El Premier Valle Riestra o el nuevo make up del gobierno

Eduardo Ballón E.


El presidente Fujimori ha mostrado a lo largo de sus dos mandatos, entre otras cosas, una gran capacidad para sorprendernos. En distintas oportunidades, cuando su gestión aparecía severamente cuestionada o cuando el nivel de aceptación de su gobierno descendía significativamente, decisiones suyas impredecibles le permitían construir un escenario renovado. La designación de Javier Valle Riestra como primer ministro se inscribe en esta lógica.

Los significativos avances del Foro Democrático en su trabajo de recolección de firmas para convocar al referéndum contra la reelección, el relativo descontento por la participación del SIN en el enfrentamiento de la violencia delictiva, las renovadas movilizaciones estudiantiles de protesta, la paralización de Iquitos, las protestas de los pueblos de Puno y Arequipa y las difíciles negociaciones con el Ecuador empezaban a reflejarse en las encuestas y se sumaban al lento pero creciente descontento por la situación del empleo y los costos de las tarifas de los servicios públicos.

En otras palabras, se estaba perdiendo el renovado capital acumulado en nombre de la atención a los embates del fenómeno del Niño. Es en este escenario en el que aparece la figura de Valle Riestra en reemplazo del ex premier Pandolfi, descolocando a propios y extraños. La dosis de cálculo presidencial se ponía en evidencia una vez más.

Un brillante ex parlamentario, aficionado al protagonismo, defensor de los derechos humanos y de las formas democráticas, buen polemista y muy polémico él mismo, reemplazaba a un premier de por sí gris y opacado largamente por su ministro de Economía. Un gobierno criticado desde todos los sectores por su autoritarismo encontraba en su nombramiento, y en el reconocido atractivo de su figura, la manera de crear una impresión de permeabilidad a los reclamos de la oposición y de diversos sectores de la sociedad civil.

Ese secreto que tienes conmigo...

Más allá de su personalidad, por todos conocida, Valle Riestra no era un desconocido para el gobierno. Luego de su autofrustrada pre candidatura a la Presidencia en 1995, encabezando un frente opositor al ingeniero Fujimori, y tras una larga cura de silencio, reapareció en 1997 sorprendiendo a la opinión pública con una posición particular sobre el conflicto en torno al Tribunal de Garantías Constitucionales, que ya mostraba su alejamiento de la oposición.

Posteriormente, sus reiteradas críticas al alcalde de Lima Alberto Andrade, su intervención en el caso del Canal 2 preparando la argumentación inicial de los hermanos Winter en su conflicto con Baruch Ivcher y, más recientemente, su participación en la defensa de los intereses de la empresa chilena Lucchetti S.A. en el conflicto de los pantanos de Villa, mostraban un paulatino acercamiento a las posiciones gubernamentales.

Finalmente, y en esta misma lógica, las declaraciones del parlamentario Daniel Espichán (Domingo, La República, 5.7.98) en las que se identifica a Valle Riestra como amigo de «hace tiempo» de Vladimiro Montesinos, permiten entender mejor la calculada elección del presidente. La imprevisibilidad y el jacobinismo conocidos del doctor Valle Riestra, lejos de representar un gran riesgo, fueron vistos como una oportunidad.

Al inicio, mucho ruido.....

Las declaraciones y los gestos iniciales de Valle Riestra alimentaron algunas expectativas en la opinión pública y preocuparon a más de un representante del oficialismo. Su accidentado intento de acercamiento a la protesta universitaria y sus declaraciones iniciales contra la eventual reelección del ingeniero Fujimori mostraron a las claras su voluntad protagonista.

Desde un primer momento, el novísimo premier anunció una agenda particular que expresaba, seguramente, su voluntad de fortalecer el respeto de los derechos humanos, de corregir la legislación antidelincuencial desmilitarizando la justicia y enmendando los excesos en materia constitucional, así como de garantizar la independencia del Ministerio Público y del Poder Judicial. La agenda Valle Riestra se complementaba con la oferta de derogar las leyes vinculadas a la reelección presidencial y con la expresión de una abierta simpatía por el referendum.

Con alguna cautela inicial, hay que reconocerlo, el presidente Fujimori le enmendó la plana a su premier en más de una ocasión. La más evidente de ellas, sin ninguna duda, fue respecto a la situación de la norteamericana Lori Berenson, vinculada al MRTA. En todos los casos el resultado final era el mismo: un presidente tolerante con su primer Ministro que hacía las veces de cuasi vocero de la oposición, por lo menos en lo que al autoritarismo gubernamental se refiere.

En todo este primer tiempo, y hasta antes de su presentación en el Congreso, Valle Riestra apostó claramente a ganar posiciones en la opinión pública, sabedor de la desconfianza que generaba en la clase política, tanto entre el oficialismo como en la oposición. En el primer caso, por ser visto como un advenedizo que se permitía frases altisonantes y abiertamente discrepantes con decisiones gubernamentales que siempre fueron aceptadas e implementadas por la mayoría sin dudas ni murmuraciones. Entre los segundos, por su trayectoria más reciente que culmina en su compromiso con el gobierno.

