ADIÓS A LOS 12 APÓSTOLES
Francisco Durand
Hace 15 anos había 12. Quedan 4. Y en los próximos meses la mortandad puede aumentar, a no ser que el Estado le tire el salvavidas al grupo Romero, el buque bandera de los grupos de poder económico. Sea cual fuere el resultado, el hecho es que el capitalismo nacional antes representado por los 12 apóstoles o grandes grupos de poder económico, está siendo avasallado por el multinacional. Es el fin de la burguesía nacional. ¿Surgirá otra, más moderna y competitiva, de las cenizas de la crisis de apertura del 90 y de la crisis financiera de 1998?
Heterodoxia versus ortodoxia
Desde que el general Velasco acabó con la oligarquía agro-exportadora en 1968, los grupos de poder financiero-industriales tuvieron la oportunidad de convertirse en la vanguardia del capitalismo nacional. Al caer el militarismo e iniciarse el decenio democrático de los años 80, los grupos salieron de la sombra del Estado empresario, pero fueron afectados por la crisis y la integración forzada al mercado mundial. Este proceso de globalización asumió distintas formas y ritmos según los países. En el Perú no se dio como un corte (caso de Chile) o un proceso gradual (caso de México, Colombia y Brasil), sino de modo espasmódico, con avances y retrocesos. Ello se debió al empate entre fuerzas políticas que se turnaron en el poder, lo que determinó la oscilación pendular de políticas económicas entre la heterodoxia proteccionista y la ortodoxia aperturista. Este proceso, mal de males, se vio afectado por una recesión prolongada y la furia de la violencia política. En 1985, en un espasmo heterodoxo, Alan García y el APRA intentaron revivir el industrialismo proteccionista por medio de una combinación de medidas estatistas, controlistas, y de estimulación de demanda. Para que el modelo se asentara, se necesitaba inversión privada nacional, pues ni el Estado ni las multinacionales estaban, por distintas razones, en condiciones de invertir.
Fue en ese entonces que se habló de los grandes grupos de poder económico. García convocó a los doce más grandes en privado, en 1986, y luego los exhortó en público a «invertir por el Perú». El plan fracasó en 1987. Los grupos aprovecharon los incentivos mas no incrementaron sus inversiones. García respondió entonces precipitadamente, intentando expropiarlos y usar los recursos para virar hacia un desarrolismo estatista. Pero los grupos detuvieron la expropiación, y dejaron solo a un Estado agobiado fiscalmente, sin inversión privada, atacado por el terrorismo, y debilitado por la corrupción y la ineficacia. Ganaron la batalla de los bancos, pero el agravamiento de la crisis generó una «tragedia de los comunes» donde todos perdimos. Aún se recuerda cuando Dionisio Romero y otros jefes salieron de sus bunkers y marcharon por las calles de Lima coreando «el pueblo unido jamás será vencido». Luego de derrotado García y los partidos populistas y nacionalistas que apoyaron la heterodoxia, se abrió camino al independentismo político. Y con ellos, a falta de programa e ideas, y debido al hecho de que la necesidad financiera obliga, se coló el neoliberalismo y no hubo más remedio que enfrentar la globalización. Ocurrió luego de que Alberto Fujimori, quien ganó en 1990 con una plataforma populista, terminó acercándose a los EE.UU. y el Japón, a Hernando de Soto y Carlos Boloña. Se inició así el viraje hacia la ortodoxia mestiza, una suerte de proyecto neoliberal con rasgos rentistas y estilo autoritario.
Hoy, pasada una década cuyo efecto principal ha sido la «reprimarización» económica (la vuelta al modelo primario-exportador), ¿qué queda de los doce apóstoles? Hacia 1996, luego de la consolidación del modelo fujimorista de «orden y progreso», pareció que la mayoría se estaba reestructurando y que los escasos grupos caídos iban a ser reemplazados por grupos emergentes. En el 2000 queda claro que los apóstoles están desapareciendo, y que la plaga también afecta a los grupos emergentes y al resto de la burguesía nacional.
1986
Aunque nunca hubo una lista definitiva de grandes grupos, es generalmente aceptado que en ella se incluía a los más conocidos y poderosos conglomerados financieros-industriales. A la cabeza estaba el grupo Romero (textiles, agroindustria), que también dirigía el Banco de Crédito. Su jefe, Dionisio Romero Seminario, el San Pedro de los Doce Apóstoles, era el empresario más influyente del país. Le seguían los grupos industriales de vieja data como Raffo (textiles, inmobiliarias, banca), Nicolini (harina), Bentin y Piaggio (en cerveza ambos). A estos cinco se sumaban otros tres: el grupo Picasso (banca, vinos, minería), el grupo comercial-financiero Wiese, y el comercial-industrial Ferreyros. Estos 8 grupos nacieron a fines del siglo XIX y a principios del siglo XX en torno a empresas madres fundadas por inmigrantes europeos y algunos peruanos ilustres. En la lista también se incluía a 4 grupos jóvenes formados en la segunda mitad del siglo: Benavides de la Quintana (minería, banca), el diversificado grupo Brescia (inmobiliarias, seguros, hoteles, minería, industria), el de Piazza (construcción) y Delgado Parker (radio y TV).
