| Después de haber crecido a un ritmo impresionante
durante cuatro décadas, cuando la segunda
economía más fuerte del mundo entra en
recesión durante ocho años sin visos de
recuperación, el resto del mundo tiembla. Japón
tiene numerosas empresas en el exterior, su desembolso en
ayuda oficial permite aplacar la pobreza de los países
en desarrollo, y sus mercados financieros -al compás
del yen y de las fluctuaciones del índice Nikkei-
afectan en cuestión de horas a las Bolsas del resto
del mundo.
Hoy todas las miradas están puestas en Japón.
Los países de Asia -con China a la cabeza- le instan a
que reactive su economía para solucionar los problemas
de la región; Rusia solicita ampliación de
préstamos para que sus mercados financieros no se
desplomen; Estados Unidos exige que aumente la demanda
interna para que salga de la recesión; y los
países de Latinoamérica no se atreven a
aconsejar recetas, pero los corredores de Bolsa comienzan la
jornada con nerviosismo cuando se enteran de que el mismo
día, 12 a 14 horas antes por la diferencia horaria,
los mercados financieros de Tokio se han desplomado.
¿Qué le ocurre a Japón? ¿Ha llegado a
su fin el milagroso modelo desarrollista? ¿Qué
puede esperar el mundo de Japón?
La quiebra del modelo de posguerra
Hasta hace pocos años Japón había
inspirado decenas de estudios sobre el modelo corporativo de
crecimiento y desarrollo económico, un esquema basado
en una estrecha coordinación entre empresarios,
gobierno y trabajadores, matizada con elementos de
confucianismo, de respeto a la autoridad y predominio del
interés común frente al individualismo de
occidente.
Parece que fue ayer cuando aparecieron los influyentes
trabajos que permitieron comprender el modelo japonés.
Chalmers Johnson en El Ministerio de Industria y el
Milagro Japonés demostró cómo el
gobierno aplica la planificación para dirigir el rumbo
de la industria del país. En Cambiando
posiciones Clyde Prestowitz, un ex-negociador comercial
de Estados Unidos con Japón, advirtió a finales
de los 80 que mediante dinámicas políticas
comerciales Japón podría superar a EEUU como
potencia económica en los primeros años del
próximo siglo. James Abegglen, en Kaisha: La
Corporación Japonesa, expuso los elementos que
permitieron a las empresas japonesas elevar la productividad
y triunfar en áreas mundiales de la industria.
La excelencia en todos los campos dio origen al llamado
Japan Inc., un país eficiente que funciona como
una empresa exitosa, con los funcionarios dirigiendo,
políticos coordinando y empresarios trabajando, para
elevar la productividad y garantizar el progreso de la
nación.
El modelo japonés también alentó en gran
parte el surgimiento de controvertidas teorías que
mostraban la superioridad de la cultura asiática como
principal elemento del crecimiento del sudeste
asiático, con dos voceros al frente como Lee Kwan-Yew,
el ex-primer ministro de Singapur, y Mahathir Mohamad, actual
presidente de Malasia.
Hoy ya no hay más libros que alaben el modelo
japonés; incluso un documento tan importante como el
tantas veces citado trabajo del Banco Mundial El milagro
del este asiático ha sido guardado de momento,
siendo reemplazado por estudios más
críticos.
En cambio, la administración del país ha sido
afectada por numerosos casos de corrupción que han
salido a la luz en los últimos años.
Considerados los modernos samurai del país, los
funcionarios japoneses son seleccionados de acuerdo a uno de
los procesos más selectivos del mundo, y son
calificados por la población como la elite. Pero el
destape de todos esos casos de corrupción ha minado
esa imagen, afectando incluso a dos de las más
poderosas instituciones del país: el Ministerio de
Hacienda y el Banco Central de Reserva.
