestión, 2/12/97). La
discusión sobre la permanencia del modelo asiático
en los propios países asiáticos está, pues,
a la orden del día.
11. La crisis del sudeste asiático ha tenido un importante
impacto en América Latina (ver artículos de Ariela
Ruiz Caro y Carlos Heredia, en esta edición).
Esquemáticamente, puede afirmarse lo siguiente: los
inversionistas pondrán más atención en los
riesgos y no sólo en las oportunidades de negocios, lo que
puede llevar a una disminución de las masivas entradas de
capital características de la década del 90: «si
los inversionistas y los bancos sacan como conclusión que
es más seguro dejar su dinero en casa, las
economías en desarrollo sufrirán por los excesos de
los países asiáticos» (The Economist,
29/11/97).
12. Las economías de América Latina han recuperado
importantes niveles de crecimiento en la década del 90. Un
factor importante de esta recuperación ha sido la puesta
en marcha de reformas estructurales que han abierto y desregulado
los diferentes mercados (lo que incluye la privatización
de las empresas estatales), creando condiciones de rentabilidad
empresarial no vislumbradas en años anteriores. Esta
recuperación del crecimiento ha sido posible, vale la pena
volverlo a resaltar, por la masiva entrada de capitales externos
desde 1990, que permitió el financiamiento de los grandes
déficits de cuenta corriente de la Balanza de Pagos que el
modelo estimula (debido a la apertura comercial y el pago de la
deuda externa). En otras palabras, el modelo no se basa en el
ahorro interno sino en el externo. De ahí su fragilidad y
vulnerabilidad frente a los movimientos erráticos del
capital externo globalizado (a los que se les sigue llamando
«shocks externos», acepción que no refleja la realidad de
la globalización). La discusión sobre los
estímulos al ahorro interno, el control a la entrada de
capitales de corto plazo (que hacen vulnerables cuentas externas)
y, sobre todo, sobre el modelo de crecimiento y el rol de los
diferentes sectores del aparato productivo en el crecimiento
económico y de las exportaciones, está, pues, en la
orden del día.
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