Fue esta docena la que se reunió con el presidente más joven y alocado de nuestra historia en julio de1986, y quien un año después quiso quedarse con sus bancos, empresas de seguros y financieras. Luego del fracaso nacionalizador de García, y habiendo entrado Fujimori y las fuerzas globalizadoras, acabó el período fácil que Romero llamó «competencia entre mediocres» en CADE 99. En la década del 80 la crisis continúa y la inestabilidad política había alejado a las multinacionales de países vecinos y de países desarrollados. Así que en los primeros espasmos aperturistas no hubo competencia seria. Cuando Fujimori estabiliza el país y abre las compuertas, entramos a la etapa de la competencia avanzada o difícil. ¿Sobrevivirían la burguesía nacional y los grupos de poder en un medio donde el mercado y no el Estado dicta las reglas? ¿Se adaptarían al nuevo modelo? Se regenerarían luego de una crisis?
1996
Hacia 1996, 10 años después de la convocatoria, estaba en discusión si podían o no hacer frente a los grupos de poder de países vecinos (Chile principalmente, también Brasil) y a las multinacionales. Los gigantes que dirigen la globalización (2/3 del comercio mundial se hace vía multinacionales) venían con mayor solidez financiera, mejor tecnología, gerencias modernas, y avidez por copar mercados nacionales y continentales. Existían dos teorías sobre la capacidad de respuesta del gran capital nacional. Una: que los grupos en su mayoría estaban adaptándose siguiendo diversas estrategias (reingeniería, depuración del conglomerado vía ventas o fusiones, aprovechamiento de privatizaciones, alianzas estratégicas con multinacionales). Su ventaja era un posicionamiento firme en nichos, su capacidad de apalancamiento financiero que el control de la Banca y la venta de ADRs permitía, y sus contactos políticos. La mutación era posible y pasarían de ser grupos protegidos-rentistas a grupos competitivos. Dos: que los grupos estaban luchando pero no podrían, salvo excepciones, enfrentar la competencia externa. Se argumentaba que estaban fatalmente aferrados al familismo gerencial, muy afectados por la recesion continua y la violencia, y demasiado dependientes de rentas del Estado que se reducían gradualmente. Eran visto como dinosaurios que se extinguirían con cambios climáticos ocasionados por el meteorito globalizador.
En la actualidad, se han debilitado o han sido eliminados como grupos de poder 1 de cada 3 apóstoles. En la primera etapa de competencia difícil (1990-1995) desaparecieron los mas débiles y tradicionales, los mas acostumbrados al proteccionismo y al subsidio. Nicolini, uno de los grupos apegados a García, cayó al perder la asignación preferencial de la cuota de trigo importado. Contribuyó a su caída una dirección familista de baja calidad que terminó de liquidarlo y sus múltiples deudas. El complejo harinero (fundado hace un siglo, en 1900) lo absorbió el grupo Romero, pagando el precio de asumir sus deudas. A Lanata Piaggio, de la Pilsen Callao, lo aniquiló también la dirección autoritaria y terca de Don Gabriel, más las fallas de producción de la cerveza Pilsen, combinadas con el fracaso de la marca Cóndor y la mayor presión tributaria de la SUNAT. Lo absorbió el grupo Bentín, de la cervecería Backus. Otros grupos pasaron por períodos difíciles ante la perdida de subsidios. Ferreyros se quedó sin el dólar MUC. Tuvo que cerrar la parte farmacéutica y concentrarse en la venta de maquinaria, su vieja línea de comercialización. Raffo perdió los incentivos del CERTEX y pasó a acelerar su línea textil de exportación de productos deportivos de algodón.
