¿DIJE DEMOCRÁTICO?
Carlos Iván Degregori
Había una vez un rey, que tenía tres hijas y vivía feliz en su pequeño país montañoso, hasta que un imperio en expansión, con un ejército de sucios gladiadores comenzó a presionar sobre sus fronteras. El rey, alarmado, urdió una estratagema. Invitó al emperador y en su homenaje organizó fiestas, banquetes y un vistoso desfile de su pequeño ejército. Pasó la infantería entre un bosque de lanzas; los arqueros con sus dardos envenenados; la caballería en sus corceles de cascos musicales. Seguían pasando y el desfile nunca terminaba, porque el ejército daba la vuelta por detrás de una colina -¿o era un Campo de Marte?, el tiempo torna borrosos mis recuerdos- y volvía a marchar delante del emperador, que asombrado de la formidable máquina de guerra de su próxima víctima, canceló la invasión. Y el rey y sus hijas vivieron felices comiendo perdices.
Ese rey de mi infancia resuena en mi memoria cuando escucho a Toledo amenazar con sus ocho sabios de Harvard, sus tres reyes magos y su ejército de funcionarios internacionales que dejarán las comodidades de la capital imperial para volver a servir al Perú. Tenemos equipo, dice, nos hemos venido preparando cinco años, insiste. Y sabemos que es bluff, que necesita bluffear porque a veces, hasta cierto punto, se superponen las estrategias de la guerra, la política y el poker. Especialmente si eres el más reciente en una sucesión de outsiders que han monopolizado el escenario político peruano en la última década. Pero sólo hasta cierto punto. No sólo por razones éticas sino porque el emperador del cuento debe haber sido muy miope y su Gran Vizir debe haber estado pensando en hacer el amor con las princesas y no la guerra; mientras el nuestro es trejo, también él fue alguna vez reyezuelo y sabe de bluffs, tanto que la yuca se convirtió en su emblema; y su vizir tiene mil ojos y mil oídos.
¿Podrá el último outsider derrotar a la maquinaria imperial? Y si lo hace, ¿qué garantía tenemos de que no terminará ciñéndose la corona de su antecesor o arruinándolo todo? ¿Garantía?, ninguna. Sin embargo, después del 9 de abril se abren nuevas posibilidades.
1. CHINO VERSUS CHOLO
Con la irrupción de Alberto Fujimori en 1990 irrumpió también en los análisis un nuevo y escurridizo «factor étnico». No por capricho ni mero diletantismo. A lo largo de la década, el «chino» Fujimori derrotó a los nombres más insignes de lo que algunos llaman la República Criolla: Mario Vargas Llosa y Javier Pérez de Cuéllar. Otros, de menor prosapia intelectual pero apellidos todavía más sonoros como Fernando de Trazegnies -caballero de la Orden de Malta- o Francisco Antonio Gregorio Tudela van Breughel-Douglas, han pasado por el aro y bailado la tecnocumbia. También acabaron demolidos por la maquinaria mediática del régimen «criollos» como Belmont, Andrade y en cierta medida Castañeda. Hasta que apareció el Cholo. Toledo, encarnación del Perú nuevo, sería el único capaz de derrotar al Chino, quien habría sido sólo una transición en el proceso de sinceramiento cultural del país.
La anterior hipótesis tiene algo de verdad, pero en el Perú esto del factor étnico aparece bastante más enredado que en Ecuador o Bolivia. Es cierto que el perfil de «cholo triunfador» ayudó a Toledo a captar el voto antifujimorista. Tendencialmente sus votantes son mestizos y cholos, jóvenes, educados, informados y hartos del centralismo, el desempleo y más recientemente del autoritarismo. Sus más altas votaciones están en el sur y en las ciudades de provincias. En Lima ganó en los sectores B y C. Entre sus votantes parecería encontrarse un porcentaje significativo de migrantes e hijos de migrantes, de aquéllos a los que podemos llamar «hijos del progreso»; los que llegaron antes de la crisis de los ochenta y pudieron hacerse un lugar en la ciudad; y sus hijos.
Sin embargo, la mayoría de los indígenas quechuas, aymaras y amazónicos están con Fujimori. Especialmente las mujeres. En parte porque no conocen a Toledo y porque tienen miedo, que el gobierno fomenta: miedo al rebrote del terrorismo y a que un gobierno distinto ponga fin a los programas de asistencia social. Fujimori, por su parte, los ha visitado reiteradas veces y el gobierno ha construido numerosas obras de infraestructura.
Entre los limeños más pobres, el «factor étnico» podría haber jugado en contra de Toledo. Tal vez no les guste mucho el cholo «exitoso», además casado con gringa, porque es un modelo demasiado lejano, que deja su derrota demasiado en evidencia; mientras su relación con AFF es la de un matrimonio por conveniencia, que más o menos funcionó y envejece resignado, sin esperanzas de amor y miedo a cualquier aventura.
Así, Toledo pega más entre los jóvenes que nunca tuvieron vergüenza de ser cholos o entre los adultos que perdieron esa vergüenza, mientras el voto por AFF es más rural, femenino, limeño-pobre, menos informado y escolarizado. Su mayor hazaña en el último año fue recuperar ese voto con una mezcla de clientelismo desde el aparato estatal y control de los medios. Pero el precio ha sido alto.
2. MÁS VALE CHINO CONOCIDO, QUE CHOLO POR CONOCER
Habiendo hecho a su manera una revolución de esperanzas entre 1992 y 1996, Fujimori ha terminado refugiándose en el voto más conservador, representando al pasado. Entre sus electores, un sector de los más ricos se entremezcla con aquellos pobres que no tienen esperanzas de mejorar y sí miedo de perder lo poco que les permite sobrevivir, y que reciben mayoritariamente del Estado.
