WWW.SENDERO.ORG

Eduardo Toche

En el Perú la guerra prácticamente ha terminado para Sendero Luminoso y el MRTA. Pero no en la red mundial, donde sobre todo la organización de Abimael Guzmán libra una curiosa batalla dentro del movimiento internacional de la que es parte.

Hace ya buen tiempo se hizo público que las organizaciones subversivas armadas peruanas tenían una presencia muy activa en Internet. Sin embargo, casi nadie reparó en las posibilidades que les ofrecía este circuito de información hasta diciembre de 1996, cuando un grupo de emerretistas asaltó la residencia japonesa en Lima.

El hecho movilizó a la prensa mundial, que en su búsqueda de datos pronto tuvo que enfrentarse con una actitud más bien lacónica y poco propensa a la difusión de información de las autoridades peruanas.

La escasez de noticias ofrecidas por las agencias oficiales originó muchos conflictos, que se agravaron cuando los medios de prensa -en su búsqueda de fuentes alternativas- encontraron y usaron para la elaboración de sus reportes la perspectiva de los asaltantes.

No era difícil acceder a ellos. Para entonces, tanto el MRTA como Sendero Luminoso ya eran conspicuos operadores en la red mundial, a través de la cual emitían y hacían circular a gran velocidad sus versiones de los hechos, aprovechando al máximo todas las vías posibles que ofrecía Internet.

Los subversivos peruanos y sus simpatizantes en el exterior -los «comités de apoyo a la revolución en el Perú»- generaban una serie de páginas web desde distintos puntos de los Estados Unidos y Europa.

Éstas, a su vez, se potenciaban con los enlaces -links- que establecían con otras páginas, mantenidas por organizaciones cercanas a ellos, en las que se reproducían sus documentos y material propagandístico.

En el caso específico de Sendero se agregaba el uso de los denominados «foros de discusión», es decir la conexión a través del correo electrónico para exponer y debatir sus puntos de vista.

Con el transcurso del tiempo parte importante de este aparato se fue desactivando. No podía ser de otra manera. La circunstancial importancia que adquirió el MRTA con la toma de la residencia japonesa no podía esconder, finalmente, su franca descomposición.

Por eso, las numerosas páginas que hacían propaganda a esta agrupación, muy dinámicas durante los meses que duró la toma, empezaron a desactualizarse hasta perder finalmente vigencia. Hoy sólo una tiene relativa actividad, Voz Rebelde, que publica sus documentos cada cierto tiempo.

Algo parecido le ocurrió a Sendero. Sus páginas más conocidas, las que se originaban en Estados Unidos, no han incorporado nueva información en los dos últimos años. Sin embargo, a diferencia del MRTA, una buena parte de su sistema de información en la red mundial aún continúa funcionando.

Actualmente cuenta con algunas páginas web alimentadas desde Dinamarca e Inglaterra por el denominado comité Sol Perú, así como con la propaganda y documentación que inserta el denominado Movimiento Popular Perú desde Suiza, Suecia y Estados Unidos. También utiliza todavía las páginas de algunas organizaciones que le son afines, como el PCR norteamericano, que pertenecen al llamado Movimiento Revolucionario Internacional (MRI); y sigue usando el correo electrónico como medio de difusión y debate.

SACÁNDOLE LA VUELTA A LA REALIDAD

No deja de ser extraño que Sendero, siendo una organización derrotada y desestructurada, aparezca con cierta vitalidad en Internet. Podría decirse, a modo de explicación, que tiene a su favor la cobertura que puede otorgarle un movimiento maoísta internacional que es ínfimo pero, al parecer, está bien organizado. Pero, si bien este factor puede ayudar a entender lo que pasa, no es suficiente.

Si un principio de la información se resume en la frase «garbage in, garbage out» -en otras palabras, el producto está determinado por los insumos- entonces, ¿qué tendría Sendero para propagar en estos momentos, cuando la realidad solo muestra su derrota incuestionable?

