| Los últimos días de agosto nos han mostrado el rostro
más autoritario y antidemocrático del fujimorismo. Los sucesos
que se iniciaron con la renuncia de Javier Valle Riestra al Premierato,
siguieron con el posterior relevo del general Hermoza Ríos y concluyeron
con la escandalosa sesión del Congreso que le cerró las puertas
al referendum demandado por más de un millón doscientos mil
peruanos, y apoyado por cerca del 70% de éstos de acuerdo a las
distintas encuestas, ratifican el interés último de un régimen:
mantenerse en el gobierno más allá del 2,000 sin reparar
en formas ni en costos.
En un contexto económico internacional cada vez más
desfavorable para su pretensión reeleccionista -profundización
de la crisis asiática, virtual quiebra rusa y caída libre
de las principales Bolsas del mundo- el gobierno ha jugado sus cartas confiando
en la incapacidad de la oposición para articularse, en eventuales
réditos de sus éxitos ya lejanos y en la posibilidad de recuperar
su deteriorada relación con importantes sectores de la población
a través de políticas asistencialistas y clientelistas para
las que cada vez tiene menores recursos.
A diferencia de otras decisiones igualmente antidemocráticas
y desinstitucionalizadoras del gobierno, aunque de menor magnitud que esta
última, al aislamiento creciente del régimen -de acuerdo
a la última encuesta de IMASEN el 62.7% de sus encuestados en Lima
desaprueba la gestión del ingeniero Fujimori, el 63.6% está
convencido que fue él mismo quien tomó la decisión
de no darle paso al referendum y el 74.9% desaprueba el procedimiento seguido
por el Congreso- se añade el agotamiento de su política económica
y el consiguiente descontento de la población con la misma. Más
grave aún, la pérdida de credibilidad del gobierno empieza
a hacerse tan profunda que, según esa misma encuesta, el 67.6% de
los consultados cree que la decisión del Congreso es señal
de la voluntad del fraude electoral que se produciría el 2,000.
La economía anuncia un jaque
El contexto económico de las recientes decisiones gubernamentales
no puede ser más desfavorable. Al fenómeno de El Niño
que produjo un shock recesivo el año pasado, se añade la
decisión gubernamental de manejarlo a través de una política
fiscal recesiva. A ello se añade la profundidad de la crisis asiática
que ya se está expresando en el país y que lleva a varios
analistas a compararla con la crisis del 29, salvando las distancias.
La caída de precios de nuestros principales productos de
exportación ya se insinúa, amenazando con profundizar las
dificultades de nuestra balanza de pagos; nuestro déficit en cuenta
corriente ha llegado en el segundo trimestre a 6.4% del PBI (2,210 millones
de dólares de déficit), la oferta global de bienes y servicios
disminuyó en 1.3% y las exportaciones tuvieron un resultado negativo
de de 5.1%. El índice general de la Bolsa de Valores tuvo una pérdida
en agosto de 24.16% y el índice selectivo de 26.17%. En este contexto,
distintos sectores productivos -textiles y confecciones, por ejemplo- están
demandando medidas que los protejan del nuevo escenario internacional.
El agotamiento de la política económica, de las
pocas de América Latina que no ha tomado medidas de ningún
tipo frente a la crisis asiática, es evidente porque como efecto
de ella -a la que se suma la denominada «crisis del vodka»-
es claro que en el corto plazo nuestras exportaciones seguirán cayendo
y el ingreso de capitales continuará a la baja.
Parece, entonces, que a la voluntad reeleccionista del régimen
le estaría surgiendo un talón de Aquiles imprevisto y frente
al cual no basta la capacidad de maniobra grosera que han mostrado en la
política en el último mes, desde la renuncia de Valle Riestra
hasta la cancelación del referendum por el Congreso.
Fue por lana y terminó mojado...
La renuncia de Valle Riestra al Premierato fue la crónica
de una muerte anunciada. Sus débiles intentos democratizadores así
como su tono altisonante, fueron sistemáticamente desautorizados
por distintos voceros del gobierno y por el propio presidente Fujimori,
quitándole todo margen de maniobra si en algun momento tuvo alguno.
Su salida del Premierato bloqueó cualquier eventual intento
de diálogo y acercamiento entre el gobierno y los sectores que demandaban
el referendum, el respeto a las instituciones y una apertura democrática.
El nombramiento posterior de Pandolfi sancionó el fin de un breve
y accidentado período cuyos gestores, antes que buscar airear el
ambiente político, parecen haber ensayado -sin éxito y antes
de tiempo- la posibilidad de un fujimorismo sin el ingeniero Fujimori.
La gestión del ex premier resultó incontrolable
para sus mentores y terminó aislándolo totalmente. Sin espacio
político alguno, abiertamente rechazado por los voceros más
importantes del oficialismo e incapaz de convencer a la oposición
de sus buenas intenciones, Valle Riestra terminó su encargo deambulando
por los programas humorísticos de la televisión y finalmente
recurriendo al escándalo fácil y público en el dudoso
programa de una desconocida y protuberante entrevistadora. Dicho de otra
manera, sus gestos finales afirmaron como pantomima lo que semanas atrás
él mismo intentó presentar como gesto político.
¿Cambio de guardia...?
El relevo del general Hermoza Ríos no resultó tan
previsible como la caída de Valle Riestra, aunque se conocía
la simpatía de áquel por este último. Es cierto, sin
embargo, que desde tiempo atrás las diferencias entre el general
y el presidente resultaban cada vez más notorias y llegaron a su
punto más alto hace unos meses alrededor del mayor protagonismo
reclamado por ambos en la recuperación de la embajada de Japón.
