EL ASESOR
Una entrevista con Alberto Adrianzén, por Abelardo Sánchez León
-Tú has sido en los últimos años asesor de diversas personalidades políticas, incluyendo al ex presidente Valentín Paniagua. ¿En qué consiste el trabajo de asesor?
-Yo he sido asesor de un congresista, Alfonso Grados; luego he sido asesor de la bancada de UPP, de la bancada de Acción Popular-UPP, y finalmente del presidente de la República. Fui jefe del gabinete de asesores. El asesor es aquella persona que ayuda a que se tomen decisiones positivas que beneficien al asesorado y a la institución, y a crear condiciones adecuadas para que esa decisión se tome en el mejor escenario posible sin mucha presión de diverso tipo.
En el mundo de la política, el asesor cumple múltiples funciones. Saber escuchar a los políticos, que es muy importante. Las tareas correspondientes de tu asesoría: redactar leyes, discursos, buscar relaciones con diversos sectores hasta, muchas veces, acompañar a un político en su vida cotidiana dentro de la estructura del poder. En mi caso, acompañé al presidente de la República durante los ocho meses. El asesor es una especie de médico de guardia que está ahí listo para cuando la emergencia lo llame. En el país la imagen del asesor la ha dado Montesinos, quien finalmente no ha sido un asesor.
-¿El asesor ha profesionalizado la política?
-Creo que el asesor ayuda a que la política sea hecha profesionalmente por el político. Finalmente, ambos son profesionales en espacios distintos.
-¿Qué sabe el asesor que el político no sabe? ¿Qué sabías tú que Grados Bertorini no supiese?
-Es bien difícil, porque Grados sabía mucho. Curiosamente, Grados era un político que buscaba permanentemente estar al día. Y muchas veces el asesor es una especie de sparring, de contraparte.
-O sea practica antes lo que va a suceder.
-No solamente practicas sino conversas, sobre la coyuntura, sobre cuál es la base de acción, y en ese proceso uno recomienda. El asesor debe hacer que la otra persona tome una decisión. El asesor nunca puede sustituir al asesorado.
-¿Por qué motiva tanta sospecha el asesor? ¿Vive en la sombra, es desconocido, está detrás del trono, es un intrigante?
- Desde el caso Montesinos, los asesores aparecen como seres detrás del trono, intrigantes. La primera regla de un asesor es que no debe tener una vocación política de poder. Porque, finalmente es el otro el que maneja el poder, no eres tú. Cuando el asesor busca poder, deja de ser asesor y se convierte también en poder.
-Por eso tú dirías que Montesinos no fue un asesor.
-Pudo serlo al principio, pero devino en un hombre de poder, un hombre de gobierno. Él manejaba los hilos del gobierno.
-¿Esa sería la única razón por la cual no lo consideras un asesor?
-Sí, es una razón importante. Porque él reemplazó al asesorado. Lo puede representar en determinadas circunstancias, pero nunca reemplazarlo de facto, como sucedió con Montesinos, lo que lo llevó en la práctica a cogobernar con Alberto Fujimori. Y en muchos casos, a gobernar.
-¿El asesor sólo habla con el político que asesora? ¿O se convierte en un mensajero, en un portavoz frente a otras líneas, tendencias políticas, una especie de bisagra, un Ramiro Prialé, si quieres?
-Mi función muchas veces ha sido incentivar las reuniones, los acercamientos, buscar los consensos. Porque una cualidad del asesor debe ser tener buenas relaciones con las otras personas, no despertar sospechas. Siempre tiene que actuar de buena fe, entendida como transparencia en el manejo de las relaciones. Por eso te digo que si el asesor no busca el poder, se le facilita mucho el trabajo, porque no es visto como un adversario o un posible enemigo sino como una persona que facilita las cosas. Tiene un sentido de responsabilidad.
-¿Lo ideológico, si es que lo hay, es lo que une al asesor con su político o algunos rasgos profesionales o psicológicos, habilidades innatas? ¿Cuáles son tus habilidades innatas como asesor?
-Yo solamente asesoraría a personas que compartan los mismos proyectos políticos, o similares. No me siento un asesor técnico, al que no le interesa quién está al frente. Uno debe compartir una cierta visión de las cosas, no siempre exactamente igual, pero sí dentro de determinados parámetros que regulen el comportamiento. El asesor debe tener una relación muy sana sicológicamente con el asesorado. El asesor no puede aparecer como un intrigante, tampoco como una persona que lleva problemas. No debes generar desconfianza, desagrado, porque hay una relación humana intensa, sobre todo cuando el personaje es un presidente que sabe perfectamente que él también vive una soledad como persona. No puede salir a la calle; por ejemplo, no puede salir a comprar.
