| El presidente Fujimori ha mostrado a lo largo de sus dos
mandatos, entre otras cosas, una gran capacidad para
sorprendernos. En distintas oportunidades, cuando su
gestión aparecía severamente cuestionada o cuando
el nivel de aceptación de su gobierno descendía
significativamente, decisiones suyas impredecibles le
permitían construir un escenario renovado. La
designación de Javier Valle Riestra como primer ministro
se inscribe en esta lógica.
Los significativos avances del Foro Democrático en su
trabajo de recolección de firmas para convocar al
referéndum contra la reelección, el relativo
descontento por la participación del SIN en el
enfrentamiento de la violencia delictiva, las renovadas
movilizaciones estudiantiles de protesta, la paralización
de Iquitos, las protestas de los pueblos de Puno y Arequipa y las
difíciles negociaciones con el Ecuador empezaban a
reflejarse en las encuestas y se sumaban al lento pero creciente
descontento por la situación del empleo y los costos de
las tarifas de los servicios públicos.
En otras palabras, se estaba perdiendo el renovado capital
acumulado en nombre de la atención a los embates del
fenómeno del Niño. Es en este escenario en el que
aparece la figura de Valle Riestra en reemplazo del ex premier
Pandolfi, descolocando a propios y extraños. La dosis de
cálculo presidencial se ponía en evidencia una vez
más.
Un brillante ex parlamentario, aficionado al protagonismo,
defensor de los derechos humanos y de las formas
democráticas, buen polemista y muy polémico
él mismo, reemplazaba a un premier de por sí gris y
opacado largamente por su ministro de Economía. Un
gobierno criticado desde todos los sectores por su autoritarismo
encontraba en su nombramiento, y en el reconocido atractivo de su
figura, la manera de crear una impresión de permeabilidad
a los reclamos de la oposición y de diversos sectores de
la sociedad civil.
Ese secreto que tienes conmigo...
Más allá de su personalidad, por todos conocida,
Valle Riestra no era un desconocido para el gobierno. Luego de su
autofrustrada pre candidatura a la Presidencia en 1995,
encabezando un frente opositor al ingeniero Fujimori, y tras una
larga cura de silencio, reapareció en 1997 sorprendiendo a
la opinión pública con una posición
particular sobre el conflicto en torno al Tribunal de
Garantías Constitucionales, que ya mostraba su alejamiento
de la oposición.
Posteriormente, sus reiteradas críticas al alcalde de Lima
Alberto Andrade, su intervención en el caso del Canal 2
preparando la argumentación inicial de los hermanos Winter
en su conflicto con Baruch Ivcher y, más recientemente, su
participación en la defensa de los intereses de la empresa
chilena Lucchetti S.A. en el conflicto de los pantanos de Villa,
mostraban un paulatino acercamiento a las posiciones
gubernamentales.
Finalmente, y en esta misma lógica, las declaraciones del
parlamentario Daniel Espichán (Domingo, La
República, 5.7.98) en las que se identifica a Valle
Riestra como amigo de «hace tiempo» de Vladimiro Montesinos,
permiten entender mejor la calculada elección del
presidente. La imprevisibilidad y el jacobinismo conocidos del
doctor Valle Riestra, lejos de representar un gran riesgo, fueron
vistos como una oportunidad.
Al inicio, mucho ruido.....
Las declaraciones y los gestos iniciales de Valle Riestra
alimentaron algunas expectativas en la opinión
pública y preocuparon a más de un representante del
oficialismo. Su accidentado intento de acercamiento a la protesta
universitaria y sus declaraciones iniciales contra la eventual
reelección del ingeniero Fujimori mostraron a las claras
su voluntad protagonista.
Desde un primer momento, el novísimo premier
anunció una agenda particular que expresaba, seguramente,
su voluntad de fortalecer el respeto de los derechos humanos, de
corregir la legislación antidelincuencial desmilitarizando
la justicia y enmendando los excesos en materia constitucional,
así como de garantizar la independencia del Ministerio
Público y del Poder Judicial. La agenda Valle Riestra se
complementaba con la oferta de derogar las leyes vinculadas a la
reelección presidencial y con la expresión de una
abierta simpatía por el referendum.
Con alguna cautela inicial, hay que reconocerlo, el presidente
Fujimori le enmendó la plana a su premier en más de
una ocasión. La más evidente de ellas, sin ninguna
duda, fue respecto a la situación de la norteamericana
Lori Berenson, vinculada al MRTA. En todos los casos el resultado
final era el mismo: un presidente tolerante con su primer
Ministro que hacía las veces de cuasi vocero de la
oposición, por lo menos en lo que al autoritarismo
gubernamental se refiere.
En todo este primer tiempo, y hasta antes de su
presentación en el Congreso, Valle Riestra apostó
claramente a ganar posiciones en la opinión
pública, sabedor de la desconfianza que generaba en la
clase política, tanto entre el oficialismo como en la
oposición. En el primer caso, por ser visto como un
advenedizo que se permitía frases altisonantes y
abiertamente discrepantes con decisiones gubernamentales que
siempre fueron aceptadas e implementadas por la mayoría
sin dudas ni murmuraciones. Entre los segundos, por su
trayectoria más reciente que culmina en su compromiso con
el gobierno.