Cuando se lee sus documentos, y sobre todo sus «partes de guerra», sin tener la posibilidad de contrastar lo que allí se dice con otros puntos de vista y sobre todo con la realidad, se puede concluir en una apreciación exactamente opuesta a la que tiene cualquier peruano sobre la situación de esa organización.

«Equilibrio estratégico», «derrota inminente del Estado», «golpes decisivos a las fuerzas de la reacción» e, incluso, la formación de una «república popular del Perú» son algunas de las frases que los senderistas utilizan una y otra vez para anunciar el triunfo de su «revolución».

Todo esto podría parecer descabellado y sólo demostraría el desvarío de los senderistas en el exterior, si es que no asumimos por un momento la lógica que utilizan para realizar esta transformación de la realidad, de una concreta a otra virtual.

Existen al menos dos elementos que se aplican en esta operación. La primera es la perspectiva utilizada por el MRI a escala mundial para definir el campo de la informática y la acción que deben realizar allí.

No es un secreto que a medida que Internet fue adquiriendo importancia las organizaciones pertenecientes al MRI empezaron a interesarse en la posibilidad que les ofrecía este instrumento para generar y diseminar información.

De esa manera, evaluaron que Internet bien podía servir no sólo para la propaganda de aquellos partidos que por diversos motivos no tenían oportunidad de exponer sus puntos de vista, sino también para la articulación rápida y efectiva de sus miembros, algo muy valioso en una situación como la actual, donde impera un ambiente adverso para sus intereses.

Ejemplos de estos esfuerzos son las diversas páginas web, denominadas «proyectos documentales», en los que han centralizado sus materiales destinados a la propaganda y el debate. En el caso de los maoístas, entre los cuales está incluido Sendero, la página http://www.maoism.org vendría a ser su logro más importante hasta este momento.

La segunda cuestión tiene un sentido más abstracto. La lucha por la información es, desde la óptica de estas organizaciones, el ámbito en que se desarrollará la principal contradicción entre «reaccionarios» y «revolucionarios» en el futuro inmediato.

Así, asumen que la lucha de clases se desplazará hacia los sistemas de producción y difusión informática, donde el ciberespacio se presenta como la dimensión crucial que debe ser «ganada» a toda costa (un desarrollo de esta perspectiva lo encontraremos en la página http: //www.leninism.org).

Conforme a estas premisas, no es difícil suponer que la acción política de los miembros del MCI se apoyará cada vez menos en la realidad concreta y tenderá cada vez más hacia la «virtualización». En otras palabras, en un ambiente de interconexión global, en el que el usuario no tendrá mayores recursos para verificar la información que consume, la construcción de una realidad alternativa que otorgue ventajas al «proletariado» y destruya al «enemigo de clase» en los circuitos informáticos mismos, será el aspecto determinante.

Como se ve, Sendero no está tan perdido en el ciberespacio como pudiera parecer a simple vista. El sentido que tiene la transformación de su derrota real en un triunfo «virtual» guarda perfecta sintonía con la óptica que hemos venido describiendo.

Mediante el web Sendero intenta continuar con su guerra por otros medios, justo en el momento en que sus posibilidades de poner coches-bomba o realizar acciones armadas son casi nulas. Identificar enemigos y hacerles la guerra desde una computadora es, entonces, la manera que usa ahora para demostrar que «el partido subsiste a pesar de todo».

Se podrá dudar de los efectos prácticos de la dimensión «virtual» en la que se desenvuelven los senderistas. Seguramente no provocará las víctimas y los daños materiales que dejó su actividad en los años anteriores, pero sí generará una corriente de opinión favorable a sus intereses que, en el mediano plazo, puede llegar a ser importante; no sólo entre los usuarios del exterior que no tienen manera de comprobar la veracidad de la perspectiva senderista, sino también entre los peruanos.

Finalmente, hemos estado aceptando democracias virtuales, justicias virtuales, economías virtuales, ¿qué nos inmuniza, entonces, frente al terrorismo virtual?


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