-¿Y el asesor es cama adentro o tiene un horario?
-En mi caso, uno siempre tiene que estar dispuesto las 24 horas del día. Puede ocurrir que te llamen a la 1 o a las 7 de la mañana. Debes tener una cierta disposición al sacrificio, lo cual es bien complicado porque tú también tienes familia, esposa. Eso exige una dedicación exclusiva a tiempo completo, tanto mental como sicológicamente.
-¿No hay una similitud con los consiglieri de la mafia?
-Más o menos. Como hombre de confianza, sí. Pero eso depende mucho del asesorado. O sea, cuánto poder te otorga el asesorado. Y uno debe ser muy respetuoso de ello.
-¿Aceptas su decisión aunque la consideres errónea?
-Sí.
-¿Hay mujeres asesoras?
-Giovanna Peñaflor, de Imasen, es una asesora de imagen, más especializada en opinión pública. Hay pocas en el país, pero las hay.
- Ha habido una discusión pública sobre los sueldos de los asesores; se considera que sus sueldos son muy altos y son pagados por el Congreso. ¿Por qué la opinión pública no tiene clara la idea de lo que representa un asesor?
-Porque el trabajo del asesor es poco visible. Yo estoy en contra de que los asesores se peleen por salir en la foto.
- ¿Porque el mejor asesor es el que nadie conoce?
-No exactamente, porque durante el tiempo que estuve procuraba tener cierta visibilidad, cierta transparencia. Es bueno no estar encapsulado o aislado, es como no tener calle o esquina. El asesor debe ser una persona muy autocontrolada.
-Tú dices que el asesor no debe buscar el poder; sin embargo está cerca de él, siente su aroma. ¿Cómo lo evita, si convive con él? Tú eras asesor de Valentín Paniagua, ¿cómo te alejabas de esa tentación?
-Hay que tener autocontrol, eso lo aprendí en el Congreso. Curiosamente, viendo a congresistas que iban poco a poco destruyendo su vida. La mejor protección es un autocontrol, si no la tentación es muy grande. Si tienes chofer, guardaespaldas, cómo entras, cómo sales, cómo te presentas, hay toda una serie de formas que tienes que manejar. La política también son formas. Inclusive lo formal es también lo real.
-¿No puede haber un asesor cándido, confiado, buena gente, ingenuo? Se le asocia más bien con un Maquiavelo, un Rasputín, siempre con imágenes manipuladoras, el que conoce el lado oscuro de las personas y de los políticos. ¿Tú cómo aprendiste a tener esas virtudes? ¿Cómo dejaste de ser Betito para convertirte en un asesor?
-No es tanto así. No es que uno sea maquiavélico, pero tampoco puedo ser ingenuo. Pero yo insisto en tener una conducta frente al poder. La defino como un concepto de austeridad republicana, tienes que evitar que un poder sea arbitrario. Como bien dijo un día el presidente Paniagua, en este país no solamente se es autoritario sino básicamente arbitrario. Y hay que eliminar el poder arbitrario. Ten en cuenta que la definición de autoritarismo no es solamente aquel poder que es arbitrario, sino también aquel poder que es apegado a la ley. Tiene una doble acepción.
-Tu experiencia en el Congreso te permite, de primera mano, observar a los políticos en actividad. ¿Hay algún rasgo de la peruanidad que define al político?
-Algunos políticos no entienden la función del asesor y algunas veces lo confunden con el pata que te lleva el maletín.
-¿Tiene que tener siempre un asesor, por ley?
-Sí.
-Puede ser un mensajero o puede ser un asesor de verdad.
-O tú lo puedes emplear como la persona que te lleva el maletín. Eso depende del político, de cuánta importancia le da al asesor. Hay gente que le da mucha importancia. Hay otra gente que lo tiene como un recopilador de información. Y yo creo que es un error. El asesor es útil para mirar a otras partes, para ampliarte el panorama, para buscar relaciones, inclusive para cuidar tu imagen como persona.
-¿Cuándo tira la esponja un asesor? ¿Cuándo se desanima, se desilusiona de la actividad política a la peruana?
-Cuando uno se da cuenta de que no es tomado en cuenta como asesor. Cuando sus opiniones no tienen llegada o no se concretan. O te vas o asumes ese rol muy secundario. Ese es el límite.
