UNA ES LA INTENCION Y OTRA LA APROBACION

Juan Abugattas *


 
Si se observan comparativamente las curvas de intención de voto a favor del ingeniero Fujimori y la de aprobación de su gestión de los últimos 15 meses se constatará una diferencia promedio de 10 puntos aproximadamente, con algunos picos marcados. Mientras la intención de voto ha alcanzado un máximo de 28.88% en agosto de 1998 y un mínimo de 18.64% en noviembre de ese mismo año, la aprobación alcanzó su tope en enero de 1998, 42.20%, y su mínimo en diciembre del mismo año con 27.90%. La curva que registra una menor variación en ese mismo período, sin embargo, es la de desaprobación de la gestión. 

Estas cifras muestran que un sector considerable de la población de Lima y Callao, no menor en ningún caso al 50%, tiene una apreciación negativa, probablemente definitiva, del ingeniero Fujimori tanto como responsable de la presente gestión gubernamental, cuanto como potencial candidato presidencial.

 Los índices de aprobación de la gestión del presidente Fujimori pueden a su vez leerse como fruto de dos tipos de posturas diferentes. Una primera que simplemente concuerda con determinadas acciones o iniciativas puntuales impulsadas por el presidente. Una segunda, que en promedio no excede al 25% de la población, que percibe al presidente como garantía de continuidad de esas políticas que aprueba. 

Es claro que el porcentaje de personas que aprueba la gestión del ingeniero Fujimori, pero no muestra disposición a votar nuevamente por él, está a la espera de una mayor definición del panorama electoral. No se puede descartar que si esas personas no percibieran en ninguno de los candidatos inscritos una buena alternativa al actual presidente, pudieran inclinarse a votar nuevamente por él. Sin embargo, dado que la fortaleza mayor del ingeniero Fujimori en los tiempos recientes ha sido su gestión en el campo de la macroeconomía y puesto que muchos candidatos posibles mantendrán en ese aspecto un discurso similar, es difícil que algunos de ellos no sean percibidos como una carta de recambio capaz de garantizar una suerte de fujimorismo sin las turbulencias del actual fujimorismo.

 Es evidente, asimismo, que ese aproximadamente 50% de personas que no aprueban la gestión ni están dispuestas a votar por Fujimori buscarán de todas maneras una alternativa, lo que permite prever que una segunda vuelta es muy probable, dado que cualquier candidato «fujimorista» incidirá sobre la votación del actual presidente, al menos suficientemente como para que éste no pueda en ningún caso obtener más del 50% de los votos válidos.

 El comportamiento electoral del 50% de opositores consistentes del presidente bien puede repetir la experiencia del 90. Es decir, de no haber un candidato destacado en la oposición, los votos pueden volcarse espontáneamente hacia quien, al final del período de campaña, sea percibido como el «mal menor». En este panorama, un triunfo electoral del ingeniero Fujimori parece muy difícil. Por cierto, un juicio final sobre este asunto debe esperar a que se dibuje con claridad la escenografía electoral completa, pues, como se tiene dicho, la presencia de candidatos concretos en el estrado puede cambiar los referentes actuales. Cosa que, sin embargo, difícilmente podrá suceder a partir de cualquier iniciativa que el presidente pueda imaginar.

 * Universidad de Lima . DUSIC 


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