Según Apoyo, en abril de 1995 un 52% del sector D confiaba en que su suerte mejoraría en los próximos doce meses. En abril de este año, sólo 36% del sector D y 33% del E, lo creen así. En un programa radial, Martha Chávez lo admitió: «más vale chino conocido que cholo por conocer», dijo. Si nos ceñimos al refrán original, el chino sería el malo. El pez por la boca muere.
En los días siguientes al 9 de abril, la alegría y la esperanza estaban del lado de Toledo o, más precisamente, en la orilla opuesta a Fujimori. Porque, arrinconados entre la espada gobiernista y la debilidad del resto de candidaturas, los opositores fabricamos nuestro candidato. Una de las fortalezas de Toledo es que sabe que el movimiento democrático lo trasciende.
¿Dije democrático? Es que, por primera vez en ocho años, la democracia sale de los márgenes y se aproxima al centro del debate, provocando movilizaciones en las ciudades más importantes del país. Uno de los detonantes para ese desplazamiento ha sido la parcialización de la TV. Fue tan descarada, y la televisión se ha vuelto tanto parte de la vida cotidiana de los peruanos, que su secuestro ha tenido gran impacto. Y todavía más en el plano internacional. Por segundo año consecutivo, Fujimori aparece entre los diez mayores enemigos de la libertad de prensa en el mundo, junto a Milósevic, Castro y Jiang Zemin.
El pleito no es pues, sólo de chino versus cholo, sino también de democracia versus autoritarismo, pasado versus futuro, ciudades de provincia versus Lima. Las brechas que AFF cerró con su arrolladora victoria en 1995 vuelven a abrirse, dejándolo en una posición desventajosa, incluso si eventualmente se reelige.
3. EL HÁBITO SÍ HACE AL MONJE, EN PARTE
En Las manos sucias, obra de Sartre, el protagonista es un revolucionario que apenas llegado al poder comienza a quedar atrapado por los mismos mecanismos contra los cuales insurgió. Esa es siempre una posibilidad, sobre todo cuando se es un outsider en un contexto institucional nacional tan débil y con un equipo que ya está en la cancha jugando la final mientras algunos jugadores todavía están calzándose los botines o amarrándose la vincha.
Que esa posibilidad se vuelva realidad depende, sin embargo, de factores como la mencionada debilidad institucional, pero también de los actores políticos, de la personalidad de los líderes y del contexto internacional.
Supongamos que los dos fueran igual de ambiciosos y autoritarios. Los contextos, sin embargo, son distintos. Cuando Fujimori triunfa en 1990 promete que no habrá shock. Pero en la situación del país y un contexto internacional que presionaba por ajustes estructurales, el shock resultaba inevitable. Por eso el país aceptó su espectacular viraje y le otorgó el beneficio de la duda. Por otro lado, en lo peor de la violencia y sin programa antisubversivo, compró el de las FFAA y de yapa se encontró con Montesinos. Aquí sí, más allá de favores y chantajes, la afinidad personal debe haber jugado un papel decisivo.
Hoy Toledo ofrece democracia y reconstrucción de instituciones. El contexto internacional presiona en el mismo sentido. La guerra ha terminado y sus votantes no aceptarán un viraje autoritario. El hábito hace, en cierta medida, al monje. Su punto débil: su bancada parlamentaria que comienza a desbandarse aún antes de entablar batalla. Punto débil compensado sólo porque la derrota del fujimorismo precipitaría su resquebrajamiento.
4. LA TRAMPA PERFECTA
¿Y si pierde Toledo? Soy de los que creen que la maquinaria del fraude sigue en pie, que se continúan utilizando los recursos humanos del Estado para la reelección, regalando, chantajeando, amenazando; que la ONPE es una vergüenza; que los medios siguen cumpliendo un papel nefasto y que Tudela es un pérfido tartufo, para juntar el adjetivo de su preferencia con el sustantivo que le endilgó Vargas Llosa.
Toledo puede caer en la trampa perfecta. A pocos puntos del triunfo, siente que puede ganar, pero podría terminar, como él mismo dijo, "yendo al matadero", un matadero más disimulado. Pero aun si perdiera, el espíritu de abril no terminará en mayo. En la mitad del país, el miedo se acabó (y hasta cuándo podrá mantener el miedo de la otra mitad un régimen al que se le agotaron las ideas y que sólo puede aspirar, en el mejor escenario, a un crecimiento económico moderado). De la resignación se ha pasado a la indignación y un triunfo de Alberto Fujimori difícilmente contribuirá a aplacarla. Tampoco a la comunidad internacional.
Gane quien gane, se abre una larga y compleja transición, sea desde el gobierno o desde la resistencia a un tercer fujimorismo seguramente más represivo. Una transición democrática sui generis por nuestra debilidad institucional y la inexistencia de partidos. En América Latina, las transiciones se jugaron mayormente en el ámbito político. En nuestro caso, sin negar dicho ámbito, jugarán papel importante instituciones cívicas y movimientos ciudadanos. No en vano, junto a las movilizaciones regionales y estudiantiles, en primera fila de la victoria del 9 de abril estuvieron actores como Transparencia, El Comercio, Canal N y los observadores internacionales, constelación impensable hace apenas unos meses. Tal vez esas presencias den una textura más resistente a una futura democracia. Vale la pena soñar.