SAN MARCOS: OTRAS VOCES, OTROS ÁMBITOS
Martín Paredes
«Y por qué San Marcos ya no era lo que había sido: porque desde el golpe de Odría los dirigentes eran perseguidos y los centros federados desmantelados, y porque las clases estaban llenas de soplones matriculados como alumnos...». Excepto por la mención a Odría, éste párrafo de Conversación en La Catedral -esa monumental novela escrita por Mario Vargas Llosa en 1969- es asombrosa, peligrosamente actual. La política del miedo se ha entronizado hoy en San Marcos como una solitaria en un organismo, al que coloniza y medra. Aquí cambian las personas, nunca las cosas.
Existe -recordemos que en noviembre de 1999 un grupo de 200 alumnos protestó por la presencia del presidente Fujimori en la universidad lanzándole huevos- una tradición contestataria, rebelde, entre los sanmarquinos que, por definición, tienen cierta sensibilidad, inquietudes sociales, políticas, pero no en el sentido partidario. «Esta inquietud lo que revela es un gran interés por lo que sucede en el país, tienen un punto de vista, una preocupación, esto es característico en San Marcos. La mayoría de los jóvenes sanmarquinos no quiere saber nada con los partidos políticos tradicionales, aunque tengan tendencias de izquierda muchos de ellos, o tendencias sociales de cambio, pero no con una posición definida, partidaria», dice César Lévano, profesor en la Escuela de Comunicación Social desde 1978 y Editor Asociado de la revista Caretas.
Esa vieja forma de hacer política, instaurada desde hace mucho por la izquierda en la universidad, se extinguió. Nadie quiere hacer política en esos términos, nadie quiere ser histérico: «¿para qué voy a participar de un partido en ruinas?, ¿para qué voy a vivir en una casa que se está desmoronando?», se pregunta una estudiante de Letras.
Discutir de política sí, por qué no; pero no bajo esas estructuras obsoletas, pre-modernas, a decir de algunos alumnos. Para ellos, la participación política como la de hace 20 o 30 años entró en crisis, ha fracasado. «Desconfío de los partidos porque tienden a centralizar las decisiones, a crear imprescindibles, a crear jefes, jerarquías; de eso se deriva todo tipo de ideologías totalitarias. Nosotros creemos en la organización, pero en la auto-organización. El poder nace de la concertación, no de la dominación», señala Jesús Céspedes, estudiante de Historia y miembro del Colectivo Amauta. Para él, «los partidos necesitan una profunda descentralización de decisiones, una reconfiguración de sus discursos. El modus operandi de la política está cambiando. La gente se interesa por la política pero con otro discurso».
César Lévano, en permanente contacto con sus alumnos, lo percibe así: «Parece que hay como en nebulosa o en germen, señales de cambio de la juventud. Y, en todo caso, no creo en esa especie de apoliticismo o indiferencia por los problemas. En San Marcos se explica con más razón por el hecho del origen social de los alumnos. Es evidente que son jóvenes que en muchos casos comparten los problemas personales o familiares del desempleo, de los escasos recursos económicos».
-¿Todas esas inquietudes sociales ya no pasan por los partidos políticos?
-Por el momento no pasan, y yo no sé si pasará por los viejos partidos o se crearán otros, que es lo más probable. La función crea el orden. Pienso que en la historia no hay puntos muertos. Algo se prepara –concluye Lévano.
Sólo cabría preguntarse: ¿qué le puede ofrecer hoy un partido a un joven de 20 años?, ¿qué puede encontrar de interesante ese joven en un partido?
CASA TOMADA
Desde la intervención de la universidad, el 25 de mayo de 1995, la Comisión Reorganizadora, con el anuncio y la promesa de un proceso de modernización, anuló la representación estudiantil. Ya no existe el Tercio Estudiantil que fue desactivado de la Asamblea Universitaria, sólo existen los centros federados. Lo que se ha esparcido por la universidad es el gas sarín de la minusvalía académica. Si bien es cierto que ahora se puede estudiar en mejores condiciones, la universidad no es sólo jardinería, pintura de brocha gorda, computadoras; también sería aconsejable algo de investigación, de rigor académico, total los perjudicados serán los alumnos, porque su calificación profesional será menor que la de los egresados de otras universidades, una cada vez más grande desventaja en la competencia laboral. «Los profesores que no han querido bailar al ritmo de la intervención han tenido que salir y ves cómo la mediocridad se expresa a nivel del gobierno de la universidad. Por ejemplo, el decano de Sociales, Víctor Medina, no es un investigador. Los directores de escuela, los secretarios académicos tampoco son investigadores. La mediocridad se está adueñando de la universidad, la está destrozando», sostiene Céspedes del Colectivo Amauta.