Las grandes corporaciones también se han visto
obligadas a abandonar su ética paternalista. El
llamado sistema administrativo japonés se basa en tres
pilares: el empleo vitalicio, los ascensos por antigedad y
la existencia de sindicatos orientados hacia la productividad
de la empresa. Este sistema sólo puede mantenerse si
la economía crece sin detenerse, pero con la
recesión muchas están aplicando la
risutora, palabra que viene de
reestructuración, una forma políticamente
eufemística de denominar los despidos masivos.
El desempleo llega hoy al 4,3 por ciento, y sube 0,1 punto
porcentual cada dos meses, cifra aceptable para
economías de Occidente, pero no para Japón,
donde por ser el mercado de trabajo sumamente rígido
no hay mecanismos flexibles para que un despedido reingrese
al mercado laboral. Por tradición, las empresas
japonesas sólo contratan a jóvenes
recién graduados; de ahí que despedidos con
experiencia no sean aceptados fácilmente por las
empresas y pasen a engrosar las filas del desempleo
permanente. La falta de mecanismos de reciclaje social de la
fuerza laboral y la multiplicación de quiebras
añade un gran sentimiento de inseguridad en la
población.
Como las empresas crecen a un ritmo cada vez menor, no pueden
garantizar ascensos a sus trabajadores y los consiguientes
aumentos de sueldo también son postergados. Iwao
Nakatani, profesor de la Universidad Hitotsubashi, anota que
una gran cantidad de estudiantes es atraída por
empresas extranjeras, que aunque ofrecen menos seguridad que
una japonesa pagan a cambio el doble de sueldos y garantizan
ascensos si se demuestra competencia y capacidad.
La recesión nipona
Desde 1992 la economía japonesa ha crecido en promedio
sólo 1%. En 1997 creció 0,7%, y este año
todas las proyecciones indican que el PBI crecerá en
términos negativos. Esta es la peor recesión de
la época de posguerra y la de mayor
duración.
La principal causa de la crisis japonesa es la
devaluación de activos, propiedades y terrenos, como
resultado del final de la «economía de burbuja». En
1990, la totalidad de las propiedades del centro de Tokio
costaban más que todo el territorio de California. La
imprevista caída de precios provocó la baja del
valor de las propiedades, las que a su vez eran utilizadas
como colateral para pedir nuevos préstamos. La
pirámide se derrumbó y ahora las instituciones
financieras acumulan un total de 600 mil millones de
dólares en deudas irrecuperables, cifra oficial que
algunos centros de investigación privados han elevado
hasta el nivel de un billón de dólares.
La magnitud de estas deudas provocó a fines del
año pasado la quiebra de la cuarta empresa de valores
más grande del país, Yamaichi, y el cierre de
bancos regionales como el Hokkaido Takushoku. Como
ningún banco ha revelado la cantidad de
préstamos morosos en cartera, es difícil saber
con exactitud la magnitud del daño y lo que
podría ocurrir si el gobierno decide rescatar a los
bancos en problemas. Esto explica, de paso, que no se hayan
establecido medidas concretas para enfrentar el
problema.
Los apuros financieros han creado también una
contracción del crédito que está
afectando a las pequeñas y medianas empresas,
provocando quiebras masivas que amenazan con destruir la
estructura piramidal de los conglomerados empresariales
conocidos con el nombre de «Keiretsu».
Al mismo tiempo la crisis asiática ha agravado la
situación al limitar la demanda de productos japoneses
en su zona de influencia económica haciendo caer las
exportaciones. Los bancos nipones también han sufrido
un nuevo golpe con la quiebra de empresas en Asia, en
especial Tailandia e Indonesia, donde se encontraban
fuertemente expuestos.
La solución de esta crisis no es fácil. Paul
Krugman, economista del Instituto Tecnológico de
Massachusetts, M.I.T, sostiene que Japón está
hundido en una «trampa de liquidez» y que la solución
radica en crear una inflación administrada que obligue
a la gente a consumir para reactivar el aparato productivo
interno.
Esta propuesta coincide en parte con lo que sugiere Estados
Unidos, que exige a Japón que aumente la demanda
interna para que crezcan sus empresas y aumenten las
importaciones desde el resto del Asia.
