Callejón oscuro

Eduardo Ballón E.


 
Los últimos días de agosto nos han mostrado el rostro más autoritario y antidemocrático del fujimorismo. Los sucesos que se iniciaron con la renuncia de Javier Valle Riestra al Premierato, siguieron con el posterior relevo del general Hermoza Ríos y concluyeron con la escandalosa sesión del Congreso que le cerró las puertas al referendum demandado por más de un millón doscientos mil peruanos, y apoyado por cerca del 70% de éstos de acuerdo a las distintas encuestas, ratifican el interés último de un régimen: mantenerse en el gobierno más allá del 2,000 sin reparar en formas ni en costos.

 En un contexto económico internacional cada vez más desfavorable para su pretensión reeleccionista -profundización de la crisis asiática, virtual quiebra rusa y caída libre de las principales Bolsas del mundo- el gobierno ha jugado sus cartas confiando en la incapacidad de la oposición para articularse, en eventuales réditos de sus éxitos ya lejanos y en la posibilidad de recuperar su deteriorada relación con importantes sectores de la población a través de políticas asistencialistas y clientelistas para las que cada vez tiene menores recursos.

 A diferencia de otras decisiones igualmente antidemocráticas y desinstitucionalizadoras del gobierno, aunque de menor magnitud que esta última, al aislamiento creciente del régimen -de acuerdo a la última encuesta de IMASEN el 62.7% de sus encuestados en Lima desaprueba la gestión del ingeniero Fujimori, el 63.6% está convencido que fue él mismo quien tomó la decisión de no darle paso al referendum y el 74.9% desaprueba el procedimiento seguido por el Congreso- se añade el agotamiento de su política económica y el consiguiente descontento de la población con la misma. Más grave aún, la pérdida de credibilidad del gobierno empieza a hacerse tan profunda que, según esa misma encuesta, el 67.6% de los consultados cree que la decisión del Congreso es señal de la voluntad del fraude electoral que se produciría el 2,000.

 La economía anuncia un jaque

 El contexto económico de las recientes decisiones gubernamentales no puede ser más desfavorable. Al fenómeno de El Niño que produjo un shock recesivo el año pasado, se añade la decisión gubernamental de manejarlo a través de una política fiscal recesiva. A ello se añade la profundidad de la crisis asiática que ya se está expresando en el país y que lleva a varios analistas a compararla con la crisis del 29, salvando las distancias.

 La caída de precios de nuestros principales productos de exportación ya se insinúa, amenazando con profundizar las dificultades de nuestra balanza de pagos; nuestro déficit en cuenta corriente ha llegado en el segundo trimestre a 6.4% del PBI (2,210 millones de dólares de déficit), la oferta global de bienes y servicios disminuyó en 1.3% y las exportaciones tuvieron un resultado negativo de de 5.1%. El índice general de la Bolsa de Valores tuvo una pérdida en agosto de 24.16% y el índice selectivo de 26.17%. En este contexto, distintos sectores productivos -textiles y confecciones, por ejemplo- están demandando medidas que los protejan del nuevo escenario internacional.

 El agotamiento de la política económica, de las pocas de América Latina que no ha tomado medidas de ningún tipo frente a la crisis asiática, es evidente porque como efecto de ella -a la que se suma la denominada «crisis del vodka»- es claro que en el corto plazo nuestras exportaciones seguirán cayendo y el ingreso de capitales continuará a la baja.

 Parece, entonces, que a la voluntad reeleccionista del régimen le estaría surgiendo un talón de Aquiles imprevisto y frente al cual no basta la capacidad de maniobra grosera que han mostrado en la política en el último mes, desde la renuncia de Valle Riestra hasta la cancelación del referendum por el Congreso.

 Fue por lana y terminó mojado...

 La renuncia de Valle Riestra al Premierato fue la crónica de una muerte anunciada. Sus débiles intentos democratizadores así como su tono altisonante, fueron sistemáticamente desautorizados por distintos voceros del gobierno y por el propio presidente Fujimori, quitándole todo margen de maniobra si en algun momento tuvo alguno.

 Su salida del Premierato bloqueó cualquier eventual intento de diálogo y acercamiento entre el gobierno y los sectores que demandaban el referendum, el respeto a las instituciones y una apertura democrática. El nombramiento posterior de Pandolfi sancionó el fin de un breve y accidentado período cuyos gestores, antes que buscar airear el ambiente político, parecen haber ensayado -sin éxito y antes de tiempo- la posibilidad de un fujimorismo sin el ingeniero Fujimori.

 La gestión del ex premier resultó incontrolable para sus mentores y terminó aislándolo totalmente. Sin espacio político alguno, abiertamente rechazado por los voceros más importantes del oficialismo e incapaz de convencer a la oposición de sus buenas intenciones, Valle Riestra terminó su encargo deambulando por los programas humorísticos de la televisión y finalmente recurriendo al escándalo fácil y público en el dudoso programa de una desconocida y protuberante entrevistadora. Dicho de otra manera, sus gestos finales afirmaron como pantomima lo que semanas atrás él mismo intentó presentar como gesto político.

 ¿Cambio de guardia...?

 El relevo del general Hermoza Ríos no resultó tan previsible como la caída de Valle Riestra, aunque se conocía la simpatía de áquel por este último. Es cierto, sin embargo, que desde tiempo atrás las diferencias entre el general y el presidente resultaban cada vez más notorias y llegaron a su punto más alto hace unos meses alrededor del mayor protagonismo reclamado por ambos en la recuperación de la embajada de Japón.