A los demás les fue momentáneamente bien, participando en procesos de reestructuración, expansión con apalancamiento financiero, entrando a competir en privatizaciones, y formando alianzas estratégicas. Benavides de la Quintana tuvo la fortuna de encontrar oro en Yanacocha, en asociación con la Newmont, y entró con más fuerza al Interbanc. Picasso se dedicó a comprar hoteles y abrió una empresa de Bolsa (Argos). Incluso se lanzo a comprar minera Volcán, a alto precio; y el Banco Latino se mantuvo en el 5to.lugar. Romero se consolidó en la agro-industria al absorber a Nicolini y comprar el conglomerado La Fabril (Bunge & Born,� de Argentina) que se retiró del Perú. Se expandió incluso a Bolivia y Centro América, tierra de su esposa. En lo financiero, entró a participar en las AFPs, y el Banco de Crédito se mantuvo en el primer lugar, consolidándose en torno al complejo Credicorp. Brescia también compró hoteles, siguió con sus inversiones en Minsur, su gran mina de zinc, y vendió textiles. Se asoció bien al Santander en la compra del Banco Continental y mantuvo a flote la asegurado Rimac. Wiese modernizó el banco y entró a las AFPs a la vez que se mantuvo en la pesca (Del Mar) y el comercio. COSAPI amplió su competitividad, actuando incluso fuera del país, y entró al campo de la informática. Por ultimo, Delgado Parker consolidó su primer lugar en el ranking de la TV, luego de la debacle del Canal 4, y entró en telefonía en asociación con Bell South.
2000
Hoy, un lustro después, la balanza se inclina hacia la segunda teoría, que predijo la extinción. Han sido afectados los Delgado Parker, por crisis de sucesión familiar a la muerte de Héctor, y pérdida de la relación especial que siempre tuvieron con el Estado. Raffo no logra despegar y enfrenta problemas financieros, aunque pasó bien su crisis de sucesión al incorporar a la nueva generación de sobrinos accionistas. Los Picasso han perdido el Banco Latino y están fuertemente endeudados. Les pudo ir peor, siendo rescatados por el Estado, que nacionalizó el banco para limpiarlo de deudas. A los Wiese, fatalmente atados a la minería y a prácticas bancarias tradicionalistas, los afectó la crisis del 98. Pasaron a ser accionistas minoritarios de su banco, ahora controlado por el Bilbao-Viscaya. COSAPI está en serios problemas financieros y enfrenta la difícil competencia del influyente grupo brasileño Odebretch, quien según entrevistas tiene mejores conexiones en el MEF. Ayuda en esa tarea de lobby el constructor y ex-ministro Jorge Camet. Quedan en buen pie Benavides de la Quintana, gracias al boom minero y su asociación con multinacionales, y Brescia, que se ha posicionado en sus nichos y se asoció a tiempo con multinacionales en la Banca. Ferreyros se ha adaptado mejor a la globalización gracias a su experiencia en el comercio internacional. Bentín se ha convertido en el único productor de cerveza al adquirir la Cervecería del Sur, cerrando por el momento la entrada a Brahma del Brasil; todavía le va bien en la agroindustria, aunque deudas no le faltan. En el caso de los grupos emergentes, el proceso es similar. Le va bien a Rodríguez Banda en lácteos (Gloria) y cemento (luego de privatizarse las plantas de Yura y Juliaca).Tuvieron que vender D’Onofrio y probablemente vendan sus cuatro plantas energéticas. Es el único grupo arequipeño que queda en pie. Wong sufre fuerte competencia de Santa Isabel, que pasó de manos chilenas a europeas. Queda por ver si mantiene su tajada del mercado. Yi Chang, un grupo chino importador de bajo perfil, ha logrado reestructurarse y superar su crisis de sucesión incorporando a elementos jóvenes de la familia Wu. Hoy está libre de deudas. El grupo Lucioni de Arequipa (Banco Orión y CARSA) comenzó a perder luego de invertir en países vecinos y caerse en el mercado nacional con la crisis del 98. El grupo pesquero Galski ha sufrido con la estacionalidad negativa de la pesca que trajo el ultimo Niño, y lucha por mantenerse trayendo capitales de afuera (unos 25 millones de dólares, según buena fuente). La radioemisora CPN la vendieron al diario Gestión.
El caso más preocupante es el del grupo Romero-Banco de Crédito. Romero está fuertemente endeudado en varios cientos de millones de dólares, en parte gracias a los problemas de Alicorp. Ha vendido varias empresas (línea automotor) e incluso su participación en las AFP. El Crédito sigue siendo el banco número uno, pero se cree que no tardará mucho en ser controlado por la Banca extranjera. De ser así, el buque bandera del capitalismo nacional indicará el hundimiento definitivo de lo que en un principio pareció una adaptación exitosa al modelo neoliberal. Probablemente caiga en cámara lenta o no caiga nunca, si se mantiene el plan de salvataje del Estado a la Banca (a un costo de 2,500 millones de dólares según cálculos COMEX que pasarán a ser financiados con deuda e impuestos). Si así ocurre, quedará demostrado que las influencias en el Estado todavía pueden contrarrestar la pérdida de posiciones en el mercado. No es casual que se pronunciara en público a favor de Fujimori durante las ultimas elecciones en entrevista «exclusiva» a Expreso, donde pidió un «shock de confianza» que el nuevo gabinete ha concedido generosamente.
