| En este breve análisis de las elecciones municipales
en la región, priorizo algunos aspectos generales del
proceso. Este implica un amplio abanico de factores y muchas
particularidades provinciales, sobre las que no es posible
profundizar aquí.
Por ello haré una lectura de los resultados en
términos de la ubicación del electorado frente
al gobierno, la forma en que la fragmentación
política se ha manifestado en el Cusco, el tema de la
descentralización en este proceso electoral, y
esbozaré algunas conclusiones generales de cara al
2000.
La re-reelección en problemas
El candidato de «Vamos Vecino», ingeniero Carlos Valencia, ha
triunfado en la provincia del Cusco. Es una figura
política con peso propio y con una reconocida
capacidad de convocatoria, lo cual representa una palanca
importante para el posicionamiento regional del oficialismo
en la perspectiva de la re-reelección
presidencial.
Sin embargo, si analizamos con más detenimiento los
resultados del principal centro político regional,
constatamos que un amplio sector del electorado ha optado
desde una opción política frente al gobierno.
Lo vecinal, a pesar de los esfuerzos hechos en este sentido
por «Vamos Vecino», no ha sido lo determinante.
En la provincia del Cusco existe una amplia actitud de
oposición. Por eso es que el alcalde electo ha
recibido la más baja votación de todos los
alcaldes provinciales desde 1980: sólo el 21,48% de
los votos emitidos.
A esto debemos añadir que las cuatro corrientes
claramente de oposición representan el 50,25% del
electorado.
Esta situación es más evidente si nos
proyectamos al plano de la región Cusco. Los
candidatos del oficialismo han perdido en diez de las otras
doce provincias y su representación distrital ha
quedado en niveles muy reducidos. En varias provincias ni
siquiera han sido actores fundamentales del proceso, a pesar
de la intensidad de su campaña electoral. Si sumamos
los votos de «Vamos Vecino» a nivel departamental, sin
incluir la provincia de Cusco, sólo se acerca a
15%.
Un aspecto a resaltar -y que en nuestro criterio puede
complicar aún más la estrategia re-
reeleccionista- es que en nuestra región no ha
funcionado la lógica de cuanto más alejada y
pobre la provincia mayor impacto tiene el populismo
electoral. La distribución de alimentos, la entrega de
pequeñas obras de infraestructura y los regalos de
diverso tipo fueron características del período
electoral. El resultado ha sido que la gente recibió
estas donaciones y votó contra el gobierno. Es
bastante claro que para cambiar la actual visión de la
población respecto al gobierno se requiere mucho
más que acciones asistencialistas, cosa sin duda muy
difícil.
La fragmentación política
El resultado de estas elecciones pone de manifiesto la gran
fragmentación del sistema político regional. En
los análisis nacionales se habla de movimientos
regionales y se confunde la dimensión provincial con
la regional. En el Cusco no ha existido un movimiento de
alcance regional sino un conjunto de movimientos provinciales
-y en algunos casos significativos, incluso distritales- sin
relación alguna entre sí.
Esto se explica por la falta de legitimidad y
representatividad de las corrientes políticas
nacionales, tema sobre el cual no entraremos en detalle, ya
que compartimos la lectura que sobre esa realidad han hecho
diversos analistas.
Igualmente se explica por la debilidad de los distintos
movimientos surgidos en la capital regional, los cuales
apenas pudieron asumir el reto de una candidatura
provincial.
Esos movimientos carecen de una propuesta política
clara, con perspectiva de mediano y largo plazo.
Tampoco tienen una visión de desarrollo regional. Eso
restringió enormemente su capacidad para convocar a
los diversos núcleos y organizaciones locales y, al
mismo tiempo, les impidió contar con una visión
más amplia que les permitiera trascender los
límites de su referente provincial electoral
inmediato.
Igualmente han compartido un carácter coyuntural y
electoral: surgieron o se reactivaron semanas antes de las
elecciones y carecieron de una estructura organizativa que
les permitiera niveles mínimos de representatividad y
democracia.
La dispersión de las diversas corrientes
democráticas es parte de este mismo proceso y explica
el triunfo de «Vamos Vecino» en el Cusco.