-Si Montesinos no era el asesor de Fujimori, ¿quiénes formaban el equipo de asesores de Fujimori?
-Dicen que eran cuatro personas. Estaban Absalón Vásquez, Miriam Schenone, en momentos determinados. Había tres personas más. Él tenía real o aparentemente su equipo de asesores presidenciales.
- ¿Cómo fue el trabajo en el Parlamento?
La relación con el fujimorismo en el Congreso fue muy difícil. Había una mayoría aplastante, arbitraria, que no escuchaba, antidemocrática, donde la función de la asesoría debía estar no tanto en el Congreso como en la relación con la sociedad. Porque el objetivo de los parlamentarios es cómo recomponer su relación con la sociedad. La función de los asesores en este Parlamento va a ser distinta porque es un Parlamento más normal. Capaces de construir consensos, de operar políticamente en un mundo que es variado. Inclusive yo diferenciaría lo que es un asesor de lo que puede ser un operador político, son cosas distintas. Tú operas políticamente: buscar a la gente, reunirla, buscar consensos, obtener información, es también ser operador político. Lo ideal es que el asesor también sea un operador político.
-¿Cómo es el lobby acá?, ¿tú has tenido alguna experiencia con los «lobbistas»? No es malo, pero acá tampoco es transparente. ¿Deforma la actividad del Congreso, es parte del Congreso?
- Ejercer presión no es un delito; muchos sectores presionan por determinadas leyes y hacen lobbys. Pero cuando se busca el beneficio de particulares, efectivamente sí te deforma la actividad del Congreso. Yo diferencio muy claramente lo que pueden ser lobbys empresariales, de lo que son lobbys de colectividades. Los trabajadores pueden hacer lobby para obtener una ley laboral, pero es de rango distinto que una empresa haga lobby para sacar una norma que la beneficie estrictamente a ella. Es también otro campo de tentación.
-No está exento el Congreso de esas tentaciones, no llamadas coima necesariamente, pero sí beneficios.
-Creo que ningún Congreso está exento. Tanto así que en Estados Unidos han regulado el lobby. La diferencia entre una democracia y un régimen autoritario o dictatorial es que en el segundo no hay transparencia.
-¿Tú sentías, aunque fuera ilusoriamente, que gobernabas cuando, como asesor de Valentín Paniagua, estabas en las grandes decisiones?
-Algunas veces sí. Ahora bien, Valentín Paniagua es una persona también especial. Fue ministro muy joven en el primer gobierno de Belaunde, ha sido presidente del Congreso, es experto en Derecho Administrativo y Constitucional, es político. Él tenía un manejo eficiente del poder moderno.
-¿Quién es el asesor de Alfredo González?
-Es una buena pregunta. Él viene del fútbol a la política.
-Pero él viene de hacer política en el fútbol.
-Así es, y la hacía, al parecer, muy activamente.
-Yo creo que Alfredo González básicamente es un político.
-Es acaso uno de los dirigentes más políticos que ha tenido el fútbol. En la medida en que ha luchado por el poder.
-Háblanos del Congreso, cuya imagen deteriorada tú refutas con optimismo.
-Ahora la imagen del Congreso es mejor que antes, para comenzar. Tengo la impresión de que en las encuestas hay más gente que lo aprueba que gente que lo desaprueba. Con el Congreso ocurren dos problemas importantes. Por un lado, no tiene iniciativa en el gasto. La segunda cuestión importante es que muchas de las cosas que aprueba el Congreso en materia legislativa no necesariamente se llevan a la práctica, no tienen concreción y eso atenta contra su legitimidad. El Congreso debe buscar nuevas formas, imaginativas todas ellas, de un nuevo vínculo con la sociedad. Lo que pasa es que en sociedades tan pobres como éstas, la demanda es muy intensa.
-Pero hay la idea de que es un trabajo ineficiente, prolongado, burocrático. ¿Es verdad, es inevitable? ¿Puede modernizarse el funcionamiento del Congreso?
-Lo que hay que entender es que tú estás en un país diverso, plural, no estás en un país homogéneo como lo es Inglaterra, donde tienes a laboristas y conservadores bajo sistemas bipartidistas, sino que tienes diversos grupos no solamente ideológicos sino sociales. Y eso obliga a una democracia más de corte consensual que a una democracia que apele a la mayoría, como es la inglesa. Y eso retrasa la toma de decisiones, es cierto, pero es necesario. Lo otro es la tentación autoritaria permanente. La democracia en el Perú tiene que ser plural, diversa, basada en el consenso más que en el ejercicio mayoritario. Tenemos que pasar de una democracia donde gobiernan los partidos a una democracia donde gobierne la sociedad, con capacidad de vigilancia, de fiscalización, inclusive muchas veces legislativa.