Así las cosas, su presentación en el Parlamento
despertó expectativas y curiosidad. Se trataba de la
prueba de fuerza para ver hasta dónde llegaba su discurso
flamígero y cómo se expresaba en medidas concretas.
Ello, a pesar de que la decisión presidencial de conformar
una comisión ministerial encargada de la
reconstrucción nacional tras el fenómeno del
Niño, presidida por el ex Premier Pandolfi, integrada por
ocho ministerios y dotada de un presupuesto inicial de 1,800
millones de soles, mostraba la voluntad de reducir el papel del
premier Valle Riestra al simple gesto y a las buenas intenciones.
En la práctica dos gabinetes: el uno, organizado para
facilitar la acción política presidencial; el otro,
orientado a satisfacer a las tribunas, pero también a
tomar distancia, en alguna medida, de la trayectoria legislativa
y de la práctica política de Cambio 90-Nueva
Mayoría. Casi como la vieja táctica
futbolística del puntero mentiroso.
En el Parlamento, pocas nueces....
Quienes esperaban grandes resultados de la presentación de
Valle Riestra en el Parlamento terminaron frustrados. Antes que
grandes iniciativas legislativas que abrieran paso a un proceso
democratizador y de respeto de los derechos humanos, el premier,
contagiado por el ambiente futbolístico, le pasó de
taquito la pelota al Parlamento en una hábil jugada,
amparándose en la existencia de múltiples proyectos
del oficialismo y de la oposición sobre la materia, e
insistió reiteradamente en la importancia de una ley de
partidos políticos.
La única medida concreta presentada en este terreno, fue
la llamada, no con mucha propiedad, «desmilitarización» de
las universidades. El retiro de las FF.AA. de varias
universidades del país, horas antes de la
presentación del gabinete ante el Congreso, muestra el
acuerdo previo con las instituciones militares, que sin duda
alguna, más allá de la eventual reelección
del ingeniero Fujimori, deben estar pensando en el futuro del
régimen político. Por cierto, la decisión
deja en situación por demás incómoda a las
comisiones reorganizadoras de los distintos centros superiores
involucrados y allana el camino a una iniciativa legislativa de
la parlamentaria oficialista María Jesús
Espinoza.
El resto de la presentación del premier fue una
reiteración del discurso oficial. Un largo recuento de los
éxitos y avances de las políticas gubernamentales
por sectores sazonado con repetidos reconocimientos de la
capacidad y entrega del presidente Fujimori en la
conducción del país. De ahí que las
reacciones iniciales de empresarios y trabajadores hayan
expresado, antes que nada, su frustración.
A pesar de las limitaciones del discurso de Valle Riestra -
conviene señalarlo-, la incomodidad de sectores
importantes de la bancada oficialista se puso de manifiesto en la
distancia que expresaban las declaraciones que algunos de sus
voceros concedieron a los medios inmediatamente después.
En este contexto, el desencanto de la oposición y su voto
en contra del premier, era previsible.
Señales y riesgos de lo que se viene
Más allá del discurso del Premier, conviene tener
presentes algunos aspectos que empiezan a evidenciarse en la
situación actual. En primer lugar, se afirma el riesgo de
una pérdida total de sentido de la democracia y de las
instituciones que la posibilitan. Quienes pensaban que Valle
Riestra podía hacer frente a esta tendencia de nuestro
régimen político deben estar hoy desencantados y
más preocupados que antes. El presidente Fujimori ha
logrado crear su propia y leal oposición y le ha encargado
el premierato formal, fortaleciendo por esta vía el
carácter herméticamente cerrado de su
gestión, mientras el proceso desinstitucionalizador, con
independencia de los discursos, sigue su curso. A tal punto que
ya genera preocupación en los propios organismos
multilaterales que, como el Banco Mundial, están
convencidos a estas alturas de la vida de que incluso más
allá del propio consenso de Washington, las instituciones,
las reglas y los procedimientos más o menos transparentes,
son indispensables.
En segundo lugar, conviene preguntarse por los juegos del poder,
porque es claro que el discurso del premier, incluso haciendo
abstracción de sus ostensibles debilidades, constituye un
alegato indirecto contra la gestión de la alianza
parlamentaria Cambio 90-Nueva Mayoría, y responda
quizá, por eso mismo, a un cálculo político
de sectores del poder que, preocupados ante la eventual
inviabilidad de una nueva reelección del ingeniero
Fujimori, procuren llevar adelante eventuales reacomodos en el
actual régimen político. Es algo que no se puede
descartar.
Finalmente, queda claro que si bien Valle Riestra no tiene ni
tendrá el protagonismo y el poder a los que seguramente
aspiraba, tampoco es, en sentido estricto, un títere de
manipulación automática. El gobierno está
mostrando un nuevo make-up que suavice el rostro
autoritario de un régimen que convence a cada vez menos
sectores. Lo hace en un contexto que estará marcado por la
posibilidad del referendum y de los comicios municipales de
octubre que constituirán una prueba central para
éste; jugando para ello, una vez más, una carta
imprevisible que parece ser de las últimas que le quedan.
En su mensaje a la nación del 28 de julio, el presidente
no podrá eludir -¿o sí?- referirse al discurso
del premier aclarando más de una interrogante que se hace
al respecto el país.
|