Todo parece indicar que el gobernante, que una vez más
demuestra que no olvida, aprovechó una coyuntura que le resultaba
propicia -la negociación con Ecuador cuyas fuerzas habían
penetrado en nuestro territorio y las probables presiones de los países
garantes para alejar el riesgo de la guerra- para deshacerse de un aliado
que lo incomodaba crecientemente.
La decisión fortalece, sin duda alguna, el papel de Vladimiro
Montesinos en el gobierno y refuerza la necesidad que tiene el ingeniero
Fujimori de aquél para su relación con las Fuerzas Armadas,
que necesariamente fueron parte del acuerdo que terminó con la carrera
y las aspiraciones del general Hermoza.
Su reemplazante, el general Saucedo, parece estar de paso en el
cargo. En diciembre, con los cambios regulares que se producen en los institutos
armados, el asesor del Servicio de Inteligencia logrará realizar
posiblemente uno de sus sueños más acariciados: ejercer el
control pleno de las FF.AA. Al salir una de las patas del trípode
que nos gobierna, lo que cabe es preguntarse por la solidez de éste,
mientras se afirma la nueva pata que por el momento no tiene nombre.
Lo que es claro, en este terreno, es que el relevo del general
Hermoza, más allá de que fuera demandado por múltiples
sectores de la opinión pública desde buen tiempo atrás,
abre varias incógnitas sobre el futuro de la relación entre
el presidente y su asesor, relación determinada por la necesidad
mutua que tiene uno del otro, pero que no supone, necesariamente, un equilibrio
feliz.
El papelón del oficialismo
En este contexto, la escandalosa cancelación del referendum
por el Congreso abre un nuevo escenario en el país. Más allá
de la previsible decisión de la mayoría, su comportamiento
provocador y agresivo, su desprecio por la opinión ciudadana y su
desinterés por el diálogo y por las formas terminaron consagrando
la imagen de un régimen ensimismado y decidido a perpetuarse en
el poder más allá del año 2,000.
Es muy poco lo que queda por rescatar de esa lamentable jornada
parlamentaria. Más allá de los sólidos argumentos
esgrimidos por algunos parlamentarios opositores, de la generosa presencia
de los estudiantes universitarios y del gesto digno de Carlos Ferrero Costa,
todo lo demás es vergenza y amargura para el país. Así
lo entendieron los principales analistas y comentaristas políticos,
incluyendo a muchos que hasta ese momento no escondían sus simpatías
por el régimen.
Este resultado, por demás previsible, hace que hoy en día
los curules opositores resulten más incómodos que antes porque
se ha evidenciado definitivamente el sentido último que tiene el
actual Parlamento: mantener mínimas formas democráticas para
el consumo externo y consagrar los usos y abusos del régimen que
vivimos. Si la escena del poder empieza a cambiar con la salida del general
Hermoza, la opción de la oposición se ha cerrado en el Parlamento
y debe desplazarse hacia los espacios de los gobiernos locales y de la
sociedad, de los que se mantiene alejada.
Las elecciones municipales y el reto de la oposición
En este nuevo escenario, los desafíos que tienen las distintas
oposiciones al régimen son protéicos. Al centro de ellos
está la necesidad de construir una oposición en singular
o por lo menos mecanismos eficientes de coordinación y acción
conjunta.
En el corto plazo, las elecciones municipales permitirán
medir parte de los costos de las recientes decisiones gubernamentales.
La suerte de «Vamos Vecino» - curioso tractor variopinto, plagado
de antiguos militantes apristas e izquierdistas (la acusación más
recurrente que le hace el oficialismo a la oposición)- parece echada.
Mientras en Lima Hurtado Miller será el principal pagador del comportamiento
oficial, los candidatos «naranjas» en el resto del país
tendrán crecientes dificultades para explicar su «independencia».
Previsiblemente, en las grandes ciudades triunfarán candidatos independientes,
vinculados en general por un discurso descentralista y de fortalecimiento
de los gobiernos locales. El prncipal ganador de este proceso será
Alberto Andrade, quien se afirmará como una de las oposiciones más
importantes al régimen.
Ahora bien, más allá de los comicios municipales,
y teniendo como desafío mayor el constituirse en actor único,
los sectores opositores tienen una agenda recargada, marcada por la necesidad
de lograr una transición democrática en el país. Ello
supone, en primer lugar, recuperar su relación con la sociedad tomando
el espacio público donde los individuos actuamos, nos reunimos,
nos organizamos e intercambiamos posiciones e intereses. Adicionalmente,
exige definir una posición frente al Parlamento y los espacios de
la política oficial.
En segundo lugar, se trata de articular un discurso compartido
alrededor de algunos temas básicos. La política económica
es uno de ellos; definir las modificaciones indispensables al modelo económico
es una tarea de corto plazo que debe ser asumida por los distintos sectores
de la producción. La reforma del Estado, anunciada y negada por
este gobierno, es el segundo tema; la descentralización y el fortalecimiento
de los gobiernos locales debe ser parte central del mismo. Finalmente,
replantear las relaciones entre civiles y militares es un imperativo si
se quiere construir una opción verosímil.
Si las oposiciones no logran avanzar, y rápidamente en
esta perspectiva, es claro que el gobierno -a pesar de los límites
del entorno económico y de sus múltiples dificultades- será
el único actor en la cancha. Autoritario y cada vez más autocrático,
pero el único actor en la cancha.
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