Aquí se requiere otro tipo de democracia, más participativa, donde sea muy activo el papel de los ciudadanos.
-La gente no habla de los congresistas de Perú Posible, del APRA, de Unidad Nacional, sino habla de Toledo, Alan García y Lourdes Flores. Depende de si ellos se ponen de acuerdo o no, depende de su temperamento y de sus vísceras. Sigue siendo así.
-Eso sí es cierto, hay una cultura presidencialista. La gente cree que el presidente es una especie de monarca que resuelve todo.
-Pero igual pasa con los líderes de la oposición. Alan García sigue siendo él y Lourdes Flores está imitándolo.
-Yo creo que es un error. La idea en el gobierno de transición era mostrar que se podía gobernar de manera distinta que el caudillismo o el presidencialismo, y además apegado a la ley. Hay una cultura presidencialista que se exacerbó con el fujimorismo; no es que lo haya creado Fujimori, es una vieja tradición de caudillos. Y tiene que ver mucho con la falta de organización democrática en la sociedad y con estructuras partidarias fuertemente impregnadas de caudillismo.
-Valentín Paniagua ha pasado a la historia como un presidente de perfil bajo. Más institucional, menos protagónico. Sin embargo, en los ocho meses de gobierno, parte de su tarea fue perseguir y capturar a esta red de corrupción. ¿Cómo fue esa experiencia tuya con él, como asesor?
-Lo que hay que reconocerle a ese gobierno son dos cosas. Uno, que evitó caer en una cosa que fue muy fácil en ese momento: en una persecución política. La gente demandaba algo así como un linchamiento simbólico. Y, segundo, se aplicó la ley. Esto que puede sonar como una cosa normal en otros países, aquí suena como un hecho revolucionario. Que la ley se aplique igual para todos, que haya corruptos hoy en el penal San Jorge, son hechos revolucionarios. La persecución a la corrupción era de acuerdo a la ley y no ha sido fácil porque uno veía a gente que uno consideraba decente recibiendo plata encima de la mesa. No digo que se haya terminado con la corrupción, pero creo que se ha iniciado un camino que debe continuarse.
-Hay tres tipos de detenidos. Los militares, los civiles vinculados más bien a la televisión, pero no los empresarios que también se dice que se beneficiaron con ese régimen. ¿Eso demostraría que entre los empresarios no hubo una verdadera alianza?
-Esto es una mafia que tenía varios negocios.
-Pero las víctimas son los militares.
-Pero no son los únicos corruptos.
-No, pero los más rápidos en caer y en ser detenidos.
-Así es. Porque eran la parte más visible y donde había más pruebas. Pero hay lo que llaman mafias verdes y mafias blancas. Creo que hemos agarrado a una parte de la mafia.
-La verde.
-Y operadores cercanos a la mafia verde.
-José Ugaz es un personaje importante en este proceso. Él fue designado por el mismo Fujimori a sugerencia de Alberto Bustamante. ¿Hay una contradicción en esa designación por parte de Fujimori y Bustamante? ¿Pensaron que actuaría así?
-No, creo que no. Quiero decir públicamente que José Ugaz ha actuado con una rectitud impresionante.
-¿Y Bustamante sabía que iba a actuar así?
-Es posible. Pero los pasos que ha dado Ugaz han sido muy rectos y creo que está dispuesto a investigar a cualquier persona, al margen de los apellidos y los cargos, y eso me parece un hecho contundente. No se fija en el nombre de la persona que va a ser investigada, ni en el cargo que tiene, y eso es una garantía para que la investigación vaya bien.
-Y Montesinos era el artífice de toda esta mafia. ¿O había alguien por encima de Montesinos?
-Yo creo que esta es una mafia previa al fujimorismo. Se articula en los ochenta y tiene a Montesinos como un actor importante, central, que se apodera del Estado. Si tú te fijas bien, Montesinos tiene toda una estrategia muy clara. Él controla el poder definitivamente el año 97, 98. Antes, lo comparte. Buena parte del proceso de Montesinos es cómo llega a controlar un poder absoluto. En el período 90-92 él se dedica al control de las fuerzas armadas y el resultado es el golpe de Estado el 5 de abril. En el período 92-97 es cómo él se hace del poder, contando con el respaldo militar. No me extrañaría que detrás de la ruptura de Susana Higushi y Fujimori en el 92 por la ropa usada haya estado presente Montesinos. No me extraña que detrás de la salida de Santiago Fujimori también, como detrás de la salida de Yoshiyama o de Dante Córdova. Él busca aislar a Fujimori en todo ese proceso y fortalecer su relación con los militares, con hombres de empresa, armar una correlación que lo lleva finalmente el 98 al poder absoluto, lo que coincide con los videos, dicho sea de paso.
