AL CAPONE, AL PACINO, AL BERTO


Al Capone, el famoso mafioso de las calles de Chicago, afirmaba sabia y premonitoriamente que «se llega más lejos con una sonrisa y una pistola, que solamente con una sonrisa». No hay duda que esta expresión la hizo todo un lema Vladimiro Montesinos. Apenas empezó a aparecer en público, después de su opción clandestina, lo hizo con una sonrisa -sinuosa, cierto- pero sonrisa al fin. Pulcro, elegantemente vestido (después nos enteraríamos de su afición por las telas caras), como dándonos a entender que él no podía ensuciarse las manos con sangre, crímenes, chantajes, soplonerías y amedrentamientos tributarios o judiciales.

A la fecha no importa tanto saber dónde es que se halla, sino por qué no se le encuentra. Una interpretación está en el Plan Colombia, plan que en el Perú no se discute mucho y parece ser el centro de la política norteamericana en la región. Ecuador lo ha aceptado desde su descalabro financiero; Brasil lo acepta a regañadientes; Venezuela se rehúsa a hacerlo -incluso mantiene tensas relaciones diplomáticas con Colombia- y el Perú está todavía a la expectativa. La debacle de Montesinos estaría en el centro del tema.

Definitivamente, Vladimiro Montesinos fortaleció su poder durante la década, como un Estado dentro del Estado, gracias a sus vinculaciones con la CIA. La CIA lo ha respaldado y no sería sorprendente que lo esté protegiendo aún, escondiéndolo. Así como no resulta verosimil que los Estados Unidos no se hayan informado del tráfico de armas desde Jordania, resulta imposible que no conozcan el paradero de su ex agente. Todo hace pensar que la pugna entre la CIA y la DEA se radicalizó a partir del Plan Colombia: la misma CIA encontraría contradictorio que Montesinos trafique armas cuando Estados Unidos ha desarrollado un plan de intervención. Eso explicaría por qué la CIA lo deja caer y por qué hasta la fecha nadie conoce su paradero y, lo que es peor, nadie lo busca seriamente.

No creemos exagerar si afirmamos que la última década ha sido gobernada por las fuerzas más oscuras de la política, incluso delincuenciales: mafias, cúpulas, agencias de Inteligencia que han mellado la imagen de instituciones claves, como el Ejército, el Poder Judicial, Legislativo, Ejectutivo y Electoral. No tenemos que remontarnos a los años 30 para referirnos a la mafia: el tercer milenio la encuentra campante en China, Japón, Estados Unidos, Italia, Colombia y ... el Perú.


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