| I
Para entender el funcionamiento de la maquinaria reeleccionista de Fujimori,
es necesario observar detenidamente una escena que se repitió por
diversos puntos del interior del país en las últimas elecciones
municipales.
Un hombre, enviado desde Lima, llegaba y convocaba a los principales
funcionarios de gobierno. Desde el teniente gobernador hasta el jefe de
Foncodes, pasando por directivos de organismos autónomos como el
PRONAA e incluso coordinadores del programa de alfabetización del
Ministerio de la Mujer. La directiva era concreta: apoyar a los candidatos
de «Vamos Vecino». Nadie cuestionaba la autoridad del visitante.
Obedecían sus instrucciones y ponían en práctica el
plan descrito. El hombre explicaba los objetivos de gobierno, justificaba
la necesidad del apoyo, indicaba la forma de ayuda, resolvía problemas
de logística, disponía de efectivo para contratar servicios
o comprar lo que fuese necesario.
Era el coordinador un personaje dependiente de la cúpula del
poder, capaz de mimetizarse con el entorno social muy rápidamente.
Versiones similares fueron descritas por movimientos políticos
que impugnaron los resultados electorales en provincias. No sólo
revelan el uso de los organismos de Estado, sino el manejo de los funcionarios
públicos por parte de personajes dotados de poder. El sistema, según
todos los indicios, fue diseñado y opera bajo supervisión
de quien hoy por hoy es considerado el segundo hombre dentro del grupo
de poder del presente regimen: Absalón Vásquez Villanueva.
II
Absalón Vásquez tiene una modesta oficina en Palacio
de Gobierno, pero casi nunca aparece por allí. Una secretaria atiende
las llamadas telefónicas y recibe la documentación que le
llega. El despacho preferido del asesor está en República
de Chile, en pleno centro de Lima, un lugar de muy difícil acceso
al que solo ingresan los contactos que maneja en todo el país, a
los que encarga trabajos políticos.
Absalón capta con facilidad asombrosa a cuadros políticos
de tiendas diversas. Quienes lo han tratado le reconocen una cualidad desarrollada
para convencer a opositores políticos, sean éstos de izquierda
o del APRA. Ahora bien, es difícil definir con claridad la estructura
de la maquinaria reeleccionista a partir del trabajo de un solo hombre
(en especial si tenemos en cuenta el componente militar y los aparatos
de inteligencia que forman parte del engranaje), pero puede asegurarse
que básicamente éste consiste en un juego de relaciones de
asesores de alto nivel con el aparato administrativo de gobierno, y con
organizaciones gremiales o institucionales.
En el primer caso, lo que se busca es copar la administración
pública con funcionarios de confianza que rotan de puesto en puesto,
según se les necesite. Absalón ha logrado aquí una
gran influencia. Su tablero político incluye piezas en la mayoría
de los Consejos Transitorios de Administración Regional, a las que
maneja a través del viceministro de Desarrollo Regional del Ministerio
de la Presidencia, Freddy Moreno, ex prefecto de Huaraz y ex presidente
regional de la ex Región Chavín, tierra de la congresista
María Jesús Espinoza, fiel seguidora de Absalón desde
los tiempos del APRA.
Otra de sus fichas claves está en la dirección de gobierno
del Ministerio del Interior, donde su actual director, César Morgan
Alcalde, es el encargado de nombrar prefectos, subprefectos y gobernadores
a nivel nacional.
Morgan fue desde 1995 viceministro de Desarrollo Social y como tal manejaba
el Programa Nacional de Alimentos (PRONAA), organismo fundamental en la
relación con los comedores populares y en la vinculación
del jefe de Estado con las mujeres de los sectores populares, que fue el
escenario preferido de Fujimori para dirigir sus discursos durante la campaña
por la reelección.
Tras su salida del Ministerio de la Presidencia, Morgan fue llamado
por Absalón Vásquez para ocupar la Prefectura de Lima, cargo
que le permitió manejar la fuerza pública en marchas y mítines
en la capital. Los ex trabajadores del SITRAMUN, enfrentados al alcalde
de Lima, se beneficiaron con la permisividad de la policía durante
su período.
Otro frente de poder ganado por Absalón es el novísimo
ESSALUD (ex IPSS), que preside su primo, Manuel Vásquez. Una primera
victoria política en este campo ha sido lograr que los alcaldes
puedan pagar su cuantiosa deuda al Seguro de manera fraccionada, con intereses
promocionales o con terrenos de propiedad municipal.
La iniciativa fue presentada por la cuestionada junta directiva
de la AMPE que preside el alcalde de Chimbote, Guzmán Aguirre Altamirano,
hombre que también responde al llamado del asesor presidencial.
Pero el caso más notable del manejo de un organismo público
ocurre en Foncodes. Miguel Ventura Napa, su director ejecutivo, reemplazó,
en vísperas de las elecciones municipales, al ing. Alejandro Afuso
Higa, técnico de reconocido prestigio que fue tentado a desviarse
de los objetivos del programa, nada menos que por el mismísimo Alberto
Fujimori.
III
El caso ocurrió los primeros días de junio del año
pasado. El director ejecutivo del Fondo de Compensación y Desarrollo
(Foncodes), Alejandro Afuso Higa, fue llamado a Palacio de Gobierno. No
era raro; el presidente acostumbra despachar directamente con funcionarios
de organismos públicos descentralizados, sin que el ministro del
ramo se entere. En este caso, además, el jefe de Estado es el presidente
del directorio de Foncodes.