El FMI también ha presentado sus alternativas. En un
reciente documento -Informe Anual del FMI sobre la
situación de países miembros- el organismo
pronostica que Japón tendrá un crecimiento
negativo de -1,7%, y le recomienda que elimine los montos de
deudas incobrables del sector financiero, que reduzca los
impuestos al consumo y a las empresas, y que liberalice el
sistema de ahorros que actualmente es administrado por el
Ministerio de Correos y Telecomunicaciones.
Pero, más que en una trampa de liquidez o de consumo,
Japón está atrapado entre la recesión de
corto plazo y sus propios problemas futuros. Se calcula que
para el 2010 el sistema de bienestar social entrará en
crisis: la cifra de nuevos nacimientos es decreciente y las
personas viven más. Con menor fuerza de trabajo activa
y mayor número de jubilados, será imposible que
la sociedad pueda costear las pensiones y los gastos en
cuidados médicos de la población de la tercera
edad. Esta es la razón por la que se elevó el
impuesto al consumo en abril del año pasado y de que
se hayan efectuado una serie de proyecciones para impedir que
el déficit fiscal aumente. ¿Pero qué se
puede hacer si justamente lo que se requiere para que la
economía se reactive es impulsar el consumo?
Una salida sería que Japón se liberalizara para
dejar que ingresen numerosas empresas extranjeras. Esta es la
propuesta de Kenichi Ohmae, ex-director de la oficina
japonesa de la consultora McKinsey. Ohmae considera que se
debe liberalizar completamente el sector financiero
permitiendo el ingreso de la banca internacional para que
amortigüe las quiebras y absorba a los desempleados, como ha
ocurrido con los despedidos de Yamaichi, muchos de los cuales
han sido contratados por la nueva sucursal de Merril Lynch.
Esta puede ser una solución pero choca contra un
tabú: permitir que empresas extranjeras controlen
sectores de la Banca y que ingresen en ramas industriales
amenazando a las similares niponas. Japón siempre ha
limitado el ingreso de compañías
foráneas mediante una complicada red de aranceles,
barreras al comercio, y regulaciones.
Mientras que la crisis se agrava el gobierno está
políticamente paralizado. El nuevo gabinete de Keizo
Obuchi, del tradicional Partido Liberal Demócrata, se
debate en una serie de contradicciones. Desde que a finales
de julio asumiera el cargo, el ministro de Hacienda, Kiichi
Miyazawa, ha propuesto una serie de medidas que han provocado
discusión en el seno del PLD. El gabinete ha planteado
crear un «banco puente» para financiar a los bancos con
deudas incobrables, emitir bonos para cubrir el
déficit fiscal, lanzar un paquete de gastos en obras
públicas y reducir el impuesto al consumo y a las
empresas. Estas propuestas no han podido ser aplicadas con
celeridad debido a contradicciones en el partido gobernante y
enfrentamientos con los altos funcionarios.
Por esta razón continúa la volatilidad en el
mercado de valores y siguen los vaivenes del yen. La falta de
seguridad también está afectando al resto de
mercados asiáticos y a las Bolsas mundiales. Es
evidente que el gabinete de Obuchi es un grupo ministerial de
transición, que puede ser obligado a renunciar si la
crisis económica provoca una nueva crisis
política.
El peligro inmediato: una crisis globalizada
¿Qué ocurriría si finalmente la crisis
asiática estalla? En un estudio titulado
Depresión Asiática - Recesión
Mundial (julio de 1998) elaborado por S&P-DRI, una filial
especializada en escenarios futuros de la empresa de
consultoría económica Standard & Poor's, se
calcula que hay entre un 20 y 25 por ciento de probabilidades
de que Japón se recupere, pero al mismo tiempo un 5
por ciento de que todo ocurra mal y que Japón arrastre
al resto del mundo en una recesión global.