Así las cosas, su presentación en el Parlamento despertó expectativas y curiosidad. Se trataba de la prueba de fuerza para ver hasta dónde llegaba su discurso flamígero y cómo se expresaba en medidas concretas. Ello, a pesar de que la decisión presidencial de conformar una comisión ministerial encargada de la reconstrucción nacional tras el fenómeno del Niño, presidida por el ex Premier Pandolfi, integrada por ocho ministerios y dotada de un presupuesto inicial de 1,800 millones de soles, mostraba la voluntad de reducir el papel del premier Valle Riestra al simple gesto y a las buenas intenciones. En la práctica dos gabinetes: el uno, organizado para facilitar la acción política presidencial; el otro, orientado a satisfacer a las tribunas, pero también a tomar distancia, en alguna medida, de la trayectoria legislativa y de la práctica política de Cambio 90-Nueva Mayoría. Casi como la vieja táctica futbolística del puntero mentiroso.

En el Parlamento, pocas nueces....

Quienes esperaban grandes resultados de la presentación de Valle Riestra en el Parlamento terminaron frustrados. Antes que grandes iniciativas legislativas que abrieran paso a un proceso democratizador y de respeto de los derechos humanos, el premier, contagiado por el ambiente futbolístico, le pasó de taquito la pelota al Parlamento en una hábil jugada, amparándose en la existencia de múltiples proyectos del oficialismo y de la oposición sobre la materia, e insistió reiteradamente en la importancia de una ley de partidos políticos.

La única medida concreta presentada en este terreno, fue la llamada, no con mucha propiedad, «desmilitarización» de las universidades. El retiro de las FF.AA. de varias universidades del país, horas antes de la presentación del gabinete ante el Congreso, muestra el acuerdo previo con las instituciones militares, que sin duda alguna, más allá de la eventual reelección del ingeniero Fujimori, deben estar pensando en el futuro del régimen político. Por cierto, la decisión deja en situación por demás incómoda a las comisiones reorganizadoras de los distintos centros superiores involucrados y allana el camino a una iniciativa legislativa de la parlamentaria oficialista María Jesús Espinoza.

El resto de la presentación del premier fue una reiteración del discurso oficial. Un largo recuento de los éxitos y avances de las políticas gubernamentales por sectores sazonado con repetidos reconocimientos de la capacidad y entrega del presidente Fujimori en la conducción del país. De ahí que las reacciones iniciales de empresarios y trabajadores hayan expresado, antes que nada, su frustración.

A pesar de las limitaciones del discurso de Valle Riestra - conviene señalarlo-, la incomodidad de sectores importantes de la bancada oficialista se puso de manifiesto en la distancia que expresaban las declaraciones que algunos de sus voceros concedieron a los medios inmediatamente después. En este contexto, el desencanto de la oposición y su voto en contra del premier, era previsible.

Señales y riesgos de lo que se viene

Más allá del discurso del Premier, conviene tener presentes algunos aspectos que empiezan a evidenciarse en la situación actual. En primer lugar, se afirma el riesgo de una pérdida total de sentido de la democracia y de las instituciones que la posibilitan. Quienes pensaban que Valle Riestra podía hacer frente a esta tendencia de nuestro régimen político deben estar hoy desencantados y más preocupados que antes. El presidente Fujimori ha logrado crear su propia y leal oposición y le ha encargado el premierato formal, fortaleciendo por esta vía el carácter herméticamente cerrado de su gestión, mientras el proceso desinstitucionalizador, con independencia de los discursos, sigue su curso. A tal punto que ya genera preocupación en los propios organismos multilaterales que, como el Banco Mundial, están convencidos a estas alturas de la vida de que incluso más allá del propio consenso de Washington, las instituciones, las reglas y los procedimientos más o menos transparentes, son indispensables.

En segundo lugar, conviene preguntarse por los juegos del poder, porque es claro que el discurso del premier, incluso haciendo abstracción de sus ostensibles debilidades, constituye un alegato indirecto contra la gestión de la alianza parlamentaria Cambio 90-Nueva Mayoría, y responda quizá, por eso mismo, a un cálculo político de sectores del poder que, preocupados ante la eventual inviabilidad de una nueva reelección del ingeniero Fujimori, procuren llevar adelante eventuales reacomodos en el actual régimen político. Es algo que no se puede descartar.

Finalmente, queda claro que si bien Valle Riestra no tiene ni tendrá el protagonismo y el poder a los que seguramente aspiraba, tampoco es, en sentido estricto, un títere de manipulación automática. El gobierno está mostrando un nuevo make-up que suavice el rostro autoritario de un régimen que convence a cada vez menos sectores. Lo hace en un contexto que estará marcado por la posibilidad del referendum y de los comicios municipales de octubre que constituirán una prueba central para éste; jugando para ello, una vez más, una carta imprevisible que parece ser de las últimas que le quedan.

En su mensaje a la nación del 28 de julio, el presidente no podrá eludir -¿o sí?- referirse al discurso del premier aclarando más de una interrogante que se hace al respecto el país.


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