|
Con el hallazgo de los restos de Ernesto Che Guevara, muerto
en 1967 a manos del ejército boliviano, la figura del
médico argentino que tuvo una decisiva
participación en la Revolución Cubana volvió
a cobrar actualidad; actualidad respaldada, además, por la
aparición de nuevos y reveladores estudios
biográficos de este personaje que se ha convertido,
qué duda cabe, en todo un icono. Uno de ellos es La
vida en rojo, de Jorge Castañeda, un libro agudo y
penetrante que, entre otras virtudes, nos brinda acceso a
diversas fuentes desconocidas hasta hoy y, por lo tanto, a una
imagen más completa y desapasionada del Che.
Quehacer conversó con su autor, quien estuvo de
paso por Lima como ponente invitado al importante evento «En el
umbral del milenio». Aquí el diálogo.
|
- ¿Cuándo oíste hablar por primera vez del
Che Guevara?
- Recuerdo haber visto una nota periodística
allá por 1966, en una revista mexicana que se llamaba
Tiempo. Yo tenía en ese entonces doce o trece
años. Era un artículo que se titulaba
«¿Dónde está el Che?» Por supuesto, yo no
tenía ni idea de Guevara, pero leyendo ese artículo
supe que Guevara había salido de Cuba en abril de 1965 y
que a partir de ahí nadie sabía donde
estaba.
- ¿Y cuándo llegas a saber quién era
realmente el Che?
- Cuando muere. Ahí tenía ya una idea un poco
más clara. Una amiga peruana de mi madre trajo a casa una
grabación del discurso de Fidel Castro en la velada
fúnebre que se organizó en Cuba, en octubre del 67.
En ese momento era prácticamente imposible no saber
quién era o había sido el Che. Tenía ya
catorce años.
- ¿Cómo surge la idea de escribir una
biografía de Guevara? ¿Qué te motivó a
emprender un trabajo de esta naturaleza, teniendo en cuenta que
sobre el Che ya existía una copiosa
bibliografía?
- Yo estaba convencido de que pese a que se habían
escrito decenas de biografías sobre el Che, había
mucho más que descubrir, decir y analizar. Ten en cuenta
que entre esas biografías y este libro que he publicado
hay veinticinco años de diferencia, y que en ese tiempo
han aparecido nuevos documentos, nuevos testimonios, nuevo
material sobre Guevara. Otra motivación, quizá
más importante, es que el mundo ha cambiado radicalmente.
No niego que se pueda escribir hoy una biografía del Che
como si estuviéramos en los años sesenta, pero
quienes hemos crecido con nuestro tiempo, tenemos una mirada
distinta sobre la Revolución Cubana y la figura de
Guevara, una mirada muy distinta a la que existía en aquel
momento.
- Una mirada más descreída...
- Más descreída... Otros dirán más
cínica, más equilibrada; en fin, una mirada
diferente. Yo tenía, en todo caso, la necesidad de
efectuar un balance mucho más específico de Ernesto
Guevara y su tiempo.
- ¿Qué rescatarías de las ideas de
Guevara?
- En cuanto a sus ideas, prácticamente ninguna. Guevara
fue un hombre que respondió a los problemas de su momento
con enorme inteligencia, con una gran sensibilidad, con un bagaje
cultural muy sólido. El problema está en que sus
ideas se anclaron en su tiempo, y por ello no han trascendido las
coyunturas, salvo que se miren las ideas de Guevara como parte de
un programa ideológico colectivo. La historia ha
demostrado que fue un error, por ejemplo, el hecho de que la
industria cubana se reconcentrara en el azúcar, pero esas
no eran ideas del Che, sino parte de las propuestas más
generales de la CEPAL. Las tesis económicas del Che no
son, pues, muy originales que digamos. Lo que sí hay es un
debate abierto, y no sé si pertinente, en cuanto a si los
valores del Che deben trascender su tiempo o no. Lo que sí
rescataría del Che es su ética política, que
fue ejemplar. Pocas personas como él hicieron lo que
dijeron con absoluta consecuencia y honestidad; siempre hubo una
gran concordancia entre sus ideas políticas y su
práctica política, eso es incuestionable. Pero este
es un terreno muy complejo, ¿no? No se pueden definir los
«buenos» valores de Guevara si los separamos de su reverso: el
autoritarismo, la jerarquía militar, la imposición
de ideas a los otros, etcétera.
- ¿Esa ética ejemplar bastaría entonces
para explicar el fervor que todavía despierta Guevara en
mucha gente? Lo digo a propósito del descubrimiento de sus
restos y, entre otras razones, porque su nombre suscita muchas
cosas, incluso entre quienes no saben muy bien quién fue
Guevara.