El peor escenario se describe de la siguiente forma:
La confianza de las empresas se quiebra y comienza a haber
fuga de capitales, el índice Nikkei baja a menos de
14,000 yenes (en agosto ya cayó varias veces por
debajo de ese valor) y el dólar se dispara a 200 yenes
(entre fines de agosto y comienzos de septiembre está
fluctuando entre 135 y 145 yenes por dólar), China se
ve obligada a devaluar y Estados Unidos y Europa caen en
recesión, hundiendo tras de sí a
Latinoamérica.
La realidad se está adelantado a los
pronósticos. Japón ya está en
recesión, Rusia está en crisis abierta, las
economías del sudeste asiático están
atravesando por su peor depresión en 40 años,
Wall Street está pasando por bajas repetidas y
Latinoamérica resiste -porque mal que bien las
reformas del sector financiero han permitido capear el
temporal-, pero tarde o temprano la crisis puede llegar por
el lado de la baja en los precios de materias primas y la
escasez de capitales.
Un peligro latente para que la recesión se vuelva
global es que China se vea obligada a devaluar. Hasta el
momento China ha declarado que no va a hacerlo y las
autoridades están interviniendo en el mercado para
sostener el yuan, o renminbi. Pero las buenas intenciones
habrían quedado sólo en eso si el yen cae a un
nivel excesivamente bajo. Diversos especialistas consideran
que el nivel límite para que el renminbi pueda
resistir sin devaluar es que el yen alcance la cifra de 150 a
160 yenes por dólar. Por el momento no hay
señales de que el yen baje demasiado, porque
Japón y EEUU han llegado a un acuerdo para sostener el
valor del yen.
Sin embargo, en una reciente reunión de la
Cámara de Comercio Sino-Japonesa, Jiang Zemin, el
presidente de China, afirmó que la competitividad de
sus exportaciones está sufriendo por el bajo valor del
yen. Esto puede ser una señal de alarma que preceda a
la devaluación del renminbi.
El peligro sería que Japón fracasara en su
intento de reactivar la economía y que alguna
situación inesperada, tal como una crisis en
Sudáfrica, el empeoramiento de la situación en
Rusia, o una sorpresiva revelación de que alguno de
los cinco primeros bancos de Japón está al
borde de la bancarrota, impulse a la baja al yen
japonés, creando las condiciones para que ocurra el
peor escenario.
Perspectivas y oportunidades
A pesar de la crisis, Japón sigue siendo una
economía muy poderosa. Es el país que tiene
más reservas, cuenta con industrias que superan en
productividad a empresas extranjeras, y su
administración -pese a los escándalos- es muy
capaz y organizada.
Ezra Vogel, profesor de Harvard especialista en Japón
y China, quien hace 20 años escribió un
influyente estudio Japón como Nº 1
sostiene que la economía japonesa tiene mucha
capacidad de recuperación porque los fundamentos
sociales son sólidos, la educación es de
calidad y el ahorro es elevado. Vogel considera que
Japón tendrá una rápida
recuperación en los próximos años.
«Asia dará un viraje», opina Akifumi Kukichi,
investigador de la Organización de Comercio Exterior
de Japón, JETRO, indicando que Corea del Sur y
Tailandia serán nuevamente considerados como
países de elevado crecimiento para el 2003, y que
Indonesia estará en la misma vía para el 2008.
Kikuchi propone que se organice de inmediato un Banco Central
de Asia con sede en Tokio que permita financiar el
crecimiento de Asia y minimizar las crisis.
Este es un momento difícil con extremada volatilidad y
peligro de recesión global. Pero Latinoamérica
no debe llamarse a engaño: la crisis asiática
no significa la desaparición de mercados. El elevado
ingreso de los japoneses hace que el consumo siga siendo
alto; hay importación masiva de vinos chilenos, flores
de Ecuador, y frutas procesadas de Chile y Colombia. La buena
situación de las empresas manufactureras y de
comercialización deja campo para inversiones japonesas
que siguen llegando a Brasil y Chile.
