SONIDO DEL SILENCIO
Max Robles
No habían terminado aún los comentarios sobre la sorpresiva -y para algunos extemporánea- renuncia de Nicolás Lúcar, cuando en Panorama, único programa periodístico de domingo en la noche que quedaba en lisa, surgió un entrampamiento entre los dueños del canal y el equipo que dirige Eduardo Guzmán. La empresa decidió vetar un reportaje, al parecer demasiado sabroso, sobre los vaivenes políticos de la nueva estrella de la televisión peruana: Laura Bozzo, reina y señora de los talk shows en nuestro país y sospechosa para ciertos sectores (Somos 5/6/99) de haberse convertido en la nueva engreída de los estrategas psico-sociales de Palacio y Las Palmas.
Pero las denuncias de presiones -cuando no persecuciones- contra los periodistas de la televisión y el cierre de sus programas sólo son el iceberg del agitado mar de fondo que vive la televisión nacional a fines del primer decenio del fujimorato. Y es que a diario son pasto para la comidilla de los periódicos chichas, y de los serios también, los entretelones de cancelaciones de programas, incluso de muy larga data como Risas y Salsa de Panamericana; los jales de un canal a otro (parte del equipo de la Revista Dominical está ahora en Astros mientras Hildebrant continúa congelado) y hasta las poco elegantes declaraciones de insolvencia (Canal 9) son motivo de comentario y de interés del público, como diría un sociólogo, que va desde el más puro A/B hasta el más extremo D.
Felizmente que para entender qué está pasando con nuestra televisión no tenemos que remitirnos a las profundas teorías sobre el control social a través de los medios de comunicación. En el Perú las cosas son más sencillas -y por lo tanto más complicadas -. Se trata simplemente de que el régimen tiene que re-reelegirse y sabe que esto no será posible si no tiene el control absoluto de las pantallas. ¡Si hasta Lúcar resultó incómodo!
Ahora bien, al igual que todas las empresas peruanas (y por lo tanto los empresarios), las televisoras están pasando las de Caín para no quebrar y hasta pagar los sueldos se ha convertido en una tarea de Sísifo. Los anunciadores, que no están mejor y que todavía pueden darse el lujo de anunciar en TV, pagan tarde, mal, y muchos con letras que los bancos no aceptan. A su vez los proveedores, incluyendo las transnacionales que venden el material enlatado, ya no pueden estirar más las cobranzas y -como el caso del mexicano Angel González y Andina de Radiodifusión (Canal 9)- se cobran en acciones para terminar convirtiéndose prácticamente en dueños de la empresa. Tal es la situación, que hasta se dice que en Miami José Enrique Crousillat montó en cólera al enterarse de que Cesar Hildebrant había difundido una conversación entre su heredero José Francisco y Daniel Borobbio y luego Vladimiro Montesinos. Lo que suscitó tal cólera no fue que el público se hubiera enterado de que el «Tío Vladi» dictaba por teléfono el orden de los titulares en el noticiero de su canal, sino que José Francisco aclarara al publicista argentino que su canal no debía 80 millones de dólares sino... ísólo 60 palos verdes! Presuroso, el patriarca de la familia habría tomado el primer avión para Lima únicamente para confirmar que bajo la administración de su primogénito, el "Canal de las Estrellas", además de un fabuloso rating tenía una no menos fabulosa planilla que según la afiebrada imaginación de algunos incluiría los 80 mil dólares mensuales que se le pagó durante casi un año a Raúl Romero por un programa que no duró más de un mes en la pantalla.
Y es que así como cuando llueve todos se mojan, por más que el Canal 4 en los últimos años haya adelantado de largo y por muchos cuerpos en rating al resto de canales, no obtuvo -en medio de una economía recesada hasta el ahogamiento- un nivel de ingresos tan superior al de sus competidores, pero sí de gastos para mantener a las «estrellas» de sus promociones. Así las cosas, la época de las vacas flacas llegó al canal de Mariano Carranza y con ella los despidos y cancelaciones de programas. Ahora por esos predios ya es normal tener hasta cuatro quincenas de atraso e incluso los proveedores de material para novelas, rubro de producción siempre solvente, se quejan de no estar cobrando a tiempo. Y éste es el canal de mayor éxito en la década, aunque parece también el más endeudado, a tal grado que circula la anécdota de que cada día, cuando Crousillat se despierta y pone un pie en el suelo, ya está debiendo 35 mil dólares más en intereses.
Por su parte su tradicional competidor, el Canal 5, aparentemente menos endeudado, hace poco más de un año que es conducido por un empresario ajeno a las telecomunicaciones. Ernesto Schutz, su actual propietario, entró al negocio cuando su concuñado Manuel Delgado Parker y los hijos del desaparecido Héctor Delgado no pudieron hacer frente a la arremetida de Genaro por el control de la empresa familiar. Actualmente Schutz contaría con el 70% de la empresa, mientras que Genaro no llegaría al 30% de la misma. El resto de los Delgado, incluyendo a Manuel, sólo se han quedado con Radioprogramas del Perú y han fundado una nueva emisora musical.
"El ingeniero", como se le conoce a Schutz en Panamericana, si bien habría puesto en orden su nuevo negocio, sería un cirujano poco afecto al uso de la anestesia. Testigos de ellos son figuras señeras del canal de la avenida Arequipa, como Humberto Martiez Morosini, quien terminó emigrando al canal de la competencia cuando se le anunció que su sueldo sería rebajado. El mismo camino", forzados por una ruda política de reducción de costos siguieron otras figuras y hasta programas de larguísima trayectoria en el primer lugar del rating, tales como Risas y Salsas, reemplazados por los mucho más económicos Ambulantes de la risa.
