Argentina:
¿NOVEDAD O RENOVACIÓN?
Rosalba Oxandabarat *
Pese a las especulaciones en torno a las elecciones argentinas y uruguayas, asimilando la imagen del EP-FA a la de la Alianza, ésta en realidad se parece mucho más a la Concertación chilena. En ambas son más fuertes los componentes de centro, mientras que en el EP-FA la marca de izquierda es muy profunda, por la presencia de partidos marxistas y de ex-guerrilleros. El Frepaso, la izquierda de la Alianza, no contiene partidos marxistas sino componentes de raíz reformista, luchadores por los derechos humanos, como Graciela Fernández Mejide, demócrata cristianos y grupos que vienen del peronismo, como Carlos Chacho Álvarez.Según el investigador argentino Juan Carlos Portantiero1, el voto por De la Rúa es claramente contra Menem y su política económica.
El pueblo argentino se dio cuenta de que la estabilidad monetaria, la gran pancarta del menemismo, ya es algo conquistado, como sabe que a partir del gobierno de Raúl Alfonsín quedó establecida la institucionalidad democrática. Durante la segunda presidencia de Menem se advirtió que la estabilidad y la convertibilidad no resolvían todo, y que su saldo era una gran desocupación. Según Portantiero, la distancia de 10 puntos entre la Alianza y Menem se explica porque mientras se consolidaba la coalición de centroizquierda (el radicalismo y el Frepaso), se rompía la de centroderecha. El exministro de Economía, Domingo Cavallo, había acercado el justicialismo a la cúpula de la sociedad -que históricamente sintió asco por las «hordas peronistas»- y su ruptura con Menem en 1996 le costó a éste un 10 por ciento de votos.En esta Argentina de fines de siglo, la relación de los ciudadanos con los partidos políticos cambió sustantivamente. Según explicó Portantiero, ya no vale tanto el voto de identidad sino el de opinión. Las encuestas demuestran que a principios de la reinstalación democrática casi un 90 por ciento de la población se sentía representando por alguno de los dos grandes partidos. Las últimas encuestas, en cambio, muestran que el 70 por ciento se considera independiente. Pese a esto, el 80 por ciento del electorado fue a votar, lo que demuestra que la gente se sigue tomando esto en serio. El peronismo expresó históricamente un imaginario de cambio en la sociedad argentina. Pero en 1983 triunfó el radicalismo, probablemente porque al peronismo no se le tiene «confianza democrática» aunque sí confianza social. En 1989, después de la hiperinflación, esta confianza acordó el triunfo a Menem, pero su gobierno ha fallado en satisfacer expectativas sociales. Menem cambió absolutamente la política redistributiva de Juan Perón, el proteccionismo por la apertura total y la tercera posición a nivel internacional por una relación intensa y privilegiada con los Estados Unidos. En lo que hay continuidad es en los métodos, el desprecio por la forma republicana, la vocación hegemonista en la política, y cierto hálito de corrupción que rodea al gobierno, señala Portantiero. «Su candidato en la última elección, Eduardo Duhalde, quiso reparar esto, parándose en un lugar ambiguo e incómodo dentro del justicialismo, pero su oposición al menemismo no resultó creíble. La gente votó esta vez por un cambio y cambiar significaba sacar al menemismo del poder».
La gente de Fernando de la Rúa recibe un país con un déficit fiscal que se calcula del orden de los diez mil millones de dólares para el año próximo, y debe resolver problemas institucionales, económicos y sociales muy fuertes, que el menemismo agudizó hasta el paroxismo. De la Rúa, un hombre de apariencia austera, deberá revertir muchas cosas: desde la farandulización de la vida política a la extendida desconfianza frente a la corrupción, desde la recomposición institucional -el menemismo tuvo muy poco respeto por la división de poderes- al gran fantasma de la desocupación. Los programas de ajuste económico dejaron una tasa promedio de desocupados que subió del 4 al 17 por ciento, lo que implica, sumando las cifras de subempleo, un 30 por ciento de la población económicamente activa con problemas laborales. La inseguridad urbana, el aumento del consumo de drogas y los problemas en educación y salud oscurecen aún más este panorama de fin de siglo de una de las naciones que, cuando comenzó éste, ocupaba un lugar preponderante en la economía mundial.
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1 Portantiero estuvo en Uruguay, a inicios de diciembre, participando del seminario internacional «Elecciones, política y sociedad de América Latina en los albores del siglo XXI», organizado por la Facultad de Ciencias Sociales, Departamento de Sociología.* Periodista del semanario Brecha, Montevideo, Uruguay. Residió varios años en Lima, donde laboró en El Caballo Rojo (suplemento de El Diario de Marka) y en las revistas 30 días y El Buho.
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