- Bueno, los que desfilaron ante su féretro en Cuba,
sí saben bien de quién se trata, y lo hicieron en
un acto de conmemoración de los momentos más
épicos y gloriosos de una revolución que,
lamentablemente, se desvió de sus propósitos
originales. Ahora, hay quienes evocan su figura sin tener
ninguna consecuencia, ninguna coherencia con sus propias ideas
políticas. A mí me parece que las ideas de Guevara
ya están completamente desfasadas, y en un contexto como
el actual no tienen ninguna vigencia. Pero si yo pensara que sus
ideas tienen vigencia, pues me correspondería estar en
otra cosa. En cuanto a los jóvenes que tienen polos del
Che o afiches de Guevara en sus habitaciones, creo que ahí
la identificación es más etérea, más
relacionada con cierta idea de libertad y de cambio, pero no en
un contexto ideológico claro. Sin embargo, soy de la idea
de que ese culto irá desapareciendo
paulatinamente.
- ¿Cómo cambió tu percepción del Che
a medida que fuiste escribiendo el libro?
- En primer lugar, escribir La vida en rojo me
mostró el lado humano de alguien que se maravilló
con la Revolución Cubana. Al hacer este libro me di cuenta
de que el coraje, la valentía, la inteligencia de Guevara,
convivieron también con sus errores.
- ¿Pero, quién es realmente el Che?
- Supongo que la suma de lo que cuentan otros y lo que cuento
yo en este libro. No es un hombre misterioso ni
enigmático; es alguien que se distinguió,
más bien, por la transparencia en todos los órdenes
de su vida. Un hombre producto de su tiempo y, por lo mismo,
incomprensible fuera de él. Un hombre extraordinariamente
sensible que fue rebasado por su propio destino. Sus causas en el
Congo y en Bolivia francamente estaban fuera de toda
lógica, pero esa desproporción no sólo es
conmovedora, sino también da cuenta del tremendo
afán de Guevara por incidir en la realidad, aunque parezca
una locura decirlo. Pensar en encender una revolución por
todo el continente empezando con cincuenta hombres en Bolivia no
es precisamente un acto de cordura, ¿o sí?
- Resulta inevitable, al hablar de Guevara, referirse a Fidel
Castro. ¿Cuál sería tu crítica
más dura hacia Castro y qué elogiarías en
él?
- El elogio que le haría, a pesar de que la
mística de la Revolución Cubana ya se perdió
hace mucho tiempo, es que se trata de un político fuera de
serie, por más antipática que nos pueda resultar su
presencia en el poder. Lo considero el líder
político latinoamericano más sensible, más
astuto, más extraordinario de la segunda mitad de este
siglo, si no de todo el siglo. Su genio político es
impresionante, sin importar si al servicio de buenas o malas
causas; ese es otro problema. La crítica que le
haría es que por su propio esfuerzo, y por la manera como
se desarrolló la historia, se gestó una
identificación completa entre la revolución y
él, pero él fue quien la promovió, y nunca
hizo el menor esfuerzo por contrarrestar esa
situación.
- Un interés personal muy claro, que tal vez se
antepuso a cosas más urgentes para el pueblo
cubano...
- Así es, un interés personal que él
mismo alimentó. Eso ha hecho que la Revolución y
él sean inseparables. Esto nos coloca en una
situación aberrante, que consiste en la imposibilidad de
defender la autonomía y la independencia cubana sin tener
que defender, aunque nos pese, la permanencia de Castro en el
poder; algo paradójico de por sí. Resulta
complicado, pues, abogar por democracia en México o el
Perú y al mismo tiempo tomar partido favorable por Castro
y por Cuba, ya que eso encierra una contradicción
implícita.
- Y ni siquiera existe certeza sobre cómo
terminarán Castro y su régimen.
- No en concreto. Pero sí podemos decir que todo
termina por saberse. Algún día Fidel Castro va a
morir, el régimen se va a acabar y se van a saber muchas
cosas.
| * Jorge Castañeda nació en
1953, en Argentina. Es licenciado en Filosofía, doctor en
Historia Económica por la Universidad de París-I y
ejerce la docencia en la Universidad Nacional Autónoma de
México y en la Universidad de Nueva York. Artículos
suyos aparecen con frecuencia en las revistas Proceso,
The Angeles Times, Newsweek International, El
País y el semanario peruano Caretas. Entre sus
libros destacan La izquierda en América Latina,
Los últimos capitalismos y The Estados Unidos
affair. |
 |
|