| Una condición necesaria para la reelección del ingeniero
Fujimori es que la situación macroeconómica se presente como
«buena» para los electores. En su anterior elección,
en 1995, Fujimori presentó dos cartas con las que dejó de
lado a sus competidores: fuerte crecimiento económico y baja inflación.
Si esas condiciones macroeconómicas volviesen a presentarse en las
elecciones del 2,000, Fujimori podría volver a triunfar en ese proceso
electoral.
LAS NUEVAS CONDICIONES INTERNACIONALES
En 1994, año anterior a la última elección
presidencial, el ingreso de capitales fue de US$ 3937 millones, las Reservas
Internacionales Netas (RIN) del Banco Central de Reserva (BCR) se elevaron
en US$ 3034 millones y los términos de intercambio (precios de exportaciones/precios
de importaciones) subieron en más de 10 por ciento. El ingreso de
capitales indujo un mayor crédito bancario en moneda extranjera
que facilitó la reactivación. Además, la holgura fiscal
producto de la privatización de las empresas públicas permitió
al gobierno establecer una política fiscal fuertemente expansiva.
Finalmente, el BCR contribuyó también a la expansión
económica con una política monetaria expansiva. De esta manera,
el gobierno del ingeniero Fujimori ganó con suma comodidad las elecciones
presidenciales de 1995.
Actualmente la situación externa es totalmente distinta.
El ingreso de capitales privados se ha reducido de US$ 5847 registrados
en 1997 a tan solo US$ 2377 millones en 1998. Durante 1998, las RINs del
Banco Central de Reserva se han reducido en casi US$ 1000 millones y los
términos de intercambio han descendido en más de 13 por ciento.
Con menores ingresos de capital los bancos locales tienen menos fondos
para prestar, produciendo el estancamiento de la actividad económica.
Las condiciones internacionales jugaron a favor de la reelección
de Fujimori en 1995, y ahora están jugando en su contra.
RECESION, REELECCION Y LAS OPCIONES DE POLITICA
Desde setiembre del año pasado, coincidiendo con la crisis
de balanza de pagos rusa y la interrupción consecuente del ingreso
de capitales, la economía peruana ha entrado en una fase de profunda
recesión. El PBI de los sectores vinculados al sector urbano e intensivos
en mano de obra (industria no vinculada al procesamiento de recursos primarios,
construcción y comercio) ha caído en los últimos tres
meses a tasas entre 8 y 10 por ciento anual. La magnitud de esta recesión
es sólo comparable a la registrada en agosto de 1990, mes del fujishock,
y a la de setiembre de 1988, en el gobierno de García.
La respuesta del gobierno en esta coyuntura recesiva combina,
en términos generales, una política «monetaria»
expansiva, tratando de proveer liquidez a los bancos a través de
COFIDE, con una política fiscal restrictiva.
El problema con la política monetaria expansiva es que puede
ser ineficaz en un contexto de recesión en el que la elevada cartera
pesada de los bancos y la mala situación de las empresas se combinan
e inducen a los bancos a no prestar, aun cuando tuvieran liquidez. A este
problema se agrega la necesidad de los bancos de obtener fondos para cumplir
con sus obligaciones de corto plazo con el exterior. De esta manera, se
está observando una suerte de «trampa de liquidez» que
limita poderosamente el rol de la política monetaria para sacar
a la economía de la recesión. Los bancos necesitan observar
primero una reactivación para reanudar sus préstamos.
La política fiscal, según el jefe de asesores del
Ministro de Economía, tampoco se usará para enfrentar la
recesión. Carlos Paredes ha declarado que «el gobierno, sin
ninguna necesidad de hacerlo, se está atando las manos en un año
preelectoral para darle una muestra al mundo del compromiso del país
con la estabilidad macroeconómica» (Gestión, 19/03/99).
La meta de superávit primario como porcentaje del PBI sería
de 0.8 por ciento del PBI para este año. Esta meta asegura que la
política fiscal de 1999 agudizará la recesión, tal
como se viene observando en los primeros meses del año.
Según el vicepresidente del Congreso, Carlos Blanco, el
gasto público se ha reducido en términos reales en un 10
por ciento en el primer bimestre de este año, porque la recaudación
ha caído. Como todo indica que esta tendencia de caída de
recaudación continuará durante el año, presumiblemente
el gobierno seguirá reduciendo sus gastos, con lo que la recesión
estaría asegurada.
Entonces, ¿cómo piensa ganar las elecciones el ingeniero
Fujimori?
Sobre este punto tengo dos hipótesis. La primera es que
el gasto público empezará a crecer con fuerza recién
a partir del segundo semestre de este año, después de la
firma del convenio con el FMI. La política de mayor gasto público
pasa inevitablemente por rebajar apreciablemente la meta de superávit
primario. La segunda hipótesis es más ingenua: el ingeniero
Fujimori no va a ser candidato en el 2000 y por eso no está haciendo
lo necesario para derrotar a la recesión.
* Coordinador de la especialidad de Economía de la PUCP |