-¿Él es un asesor traidor?
-Bajo esa figura, sí. Se hace del poder o comparte el poder con el asesorado. No es en ese sentido un asesor, porque se convierte en un gobernante. A lo mejor él tenía otros asesores, que podrían ser empresarios, militares.
-¿Paniagua y tú eran conscientes de que a esta red de corrupción había que atacarla frontalmente en los ocho meses?
-Sí, además eso era parte de la recuperación moral del país. Como dice Paniagua, el problema no es que la gente se sienta pobre sino que no tenga expectativas. Y la impunidad era falta de expectativas.
-¿La captura de Montesinos era más fácil de lo que uno imaginaba?
-Finalmente, sí. Cometió errores garrafales que llevaron a su captura.
-¿Cuáles?
-Descubrirse, la falta de dinero lo lleva a descubrirse y a ser visible.
-¿Ya una vez afuera?
-Claro. Fujimori ha probado ser más inteligente que Montesinos en ese aspecto.
-¿Tú crees que Fujimori lo tenía todo planificado?
-Él planifica su salida y no me extrañaría que Fujimori haya planificado inclusive la caída de la propia Martha Hildebrandt en la presidencia del Congreso como una justificación para salir. Es difícil creer que se produzca una fractura en el fujimorismo sin que Fujimori tenga la capacidad de controlar esa fractura. Lo que Fujimori buscaba era una justificación para salir. Y la justificación era: yo no puedo gobernar con un Parlamento en contra.
- Si Fujimori no se lanza a la tercera reelección en diciembre del 99, ¿habría pasado como un héroe? ¿Habría habido video si no se lanzaba Fujimori de presidente?
-Posiblemente no. El problema es que estaban demasiado comprometidos, tenían demasiados negocios. Un capitalista no puede parar la producción porque quiebre, no puedes parar la fábrica porque quiebras. Quiebras en el sentido de que si sube otro gobierno distinto al tuyo te va a investigar.
-Pero ahí hay una contradicción en la percepción de la mafia, al menos que se consideraran perennes.
-Yo creo que hay un momento en que ellos se consideran perennes. Yo escribí un artículo en el 98 para Quehacer donde narro una conversación imaginaria cuyo personaje es Montesinos que dice tenemos todo listo para el 2000 y tenemos veinte años por delante. Esa conversación me la refirió un amigo y yo la transformé en un hecho ficticio, digamos; pero existió. Y ahora te das cuenta de que esa conversación en parte está contenida en los videos. Al final, Montesinos es un personaje que pierde el sentido de la realidad. El poder muchas veces te hace perder la razón, el sentido de la realidad y de las proporciones. Montesinos siente que tiene una especie de poder omnímodo y eso atenta contra su propio liderazgo.
-¿Toledo está vacunado contra estas tentaciones del poder? Los peruanos en promedio tienen ciertas dudas sobre la estructura sicológica de Toledo. ¿Tú crees que esto es verdad, podría manejarlo, su entorno podría protegerlo?
-En política no existen las vacunas. Lo que debe existir son normas claras, reglas de comportamiento, instituciones democráticas que son finalmente las vacunas. Y personas que tengan determinado comportamiento moral, político. El estilo de gobierno de Valentín Paniagua no es solamente un estilo personal, no es solamente que no le gustaba salir mucho en las cámaras, sino que tiene un concepto de lo que es un presidente de la República, un concepto de lo que es un gobierno republicano.
-Ahora, la magia de Valentín Paniagua, bajo esas características, es que nunca hizo campaña.
-Es un gobierno que sube sin compromiso, que no le debe nada a nadie, aparte del Parlamento que lo eligió como presidente.
-Y sin la experiencia escenográfica de la campaña.
-Y sin promesas. Eso facilitó mucho.
-La última pregunta. ¿Qué haría un asesor sin un celular?
-Ah, es terrible.
-¿Tú te imaginas trabajando sin celular?
-No, es una herramienta de trabajo fundamental.
Te permite estar en diversos sitios sin estar. Y en cualquier momento y cuando tú quieras.