La Aguarunía, el otro rostro del Perú

TAFOS
Fotografía y prensa

Textos: Rogger Rumrrill
Fotos: Virgilio Grajeda


Los Aguaruna-Huambisa pertenecen a la familia etnolingüística Jíbaro. Viven desde tiempos inmemoriables en las orillas del gran río Marañón y sus afluentes: Cenepa, Santiago, Nieva, Chiriaco, Comaina, entre otros. La Cordillera del Cóndor y Campankis son como dioses tutelares de este territorio y sus habitantes.

Los Aents, los hombres verdaderos, como también se autodenominan los jíbaro, cobraron fama en el pasado como reducidores de cabezas humanas en los ritos de la tsantsa. Rebeldes e indómitos resistieron a pie firme a invasores de toda laya: incas, españoles, caucheros y colonos de los tiempos actuales. Recién en las últimas décadas han empezado a aceptar a regañadientes en su territorio ancestral a los Apach, los de afuera.

El espacio estratégico en que habitan los Aguaruna- Huambisa, en particular la provincia de Condorcanqui del departamento de Amazonas, registra en la actualidad los indicadores sociales y económicos más pobres no sólo del Perú, sino de toda América Latina: tasa de mortalidad infantil del 88.8 por mil; ingreso per cápita de 33.95 dólares como promedio.

Para ellos, el mortal y más feroz enemigo es la pobreza y el abandono. Ahora piden, exigen, que el Estado que acaba de firmar la paz con el Ecuador les ayude a derrotar a su gran enemigo.


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