Hajime Karatsu, profesor de la Universidad Tokai, afirma que
la producción de las compañías japonesas
fue de 350 mil millones de dólares el año
pasado, cifra superior al PBI de Corea del Sur. Además
esas empresas dan empleo a 3 millones de trabajadores fuera
del Japón y a más de 630 mil sólo en
Estados Unidos. Karatsu enfatiza que los problemas de la
economía japonesa no deben ser confundidos con la
situación de sus empresas manufactureras, que siguen
siendo superiores en varios campos y que cuentan con
capacidad de inversión.
Pero, después de todo ¿puede ocurrir una
depresión mundial? ¿Esa recesión puede
arrastrar a América Latina? Observando la
situación vemos que es realmente posible, pero las
crisis no ocurren porque una ley natural y fatalista las
decrete. La habilidad o ineptitud de los Miyazawa, Greenspan,
Yeltsin, Cardoso o Fujimori también cuenta, y eso es
lo que se verá en los próximos meses.
El misil que cambia el mapa de Asia
El lunes 31 de agosto Corea del Norte disparó un misil
que sobrevoló el Japón. El proyectil se
dividió en dos partes: los impulsores cayeron al
oeste, en el mar de Japon, y la punta del cohete cruzó
Aomori, la norteña Prefectura del país, y
cayó en el océano Pacífico a menos de
300 kilómetros del suelo japonés.
El recién desarrollado misil balístico
Taetodong 1 demostró que tiene un alcance de 2000
kilómetros, con lo cual incluye en su objetivo a todo
el país.
No es casual que ese mismo día el yen subiera de 142 a
135 yenes por dolar en Wall Street. El disparo ocurrió
a las 12 del mediodía, hora de Japón, y horas
después, en la mañana del mismo lunes en Nueva
York, el yen comenzó a valorizarse. Los inversionistas
han apostado a que la relación Japón-Estados
Unidos se va a fortalecer por este acontecimiento. La
provocación desesperada de Corea del Norte obliga a
Japón a construir urgentemente un sistema de defensa
antimisiles con Estados Unidos. Todos los partidos de
oposición japoneses que eran contrarios a aumentar el
gasto militar se han quedado mudos, porque la amenaza es tan
clara que resulta necesario defenderse.
Pero el problema no es sólo asiático. Por la
enorme hambruna y la falta de divisas, Corea del Norte ha
estado vendiendo tecnología nuclear y de misiles al
Medio Oriente. Informes de Inteligencia estadounidense
indican que al disparar sobre Japón los norcoreanos,
según parece, hicieron una demostración a sus
clientes del Medio Oriente sobre el alcance de su nueva arma.
Si los misiles son comprados por Irak, Afganistán,
Libia u otros países hostiles a Estados Unidos,
peligrarían las reservas de petróleo y la
estabilidad del Medio Oriente, justo en momentos en que se
están produciendo ataques terroristas indiscriminados
contra propiedades de Estados Unidos en el exterior.
Según han declarado varios parlamentarios
norteamericanos, el otro peligro es que Corea del Norte logre
desarrollar misiles capaces de alcanzar objetivos en
Norteamérica.
Aunque China trata de parecer indiferente y mantiene tibias
relaciones con los norcoreanos, no ha condenado el disparo
efectuado contra Japón. Clinton estuvo en China
durante dos semanas para establecer una sociedad en el Asia
con China y bajar el perfil de Japón, pero el silencio
de los chinos pone en evidencia una realidad: una cosa es la
economía y otra la política.
Ahora nuevamente se fortalecerá la alianza nipo-
estadounidense, y eso incluye la necesidad para Estados
Unidos de ayudar a mantener fuerte a Japón -incluyendo
su economía- y a la vez para Tokio de aumentar la
contribución económica y la cooperación
militar con Estados Unidos. Japón fortalecerá
también las relaciones con Corea del Sur y Rusia con
la finalidad de contrarrestar a China y Corea del Norte. El
misil ha reunido a Washington con Tokio y va a modificar de
inmediato el balance de poder en el Asia-
Pacífico.
| * Economista peruano residente en Tokio. |
 |
|