 Todo parece indicar que el gobernante, que una vez más demuestra que no olvida, aprovechó una coyuntura que le resultaba propicia -la negociación con Ecuador cuyas fuerzas habían penetrado en nuestro territorio y las probables presiones de los países garantes para alejar el riesgo de la guerra- para deshacerse de un aliado que lo incomodaba crecientemente.

 La decisión fortalece, sin duda alguna, el papel de Vladimiro Montesinos en el gobierno y refuerza la necesidad que tiene el ingeniero Fujimori de aquél para su relación con las Fuerzas Armadas, que necesariamente fueron parte del acuerdo que terminó con la carrera y las aspiraciones del general Hermoza.

 Su reemplazante, el general Saucedo, parece estar de paso en el cargo. En diciembre, con los cambios regulares que se producen en los institutos armados, el asesor del Servicio de Inteligencia logrará realizar posiblemente uno de sus sueños más acariciados: ejercer el control pleno de las FF.AA. Al salir una de las patas del trípode que nos gobierna, lo que cabe es preguntarse por la solidez de éste, mientras se afirma la nueva pata que por el momento no tiene nombre.

 Lo que es claro, en este terreno, es que el relevo del general Hermoza, más allá de que fuera demandado por múltiples sectores de la opinión pública desde buen tiempo atrás, abre varias incógnitas sobre el futuro de la relación entre el presidente y su asesor, relación determinada por la necesidad mutua que tiene uno del otro, pero que no supone, necesariamente, un equilibrio feliz.

 El papelón del oficialismo

 En este contexto, la escandalosa cancelación del referendum por el Congreso abre un nuevo escenario en el país. Más allá de la previsible decisión de la mayoría, su comportamiento provocador y agresivo, su desprecio por la opinión ciudadana y su desinterés por el diálogo y por las formas terminaron consagrando la imagen de un régimen ensimismado y decidido a perpetuarse en el poder más allá del año 2,000.

 Es muy poco lo que queda por rescatar de esa lamentable jornada parlamentaria. Más allá de los sólidos argumentos esgrimidos por algunos parlamentarios opositores, de la generosa presencia de los estudiantes universitarios y del gesto digno de Carlos Ferrero Costa, todo lo demás es vergenza y amargura para el país. Así lo entendieron los principales analistas y comentaristas políticos, incluyendo a muchos que hasta ese momento no escondían sus simpatías por el régimen.

 Este resultado, por demás previsible, hace que hoy en día los curules opositores resulten más incómodos que antes porque se ha evidenciado definitivamente el sentido último que tiene el actual Parlamento: mantener mínimas formas democráticas para el consumo externo y consagrar los usos y abusos del régimen que vivimos. Si la escena del poder empieza a cambiar con la salida del general Hermoza, la opción de la oposición se ha cerrado en el Parlamento y debe desplazarse hacia los espacios de los gobiernos locales y de la sociedad, de los que se mantiene alejada.

 Las elecciones municipales y el reto de la oposición

 En este nuevo escenario, los desafíos que tienen las distintas oposiciones al régimen son protéicos. Al centro de ellos está la necesidad de construir una oposición en singular o por lo menos mecanismos eficientes de coordinación y acción conjunta.

 En el corto plazo, las elecciones municipales permitirán medir parte de los costos de las recientes decisiones gubernamentales. La suerte de «Vamos Vecino» - curioso tractor variopinto, plagado de antiguos militantes apristas e izquierdistas (la acusación más recurrente que le hace el oficialismo a la oposición)- parece echada. Mientras en Lima Hurtado Miller será el principal pagador del comportamiento oficial, los candidatos «naranjas» en el resto del país tendrán crecientes dificultades para explicar su «independencia». Previsiblemente, en las grandes ciudades triunfarán candidatos independientes, vinculados en general por un discurso descentralista y de fortalecimiento de los gobiernos locales. El prncipal ganador de este proceso será Alberto Andrade, quien se afirmará como una de las oposiciones más importantes al régimen.

 Ahora bien, más allá de los comicios municipales, y teniendo como desafío mayor el constituirse en actor único, los sectores opositores tienen una agenda recargada, marcada por la necesidad de lograr una transición democrática en el país. Ello supone, en primer lugar, recuperar su relación con la sociedad tomando el espacio público donde los individuos actuamos, nos reunimos, nos organizamos e intercambiamos posiciones e intereses. Adicionalmente, exige definir una posición frente al Parlamento y los espacios de la política oficial.

 En segundo lugar, se trata de articular un discurso compartido alrededor de algunos temas básicos. La política económica es uno de ellos; definir las modificaciones indispensables al modelo económico es una tarea de corto plazo que debe ser asumida por los distintos sectores de la producción. La reforma del Estado, anunciada y negada por este gobierno, es el segundo tema; la descentralización y el fortalecimiento de los gobiernos locales debe ser parte central del mismo. Finalmente, replantear las relaciones entre civiles y militares es un imperativo si se quiere construir una opción verosímil.

 Si las oposiciones no logran avanzar, y rápidamente en esta perspectiva, es claro que el gobierno -a pesar de los límites del entorno económico y de sus múltiples dificultades- será el único actor en la cancha. Autoritario y cada vez más autocrático, pero el único actor en la cancha.

 


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