Este recuento, breve aunque incompleto análisis que habrá que precisar con cifras y estudios sectoriales, dibuja un escenario que va del gris al negro: el desplazamiento progresivo de los conglomerados nacionales por las multinacionales. Un análisis de sectores o firmas parece indicar la misma tendencia. La Banca, por ejemplo, esta dominada hoy por el capital extranjero: de 10 bancos, sólo uno, el Crédito, está en manos nacionales, y su liderazgo flaquea. La minería está siendo multinacionalizada a pasos acelerados, aunque quedan capitalistas nacionales en la mediana minería (Baertl, Arias, además de Benavides de la Quintana, Brescia y Picasso). Lo mismo sucede en energía, petróleo, construcción, alimentos, bebidas, hoteleria y telecomunicaciones. Hay entonces un proceso más amplio de desplazamiento de la burguesía nacional. Ello se debe a dos factores. Uno, que las multinacionales han participado activamente en las privatizaciones, pasando a comandar sectores por traspaso de propiedad. Dos, por efecto de la crisis del 98. Este es el punto de quiebre. La caída de la demanda, más los desastres naturales y los bajos términos de intercambio, ocurrieron en un momento de sobreendeudamiento generado durante el boom un tanto artificial del periodo 1994-1997. Los dos factores hacen que el capitalismo nacional haya perdido posiciones aceleradamente.
Los datos a nivel más micro son también tan preocupantes como simbólicos. Carlos Boloña, el empresario-ministro que simbolizó la entrada definitiva a la era neoliberal, fracasó en el reflotamiento del grupo Nicolini (reconvertido a Alicorp) que hiciera por encargo del Banco de Crédito. Sus empresas educativas (a pesar de subsidios tributarios conseguidos en su gestión), y su experimento con pizzas Dominó, no han resultado y está agobiado por deudas. Retorna al Ministerio de Economía a organizar el rescate que su doctrina prohíbe. Es más hoy en día un mediador o componedor que un tecnócrata y empresario de éxito. Su amigo Roberto Abussada, otro profeta del neoliberalismo, sigue la misma trayectoria. La caída estrepitosa de Aeroperú, firma que dirigía, y su dificultad de lograr que el Estado vaya a su rescate luego de su salida como principal asesor, marca una trayectoria similar. Me atrevo a afirmar la siguiente: hoy es probable que el empresario más influyente no sea Romero sino Alfonso Bustamante, el manager de la empresa más grande: la Telefónica. Un diagnostico más completo dependerá de cómo sale el país de la crisis financiera (el patrimonio de los bancos equivale a su deuda), y de qué tan efectivo es el rescate del Estado actualmente en curso. Insistimos en que la eventual caída del Banco de Crédito y el grupo Romero indicarán de qué lado se inclina la balanza. Será como el hundimiento del Titanic. Pero si sigue a flote, su sobrevivencia no dirá más que eso, que se queda en el mercado pero perdiendo posiciones, a la defensiva.
Diversas entrevistas realizadas en Lima en julio, a lo largo de tres semanas, confirman la tendencia. Jaime Carbajal, el director de la revista Business, el medio más leído entre la nueva clase de managers, opinó: «Ya no hay empresarios, nos estamos convirtiendo en gerentes». Pablo Bustamante, del Banco Orión, remarcó: «Eso del desplazamiento del empresariado nacional no es cierto. Nunca ha habido empresariado nacional». Un tercero, ex gerente del Grupo Lanata Piaggio, dijo lo siguiente: «Lo que queda son las alianzas estratégicas». Es el fin de los apóstoles y el comienzo de la era de multinacionalización de la economía.
Los hijos del país han sido desplazados al comenzar el siglo XXI. Han caído en la crisis de 1998 y es posible que no recuperen posiciones. De ser así, la burguesía nacional que se formó en la etapa de la urbanización y la industrialización está en proceso de extinción. ¿Surgirá otra máas adelante? ¿Emergerá una burguesía competitiva y globalizada? Puede ser. Al menos así ocurrió en Chile luego de la crisis de los 80. Pero recordemos que los casos de éxito son excepcionales, no señalan necesariamente tendencias. Chile tenía más y mejor empresariado, y una clase media altamente educada, dispuesta a arriesgar en empresas competitivas, así como un Estado más eficiente. También perdieron menos, porque su crisis duró poco, no enfrentaron el vendaval senderista y experimentos fiscales tipo García. En suma, más institucionalidad y mejor fortuna. De ser asi, la «nueva burguesia» podría resultar siendo más pequeña y marginal, y abundarán los managers y consultores nacionales.