AL DIA SIGUIENTE

    Eduardo Ballón Echegaray


         

        Todo parece indicar que el 28 de mayo los peruanos concurriremos nuevamente a las urnas. La posibilidad de un retiro de la candidatura de Alejandro Toledo se aleja con el correr de los días, en medio de las vacilaciones del candidato opositor. Vacilaciones por demás comprensibles, habida cuenta de que a pesar de que las condiciones de la segunda vuelta no son sustantivamente mejores que las de la primera, Toledo ha descubierto los límites de sus propias filas desde las que más de un congresista recientemente elegido ha anunciado públicamente su independencia y por lo tanto su disposición a ser cooptado por el fujimorismo. El proceso fraudulento iniciado varios meses atrás, llegaría a su fin a las cuatro de la tarde de ese día con un ganador difícilmente predecible, pero con un resultado ya evidente a estas alturas: un país polarizado, claramente dividido y, una vez más, marcado por la incertidumbre sobre lo que vendrá. Los perdedores, sean quienes sean, denunciarán los resultados: los unos, por su carácter fraudulento, que sin querer queriendo contribuyeron a legitimar; los otros, por la injerencia externa que otrora aplaudieron y que esta vez denuncian con desfachatez y absoluta falta de pudor.

        De allí que a los peruanos nos toque preguntarnos qué nos espera al día siguiente y cuáles son las posibilidades que tenemos de revertir el inexorable resultado que avizoramos más allá de quien sea el ganador de unos comicios que seguirán entre las manos y las computadoras de José Portillo y la ONPE, ya descalificados por el milagro de la multiplicación, no de los panes y los peces, sino de los votos por encima del número de los electores, apenas días atrás.

        SI EL RÉGIMEN POLÍTICO CONTINÚA....

        El 29 de mayo el ingeniero Fujimori puede despertar nuevamente reelecto presidente. A pesar de la torpeza del autoritarismo aristocrático y decimonónico de Tudela, convertido en su principal vocero entre la primera y segunda vuelta, en detrimento del populista Absalón Vásquez, de acuerdo a las encuestas –que algo indican más allá de su reciente e interesado desprestigio- la gente parece seguirle creyendo a Fujimori más que a Toledo. Y ello explicaría en parte este escenario.

        De lo que se trataría inmediatamente es de garantizar la cooptación de algunos parlamentarios elegidos en otras listas –y para ello, además de larga experiencia, los operadores de este gobierno cuentan con la fragilidad de las identidades políticas de los nuevos congresistas-, a fin de evitar sobresaltos en un régimen político que tendría como tarea urgente recuperar la tolerancia resignada, que no la credibilidad, del frente externo y simultáneamente controlar la inevitable protesta interna buscando agotarla lo más rápidamente posible.

        Ello, en un escenario que se les hará más difícil por las contradicciones abiertas entre los propios integrantes del nuevo gobierno, en el que Tudela podría descubrir rápidamente el escaso valor de sus votos frente a la autonomía que ganaría Absalón Vásquez, a partir de la instalación previa que tiene desde varios años atrás en muchos de los aparatos públicos, a lo que sumará su liderazgo y control sobre un número significativo de los novísimos parlamentarios oficialistas. Autonomía que, en más de un momento, se la podría hacer sentir al propio Presidente re-reelecto. Esto por no hablar de los socios primigenios, que han sostenido el régimen político y que seguramente tratarían de redefinir su rol dentro de éste.

        El resultado final, ante la inestabilidad que se produciría, pero especialmente como respuesta a la vulnerabilidad demostrada por el régimen en todo el proceso, sería seguramente el fortalecimiento de sus rasgos más autoritarios y centralistas en lo político, y de un aún mayor fundamentalismo en lo económico, con el consiguiente aislamiento en el plano internacional en el que los esfuerzos «modernos y cosmopolitas» de los De Trazegnies, Bustamante, Ramaccioti y otros, ya están prácticamente agotados.

        SI TOLEDO DESPIERTA PRESIDENTE....

        El 29 de mayo, Alejandro Toledo también puede despertar electo presidente. A pesar de sus vacilaciones entre la primera y segunda vuelta, y de las contradicciones que expresan algunos de los congresistas de su lista cada vez que hablan, Toledo recuperando la calle y la relación directa con la población podría seguir acumulando lo que ha sido su principal capital hasta hace unos días: la gente y sus expectativas en un cambio de régimen político.

        El desafío inmediato del eventual nuevo presidente radica en construir un escenario de gobernabilidad y de unidad nacional mínima. Y ello exigiría lograr acuerdos con los diversos y fragmentados sectores políticos y agentes económicos del país, tanto con los que están representados en el Parlamento como con los que están fuera de aquél. El Pacto de Gobernabilidad suscrito meses atrás es un referente apenas y definitivamente no basta.

        Y convocar a la unidad nacional, como es obvio, supone resolver desafíos enormes en el corto plazo: generar empleo sin perder aún más competitividad, recuperar la institucionalidad democrática y simultáneamente avanzar en la descentralización, moralizar y redefinir las relaciones con las Fuerzas Armadas a la vez que se desmontan los poderes fácticos que se constituyeron en la década de los noventa. Todo ello, en un escenario donde inevitablemente se construirían y competirían nuevos liderazgos, y se activarían distintas demandas de la sociedad largamente postergadas, con las consiguientes posibilidades de conflicto

        El resultado final es imposible de predecir en este escenario, al depender de la voluntad y el comportamiento de múltiples y distintos actores. Es claro, sin embargo, que su carácter de oportunidad, por difícil que sea, resulta innegable ante el escenario anterior.

        EL PAPEL DE LA SOCIEDAD

        La primera vuelta electoral nos dejó, sin duda, un saldo positivo: la movilización de la sociedad y la disposición demostrada por importantes sectores de ésta de expresar y defender sus intereses. Una sociedad civil organizada y activa es condición indispensable para la política en el mundo de hoy y constituye la única garantía para equilibrar las relaciones entre Estado y mercado. No es posible imaginar políticas económicas, de empleo o de descentralización, ni es posible negociar efectivamente con las multilaterales o con el nuevo orden internacional que se está configurando, sin una participación efectiva de la sociedad civil.

        En cualquiera de los dos escenarios, un optimismo moderado encuentra asidero en la movilización que se ha producido. En un caso, la misma tendría que hacer frente al incremento del autoritarismo y la concentración de decisiones; en el otro, podría aprovechar los espacios que se abrirían. En ambos, tiene como desafío su crecimiento y organización, el fortalecimiento de su capacidad de interrelacionarse y de construir la esfera pública como un espacio privilegiado para la política en su mejor sentido.

        Nuestra sociedad civil, en conclusión, al recuperar su protagonismo a pesar de sus ostensibles debilidades, está dándose una nueva oportunidad. Que ésta sea más difícil o que encuentre mejores condiciones, dependerá de los resultados del 28 de mayo.



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