Pero si la administración de «El Ingeniero» en el Canal 5 no tiene mucho glamour por la cantidad de estrellas perdidas, se dice que nadie en el medio puede negar que hasta ahora él ha cumplido religiosamente con pagar todas las quincenas. Sus envidiosos competidores dicen que esto es posible porque tiene otras empresas donde consigue recursos pero lo cierto sería que sus dolores de cabeza tienen un origen más pernicioso y peligroso: los varios juicios que todavía tiene con Genaro Delgado Parker por la propiedad de Panamericana. En un país con un Poder Judicial totalmente sujeto al poder político, es más que letal poner en sus manos una decisión en la que está en juego una inversión de decenas de millones de dólares como es el caso de Panamericana. Eso lo saben bastante bien tanto Schutz como Delgado Parker ,sin necesidad de preguntarselo a Baruch Ivcher.
Esta situación explicaría de la manera más sencilla a qué «presiones» se refería Genaro cuando -según lo contó el propio Cesar Hildebrant - se sinceró con él respecto a las razones por las que su programa no seguiría en el aire. Y es que el otrora todopoderoso broadcaster peruano, fuera de Panamericana apostó por crear una productora ("Astros") que le vendiera material al resto de canales y además tuviera el suyo (Canal 13) dedicado exclusivamente a las noticias, con el sueño de formar la "CNN peruana". Hace casi dos años, cuando nada de esto funcionaba, Delgado Parker optó por el salto hacia delante y decidió "calentar la antena" del venido a menos Canal 13 contratando a estrellas como Gisela Valcarcel, Mónica Zevallos, Cesar Hildebrant, Guido Lombardi, Alfredo Barnechea, etc. Las cosas siguieron sin funcionar para él y lumbreras como la señora Valcarcel se apagaron y dejaron de ser «la reina del mediodía» para convertirse en la popular «6 puntos», como la bautizó la cáustica Magaly Medina.
Para mala suerte de Delgado, lo que más rating le daba, Enlace Global con Cesar Hildebrant, era precisamente lo que más problemas políticos le causaba. Así es como su proyecto empezó a languidecer, su credibilidad se fue con el equipo de Hildebtrant y sólo después de varios meses de sequía financiera y el alejamiento de las estrellas por falta de pago, «Astros» ha decidido relanzarse con ayuda de un «mago» como Tony Kamo y algunas estrellas menores del parnaso nacional como Katia Balarín, Micky Rospigliosi, «Chibolín» y «Beto» Ortiz prometiendo hacer «televisión blanca» (¿?). ¿Y Hildebrandt? Bien gracias. Mientras no lo saquen de la congeladora el 13 recurrirá al equipo de la Revista Dominical, pero eso sí, sin Lúcar pues su suegro se ha encargado de enviar una carta a todas las televisoras nacionales en la que afirma que si contratan a su yerno tendrán que pagarle los 2 millones de dólares de la penalidad por su renuncia intempestiva. Si bien Nicolás Lúcar puede estar molesto porque su suegro (a quien públicamente le ha confesado tenerle un especial cariño y respeto) no lo deja ganarse la vida, no puede negar que lo tiene muy bien valorado: 2 millones de dólares. Definitivamente ese chico valía oro.
Pero Genaro Delgado también tiene problemas judiciales con el ubicuo Angel González por la administración de canal 13, donde se supone que eran socios, y con su familia por la venta de sus acciones de Tele2000, lo que demuestra que en el negocio de la TV eso de ser familia no significa nada. Si no, que lo digan los Vera cuyo canal, el 9, terminó en la insolvencia luego de un público y poco elegante diferendo entre el ingeniero Julio Vera Gutiérrez y el resto de su familia encabezada por «Julito» Vera Abad y su madre, la señora Graciela.
Esta no sería la situación de los hermanos Winter, que siguen tan unidos como antes pero con un canal que está muy lejos de ser el que malamente heredaron de Ivcher. La crisis en el 2 se ha manifestado con la pérdida de brújula expresada en los contínuos cambios de responsables periodísticos (desde Julián Cortez hasta Guillermo Thorndike). así como en las variaciones de programación y un hasta ahora no explicado alejamiento temporal de su máxima estrella: Magaly Medina. Lo cierto es que para los Winter la televisión no resulto ser el gran negocio que imaginaron en la época de Baruch Ivcher. Incluso se dice que el paso de su gerente general Marcelo Marcilio a «Astros» se habría producido al no cumplirse varias de las proyecciones que éste había hecho sobre la marcha del canal.
En medio de este triste panorama es indudable que un anunciador como el Estado, mejor dicho el gobierno, que si quiere puede pagar en efectivo o a 30 días sus avisos, es quien tiene la sartén por el mango. Y quien no quiera alinearse, sencillamente puede perderlo todo en un santiamén. ¿Qué canal que tenga una fuerte deuda con la SUNAT podría darse el lujo de presentar un informe crítico sobre esta institución sabiendo que puede «canjear» la deuda por avisos? ¿Algún medio podría explicar al televidente cómo el gobierno ha confiscado sus aportaciones al sistema de salud si sabemos que existe un paquete publicitario de lanzamiento de E Salud que suma varios miles de dólares? ¿Creen ustedes que se le permitiría a un periodista elaborar un reportaje sobre el manejo que hace el «Tío Vladi» del Poder Judicial, si precisamente se encuentra en sus manos la capacidad de ordenar una sentencia que podría modificar en uno u otro sentido la propiedad del canal?. Ya lo dijo Enrique Zileri (La República 13/6/99) «...evidentemente en medio de una crisis económica los canales de televisión son mucho más vulnerables. Los medios corren la suerte del mercado, con esta fortísima recesión se les puede presionar económicamente». «¿O a usted le sobra la plata?»
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