La confrontación generada entre cinco listas de
oposición sólo podía causar una gran
dispersión del voto, de tal manera que al oficialismo
le bastó con algo más de 20% del apoyo
ciudadano para triunfar.
Elecciones y centralismo
En el mosaico de movimientos locales triunfadores, todos
levantaron en sus discursos la crítica al centralismo
y la exigencia de un proceso de descentralización
política, económica y administrativa.
Obviamente cada movimiento formula de distinta manera su
posición frente a este tema y tiene también un
nivel de compromiso diferenciado. Sin embargo, estas
elecciones han expresado la existencia de una voluntad
descentralista que deberá ser tomada muy en cuenta en
los próximos comicios presidenciales.
El blanco principal de los discursos anticentralistas ha sido
el gobierno. Esta actitud se explica por la
marginación de las autoridades locales como
consecuencia de la estrategia de las entidades relacionadas
con el Ministerio de la Presidencia, por el paralelismo
alentado desde ese organismo, por el recorte permanente de
funciones y recursos de los municipios provinciales, por la
permanente negativa gubernamental a iniciar un real proceso
de descentralización.
Más allá de estos elementos, en la base del
rechazo al gobierno está el resurgimiento en la
conciencia de la población de una relación
entre centralismo, pobreza y falta de desarrollo, proceso
cuyo análisis no es posible hacer en este breve
artículo.
Sería un error, sin embargo, pensar que la
crítica al centralismo se ha limitado al gobierno. La
derrota de «Somos Perú» en todas las provincias y
distritos de la región y la marginalidad evidente de
las otras fuerzas políticas legalmente inscritas, son
un buen ejemplo de la resistencia frente a una forma de hacer
política profundamente centralista y que atraviesa a
todas las corrientes políticas, cuya
denominación como nacionales, dicho sea de paso,
debería ser mejor estudiada.
La población percibe que mientras se critica al
gobierno por no descentralizar, los partidos de
oposición mantienen una estructura de dirección
y decisión profundamente centralista, así como
una visión unilateral que no entiende ni recoge las
diversas realidades y procesos que existen en nuestro
país. Esta doble actitud ha sido castigada por la
sociedad regional, que ha rechazado a todas las candidaturas
provinciales -y a la abrumadora mayoría de las
distritales- que le fueron planteadas por los partidos de
oposición, nuevos o tradicionales.
Algunas conclusiones de cara al 2000
Si bien es cierto que una cosa son las elecciones
municipales, por más contenido político que
tengan, y otra son las presidenciales, es evidente que de las
primeras podemos extraer algunas conclusiones
interesantes:
1. La descentralización se ha ubicado con claridad en
la agenda política nacional y será uno de los
temas fundamentales de la confrontación electoral del
2000. Tiene potencialidad para convertirse en factor
articulador de amplios sectores del interior del país.
No están descaminados los alcaldes electos que piensan
que es posible generar un nuevo movimiento político a
partir de este eje programático.
2. Está más o menos claro que la
reconstrucción del sistema político
democrático del país no pasa hoy sólo ni
principalmente por las corrientes políticas legalmente
inscritas. Se requiere un nuevo diseño que parta de
reconocer que la población no se siente representada
por los hoy mal llamados dirigentes nacionales. Se necesitan
estrategias que impulsen la construcción de
movimientos regionales y espacios de concertación como
base para un amplio acuerdo nacional.
3. Los movimientos locales que han surgido en este proceso
electoral, que manifiestan voluntad de hacer política
más allá de su espacio provincial o distrital,
tienen la posibilidad de proyectarse regional y
nacionalmente. Para ello deben ser capaces de abrir un amplio
debate en la perspectiva de construir una propuesta de
desarrollo regional y asumir con fuerza la bandera de la
descentralización. La unidad regional es el factor
principal si se quiere tener presencia en el decisivo
escenario político que vive el país.
Cusco, octubre de 1998.
| * Director ejecutivo de la Asociación
Arariwa. Los criterios y opiniones de este artículo
son de carácter personal y no comprometen a l10 de
noviembre de 1998 institución. |
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