Luego de pasar revista a la ejecución del presupuesto unos
US$ 620 millones para ese año, e intercambiar generalidades
respecto al funcionamiento del programa, Fujimori entró de lleno
al tema que le interesaba. Sin rodeos, le señaló a Afuso
Higa la necesidad de dar «nuevos aires» a Foncodes, sobre todo
a nivel de los jefes departamentales zonales, a quienes, insinuó,
«es necesario cambiar».
«Yo soy medio necio, así que me hice el que
no entendía», confesó semanas después el
propio Afuso Higa en una conferencia, que casi no trascendió, con
la prensa extranjera acreditada en el Perú.
Aquella pincelada revelada por Afuso mostró que el deseo
del presidente era reorientar el manejo de Foncodes y ponerlo al servicio
de la campaña electoral municipal que se avecinaba.
El cambio, por supuesto, ocurrió. Foncodes se alineó
con la campaña municipal; Ventura Napa sigue en el cargo, y cuando
la ministra Rizo Patrón lo quiso remover, salió la ministra
y quedó Ventura.
IV
Pero la maquinaria reeleccionista también está formada
por piezas institucionales. Es el caso del control ejercido en la Organización
Nacional Agraria, la Asociación de Empresas Comunales, PRONAMACHCS,
y la Asociación de Municipalidades del Perú (AMPE). En este
último ejemplo, vale la pena detenerse.
«Vamos Vecino», es el frente municipal del gobierno.
Formado como proyecto electoral para las elecciones municipales de octubre
de 1998, es ahora, tras la cuasi desaparición de Cambio 90, uno
de los brazos más activos de la reelección.
La toma de AMPE, la analizamos en una nota anterior, pero lo sucedido
este año revela hasta qué punto esta institución que
representa a los gobiernos locales es importante en los planes de Fujimori.
El 16 de enero pasado la facción de «Vamos Vecino»
en AMPE realizó un congreso nacional para renovar la junta directiva
de la institución, desconociendo un acuerdo anterior que había
decidido realizar el certamen en una fecha posterior.
La información oficial señaló que asistieron
1,100 alcaldes al cónclave oficialista de alcaldes. Si tenemos en
cuenta que a nivel nacional existen 1,812 autoridades locales entre provinciales
y distritales, esto quería decir que «Vamos Vecino»
logró convocar a alrededor del 60%. Pero si en las recientes elecciones
municipales «Vamos Vecino» ganó 565 alcaldías
a nivel nacional (31%), ¿cómo logró duplicar su poder
de convocatoria en apenas dos meses de trabajo?
El promedio de asistencia a certámenes similares ha sido hasta
1996 de 400 o 500 alcaldes, 30% del número total de autoridades
locales. Esto se debe a la propia debilidad institucional de la AMPE y
a su escasa influencia política. Durante su gestión Luis
Guerrero realizó congresos con un ligero aumento de asistencia:
500 alcaldes en Huamanga; 800 en Cajamarca; 700 en Cusco; y 400 en Lima
para uno de carácter extraordinario.
Si «Vamos Vecino» logró convocar a más de
mil alcaldes y Guzmán Aguirre Altamirano fue electo presidente de
la AMPE con más de ochocientos votos, estaríamos ante un
fenómeno político de envergadura. En sólo dos meses
«VV» habría convencido a un número similar de
alcaldes al que logró ganar en las elecciones municipales.
Pese a todas estas incongruencias, ventilándose en el poder judicial
un juicio contra Guzmán Aguirre Altamirano por usurpación
de funciones, Fujimori recibió en Palacio de Gobierno hasta en cuatro
oportunidades a esta ilegímima junta directiva de la AMPE.
V
Que el jefe de Estado tome partido por una directiva cuestionada,
sin importar la decisión del poder judicial sobre la materia, revela
no sólo una falta de respeto a las instituciones del país
sino un deseo de avanzar en el terreno de las instituciones de la sociedad
civil.
El mensaje a los alcaldes es claro: «El Poder soy yo».
Guerrero propuso los mismos proyectos que ahora presenta Guzmán
Aguirre, pero no le hicieron caso. Ni siquiera logró que el Congreso
discutiese la Ley Orgánica de Municipalidades aprobada en dos congresos
nacionales. Federico Salas hizo una cabalgata hacia Lima y no fue recibido
por el presidente. Dos años después, cuando el alcalde huancavelicano
no esconde sus pretensiones de llegar a mayores en política, es
objeto de amenazas y su gestión edil de zancadillas.
Mientras esto ocurre, el vicepresidente Ricardo Márquez ¿pensando
en el «fujimorismo sin Fujimori»? parece animado a trazar
su propio juego y alienta la formación de un movimiento político,
«Poder 2000», enraizado en grupos sociales ligados a pequeños
y medianos empresarios. Pero, como siempre, hay quienes señalan
que otros grupos como «Perú al 2000» y «Alternativa
Democrática» están siendo a la vez impulsados por el
incansable Absalón con miras a aglutinar aa adiversos sectores sociales
en movimientos de fachada que compitan con otras agrupaciones por la llegada
al Parlamento. Aunque esta última versión resulte extraña,
de lo que nadie duda es de que la maquinaria reeleccionista bien puede
no ser un reloj suizo, pero funciona.
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