Discutir y pronunciarse sobre política -por medio de periódicos murales, pizarras, volantes- constituye un peligro en sí mismo, «en San Marcos hay una lucha subterránea, un poder oculto. Sólo están permitidas las agrupaciones inofensivas para las autoridades. Mientras no protesten, no hay problema, son parte del paisaje de la universidad, sólo para decir que existe libertad de expresión», dicen unos estudiantes de Letras que prefieren no identificarse. La Comisión Reorganizadora ha traído consigo una buena cantidad de seguridad privada cuyo trabajo consiste en tomar nota de las actividades de los estudiantes, impedir la muestra de periódicos murales y pizarras. Además de la existencia de soplones enquistados en los salones o grabando desde los techos de las facultades cualquier protesta, cualquier reunión estudiantil. Sin embargo, el presidente de la Comisión Reorganizadora, Manuel Paredes Manrique, se jacta que de un total de 24 000 alumnos, el 98% están satisfechos y reconocen la labor de la Comisión.
Durante los últimos cinco años fueron comunes los súbitos apagones en toda la Ciudad Universitaria o a veces sólo por facultades; tenían por finalidad impedir la realización de reuniones de estudiantes con el conocimiento de las autoridades. Además, las amenazas de expulsiones -veladas o efectivas- son contundentes maneras de disuadir a alguien de protestar. Cuando el Centro Federado de Derecho quiso pronunciarse contra la candidatura ilegal de Fujimori, el decano, José Antonio Silva Vallejo, mandó incautar las pizarras donde se expresaban los alumnos, no lo logró, pero sí rebautizó graciosamente a la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, por «Ciencias Jurídicas». Acaso un efusivo lector de Mafalda, el decano cree que la política es una de las tantas malas palabras que se escriben con P. La consigna es clara: haz todo lo que quieras menos criticar al gobierno.
En este clima enrarecido, existen al menos cinco grupos reconocibles en San Marcos:
1) JUVENTUD POPULAR: Se forma en 1995, pero tiene presencia en San Marcos desde 1998. Organiza a los estudiantes en sus bases a través de talleres, charlas de información sobre política, modelo económico, etc. «Somos un movimiento que se caracteriza por ser antineoliberal y antidictatorial. No somos un partido, ni buscamos lanzarnos a las elecciones. Nosotros no tenemos todavía una definición ideológica» (Christian Velásquez, miembro de JP) Este movimiento se extiende a provincias (Cajamarca, Cusco, Huancayo).
Pinta predilecta en las calles: «Insurgencia J.P.». Vínculos con Patria Roja.
2) COLECTIVO AMAUTA: Formado en 1997, fue estimulado por la movida estudiantil de mayo y junio de ese año. No es un movimiento que reivindica sólo cuestiones generacionales: «lo que queremos es desarrollar un nuevo discurso de izquierda, porque nos definimos como socialistas». Rescatan a Marx, Lenin, Gramsci, Mariátegui, Marcuse, Proudhon, Bakunin. No tienen jefes. Proponen «el poder desde abajo, fomentar la democracia radical, el autogobierno, la autogestión en la universidad». Aceptan lo lúdico como un aspecto de la política, para ellos la política no está exenta de alegría.
3) CRAJ (Comité de Reagrupamiento Amplio y Acción Juvenil): Formado en 1999. Se origina en la Facultad de Educación. Integrado por grupos de izquierda: «trotskistas, marxistas, socialistas, democráticos, inclusive cristianos», según su fundador, un ex-ferista anónimo. Su objetivo a corto plazo: reconstruir los alicaídos gremios. En el futuro es posible que formen un partido.
4) INTEGRACIÓN ESTUDIANTIL: formado en 1999, está integrado básicamente por gente de Derecho. Nace como grupo independiente pero proveniente de antiguas estructuras partidarias. Tendencia de izquierda. Consideran lo político tan importante como lo académico: «toda teoría académica tiene un esbozo político». Relaciones con el Colectivo Amauta, diferencias políticas con el FER y roces con Juventud Popular. Participan de la Liga de Jóvenes Socialistas y Progresistas, cuyo fin es reunir a diversas agrupaciones de izquierda.
