| Durante 1998 el respaldo a la gestión del presidente de la República,
descendió once puntos, consolidándose alrededor de 60% de
la desaprobación a su labor. Sin embargo, durante el presente año,
pese al agravamiento de la crisis económica, se ha incrementado
en seis puntos el porcentaje de personas que aprueban al ingeniero Fujimori.
Estas cifras parecieran encerrar una paradoja, una total contradicción.
Para desentrañar el misterio es importante tener en cuenta la agenda
que ha logrado imponer el gobierno desde principios de este año.
Después de mucho tiempo, encontramos al presidente de la
República recorriendo los caminos del Perú, acompañado
o precedido de un fuerte apoyo publicitario, de medidas que más
bien podrían catalogarse de populistas (algunas anunciadas más
de una vez, como el aumento de sueldos a los empleados públicos)
y dejando de lado temas de fondo.
En este último punto tiene, debemos reconocerlo, la complicidad
de los posibles candidatos a la presidencia, los cuales se niegan a abordar
temas sobre los que la población tiene ideas bastante definidas,
aunque por largo tiempo desoídas. Estamos refiriéndonos al
claro cuestionamiento a la política económica y laboral del
gobierno.
Mientras los medios de comunicación, por lo menos la mayoría
de ellos, insisten reiteradamente en los beneficios del modelo económico,
la población viene cuestionando cada vez más agudamente lo
actuado por el gobierno en este aspecto: el último sondeo realizado
por Imasen en el ámbito de la gran Lima muestra que sólamente
16,9% respalda la política económica, mientras 79,1% la rechaza.
A ello debemos aunar que 51,6% demanda un cambio parcial de la misma, en
tanto 40,0% requiere que los lineamientos económicos del gobierno
se modifiquen totalmente.
En lo que respecta a la defensa de los derechos del trabajador,
la situación es aún menos favorable, sólamente 8,9%
aprueba la política laboral del actual régimen.
Queda entonces claro que el respaldo a la labor presidencial se
sustenta en temas inactuales, sin restarle importancia al control del terrorismo
y la estabilidad económica, la gente comienza a pensar si ello será
suficiente como para aceptar otros cinco años de la misma receta.
Por el momento todos los esfuerzos del gobierno no han conseguido que resurja
la esperanza de la población en lo que pueda lograr el presidente
Fujimori, de allí nace la diferencia entre la curva de popularidad
y la de intención de voto, especialmente en lo que a la segunda
vuelta se refiere.
Mientras en 1995 el gobierno pudo canalizar sus éxitos
para crear esperanza en la población («ahora la meta será
la recuperación económica», fue el mensaje implícito),
actualmente debe tratar de convencer que lo no logrado entre el 95 y la
fecha, sí lo podrá realizar en cinco años más.
El elemento con el que podría contar el gobierno para revertir
esta situación no está totalmente en su poder, por lo menos,
si se atiene al respeto de las reglas de juego. Estamos hablando de la
capacidad de los candidatos alternativos para consolidarse como reales
opciones de poder. Sin los errores de sus adversarios, difícilmente
podríamos encontrarnos con un Fujimori que pudiera ganar en una
segunda vuelta.
Si esta contienda se diera entre Alberto Andrade y Alberto Fujimori,
56,7% optaría por el actual alcalde de Lima, en tanto 28,7% votaría
por la re re elección. Lo más importante de estos datos es
que aún en el sector bajo inferior, tradicional bastión de
Fujimori, el porcentaje de personas que toman distancia de la candidatura
presidencial supera al de quienes la avalarían con el voto.
La situación también sería desfavorable para
Fujimori si la contienda se diera entre él y Luis Castañeda
Lossio, en ese caso, el Presidente perdería con 32,9% frente al
51,6%.
Los asesores presidenciales pueden sentirse momentáneamente satisfecho
con la recuperación del ingeniero, pero los triunfalismos se disipan
cuando se hace un análisis inversión versus recesión.
¿Puede permitirse el presidente más retrocesos populistas
sin que se cuestione todo el modelo? ¿cuánto más puede
ser efectiva la estrategia publicitaria antes de llegar a saturar? ¿cuánto
pesará el bolsillo de los peruanos al momento de la votación?,
son algunas de las interrogantes que definirán el escenario del
2000.
* Imasen |