Política, poder y mujeres en el Perú de los noventa
¿LLEGAMOS TARDE A LA FIESTA?
Liuba Kogan

No podemos negar que vivimos en los últimos años una situación de apatía política y de descrédito del sistema político partidario. Sin embargo, curiosamente este nuevo escenario político ha propiciado la aparición de una agenda de temas de la mujer y nuevas formas de participación de las mujeres en el poder.

¿Es que siempre llegamos tarde a la fiesta? Parece ser un hecho que cuando una actividad masculina pierde prestigio, las mujeres encuentran oportunidades. Por eso, el debilitamiento de los partidos políticos - que fueron espacios típicamente masculinos -, ha permitido a las mujeres nuevas condiciones para canalizar demandas e intereses.

De otra parte, la presión por incorporar el tema de la mujer en la agenda gubernamental y en la agenda política nacional ha permitido el incremento del número de mujeres en los poderes del Estado y la reciente promulgación de la Ley de cuotas,  que establece la obligatoriedad de incluir como mínimo un 25 % de mujeres en las listas electorales.  Hoy en día, de los 32 ministros y viceministros, 9 son mujeres. Éstas ocupan el 24% del total de cargos de gobierno local. Y el número de parlamentarias elegidas en 1995 (13 mujeres sobre 120 representantes) no se aleja de los estándares mundiales: las mujeres ocupan sólo el 10% de los escaños parlamentarios, 14 % de los puestos administrativos y ejecutivos, y 6% de los cargos en gabinetes nacionales en el ámbito  mundial .

La opinión pública peruana -con variaciones regionales significativas- valora de manera significativa al creciente, pero relativamente pequeño, número de mujeres que ejercen poder desde el aparato estatal,
«… en relación a los hombres en el ejercicio político, las mujeres son consideradas más honestas (64%); se preocupan más por los pobres (58%); son mejores administradoras (49%); y lo que es destacable, son percibidas como menos autoritarias que los hombres. En efecto, a pesar de los casos ejemplares de autoritarismo femenino que exhibe este gobierno, los hombres son percibidos como más autoritarios (62%) que las mujeres.»

En este panorama estadísticamente favorable, sin embargo, hablar de mujeres en general, es una trampa. ¿Quiénes están en el poder? ¿Qué tipos de mujer acceden al poder? ¿Qué discursos políticos manejan? ¿Proponen en su práctica nuevas formas de ejercicio del poder? Señalemos, en principio, que la inclusión de mujeres en las listas electorales no asegura su elección y que aún en el ejercicio del poder  esto no asegura la aparición de una agenda de la mujer desde una perspectiva no tradicional.

Las mujeres que están en el poder  parecen agruparse en tres categorías. Las profesionales que ocupan puestos técnicos, pero que no esgrimen un discurso político, sino más bien técnico. Muchas de ellas coquetean abierta o discretamente con el neoliberalismo y su llegada al poder parece responder a convicciones personales y a una carrera profesional de prestigio. La segunda categoría está compuesta por mujeres con trayectorias profesionales muy diversas, pero que comparten como característica en común su incondicionalidad hacia el gobierno y la ausencia de un discurso político estructurado. El tercer grupo lo componen las mujeres que llegaron al poder como parte de un movimiento o partido político de la oposición. Finalmente, las grandes ausentes son las mujeres que manejan discursos de izquierda y/o las feministas. La negativa de colaborar con el actual gobierno, discursos poco atractivos para la población o la incapacidad para posicionarse adecuadamente en las listas electorales pueden explicar esas ausencias en los poderes del Estado.  Sin embargo, desarrollan una importante labor de lobby respecto de las mujeres que se encuentran en el poder, proponiendo temas, perspectivas y proyectos de leyes.

Digamos, pues, que la presencia de mujeres en la política tradicional no nos asegura un modelo «nuevo» de hacer política, aunque sí muchas veces la posibilidad de poner en agenda temas relativos a la problemática de la mujer. ¿Pero quiénes son esas mujeres que ejercen poder desde el aparato estatal?  Proponemos una clasificación que toma en cuenta la diversidad de estilos de femineidad que conviven en la política peruana.

7 MANERAS DE SER MUJER EN LA POLÍTICA PERUANA
 

  • LAS YUPPIES FEMENINAS: mujeres de edad mediana, cuyo arreglo corporal es impecable y que se presentan como mujeres eficientes profesionalmente y bellas. Usualmente no están casadas, aunque translucen una intensa vida afectiva. Por ejemplo,  Beatriz Boza, Sonia Goldemberg y Susana de la Puente.
  • LAS SEÑORAS DE CLASE MEDIA: mujeres de edad mediana, que se acercan en gran medida al rol tradicional de mujer. Aparecen como mujeres profesionales de clase media que han incursionado en política, pero que no han olvidado ser madres y esposas. Se visten de forma más o menos conservadora. Por ejemplo, Luz Salgado.
  • LAS MUJERES MASCULINIZADAS: son mujeres que aparecen encarnando agresividad, escasa coquetería y una actitud que, desde los estereotipos de género, podríamos llamar masculina. Aquí lo que prima no es el arreglo en la vestimenta, sino los gestos y la actitud personal. Por ejemplo, Martha Chávez, Luisa Cuculiza y Martha Hildebrandt.
  • LAS CARICATURAS DE LA FEMINEIDAD: Mujeres como Susi Díaz, que convierten su corporalidad en el kitsch de la femineidad.
  • LAS DISCRETAS ANDRÓGINAS: Mujeres que mantienen un equilibrio entre una asertividad masculina y una gracia femenina. Su vestimenta y sus gestos son discretos. Por ejemplo, Anel Townsend.
  • LAS MUJERES SOLTERAS: son mujeres de edad mediana, todavía en «edad casadera»,  profesionales eficientes, que lamentan haber dejado pasar la posibilidad del matrimonio. Por ejemplo, Lourdes Flores Nano y Beatriz Merino.
  • LA MATRONA: especie en extinción. Antiguas primeras damas de la nación, funcionarias o parlamentarias. Al margen de su eficiencia, su presentación corporal corresponde a la de la maternalidad exuberante. Recordemos a la Dra. Kanashiro.
Es evidente  que las mujeres se han hecho más visibles en el espacio político a partir de estos modelos de femineidad. Sin embargo, no sabemos si las mujeres serán capaces de transformar la forma de hacer política y con ello cambiar la percepción negativa que tenemos los peruanos sobre élla. Puede suceder, simplemente, que en los próximos años, a medida que aumente el número de mujeres que ejerzan poder en el aparato estatal, se alineen con la forma tradicional, o sea masculina, de hacer política.
 


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