5) FER antifascista (Frente Estudiantil Revolucionario): el FER se crea en 1940 como Frente Estudiantil Reformista. Lo de Revolucionario lo adoptan en 1959 cuando se parte en dos facciones, una izquierdista y otra aprista. En 1972 se vuelve a dividir en siete grupos: uno de ellos el FER-antifascista, porque calificaban al gobierno militar de Velasco de fascista.
Lema: «luchar por la universidad nacional, científica y democrática». Alrededor de 11 militantes organizados en la Base de Ciencias y la Base de Educación. La «necesidad histórica para el movimiento estudiantil y la revolución, de que el FER-SM se siga constituyendo en un organización revolucionaria» (Boletín FER-Base Ciencias, julio de 1999).
Sus miembros tienen que asumir el programa mínimo del FER, apostar por una libertad de opinión y expresión sin restricciones y presentar una alternativa de gobierno para la universidad. Para ser un ferista se transita por las condiciones de: Amigo>Simpatizante>Militante.
Actualmente se ha formado un Comité de Reconstrucción de la FUSM (Federación Universitaria de San Marcos) integrado por 13 gremios representantes por facultad.
Hay que añadir que en Derecho -según Eduardo Guillén, Secretario General del Centro Federado de Derecho- en las últimas elecciones de esa facultad se notó la participación del Apra como organización, el MNI-Patria Roja (Movimiento Nacional de Izquierda) y aunque la militancia es menor, aún permanecen.
BUENAS VIBRACIONES
Entre octubre y noviembre pasados, el CIECS realizó una encuesta entre 400 estudiantes de San Marcos para preguntarles acerca de sus intenciones de voto en las próximas elecciones. Los resultados fueron:
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Castañeda |
27% |
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Andrade |
20% |
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Fujimori |
15% |
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Otros |
6% |
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Blanco/viciado |
22% |
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No Precisa |
3% |
La cuarta parte de los sanmarquinos (6 mil alumnos) no tienen preferencias por candidato alguno; sienten que ninguno de ellos los representa. Y si sucediera una segunda vuelta entre Castañeda y Fujimori, la diferencia es de 13 puntos:
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Castañeda |
41% |
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Fujimori |
18% |
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Blanco/viciado |
25% |
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No precisa |
16% |
Pero si la segunda vuelta fuera entre Andrade y Fujimori, la diferencia sería de 16 puntos:
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Andrade |
44% |
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Fujimori |
20% |
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Blanco/viciado |
26% |
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No precisa |
10% |
Del total de alumnos matriculados en el semestre 99-II (23 844), el 97% tiene derecho a voto.
CORRIENTE ALTERNA
Los jóvenes son inconformes. Y si antes esa inconformidad se canalizaba a través de la participación política partidaria que se alimentaba en la universidad, ahora el espacio movilizador para la crítica son los terrenos fértiles de la cultura –alternativa, underground, cómics, fanzines, literatura, pintura, video, performances, rock. Son «movidas» que por lo general tienen un objetivo específico: oponerse a la candidatura de Fujimori con un concierto de rock en Quilca, por ejemplo –todas las marchas empiezan en la Plaza Francia y terminan en Quilca, en el Queirolo o en el Averno. No intentan elaborar un discurso político exclusivo aunque la política es un ingrediente más. Estos estudiantes piensan que el fenómeno de apoliticismo, despolitización, individualismo, apatía o indiferencia, es meramente transitorio. Es una generación nacida en la segunda mitad de la década del 70, durante la segunda fase del gobierno militar, que creció entre apagones, coches-bomba e hiperinflación. Nuestros padres tenían garantizada la idea de comunidad, de seguridad laboral; nosotros llegamos tarde, nos tocó competir por una chamba y sólo nos queda la ironía. Una generación unplugged, desenchufada –dicen- de todos los problemas. No tenemos grandes referentes, ni grandes líderes, ni grandes héroes, ni grandes utopías. Pero que no haya ideología no significa que no haya ideales. Las marchas del 97 demostraron que, si bien no cambiamos mucho al protestar, tenemos una responsabilidad frente al país y que no la soslayamos, pero también que está diseminado un sentimiento de orfandad, que existe una mutación en la sensibilidad política y que no nos sentimos representados por nadie.