EN BUSCA DE LA CALIDAD PERDIDA

Una entrevista con Manuel Burga, rector de San Marcos, por Martín Paredes y Eduardo Toche.


 

-San Marcos ha cumplido 450 años, ¿es gobernable la universidad?

-San Marcos ha demostrado a lo largo de su historia que ha podido ser conducida por rectores priores de conventos religiosos, por rectores manejados por los grupos más ultras y por estudiantes, ha sido manejada por rectores reorganizadores puestos por el gobierno de Fujimori y ahora hemos regresado a esa aspiración que siempre hubo en San Marcos: un gobierno democrático, donde los tres tercios de representantes puedan entenderse y crear una gobernabilidad adecuada. La apuesta actualmente es legitimar un gobierno dentro de un ambiente democrático, lo cual es difícil. Pero ese es el camino que nos hemos trazado.

-¿Ese ambiente democrático es nuevo en San Marcos?

-La aspiración a la democracia es algo presente en San Marcos desde 1919, en que empezó la reforma de Córdova, pero las tendencias antidemocráticas en San Marcos son muy fuertes, de grupos muy reaccionarios de profesores y de grupos ultras, que eran rezagos de Sendero o de grupos antifascistas. Lo que hay es una institucionalidad democrática, pero también puertas reacccionarias, ultras, antidemocráticas. La conducción con tantas fuerzas contrapuestas es difícil y a veces obliga a tomar decisiones no muy inteligentes.

-La crisis de la universidad peruana no es un tema nuevo. ¿Cuándo entra en crisis San Marcos?

-En los años 80 y 90. En las dos últimas décadas la crisis se hace evidente. Y cuando decimos crisis en San Marcos estamos refiriéndonos a una crisis de calidad. Calidad de la docencia, de la investigación, de los sueldos de profesores, de los alumnos. Hay un presupuesto reducido y la calidad en general se ha reducido en la universidad. Por sus características, la universidad comenzó a ser evitada por los profesores que tenían mejores posibilidades; emigraron al extranjero o a las universidades privadas y los que se quedaron en la universidad pública fue porque no tenían muchas alternativas, porque no había otro mercado de trabajo para ellos. Lo que hay que hacer es rescatar a esos profesores y que la imagen de San Marcos sea construida desde esos profesores.

-¿Cuántos alumnos tiene ahora San Marcos?

-Tenemos 26 mil alumnos matriculados en el pregrado y 3200 en el posgrado.

-¿Y la universidad podría trabajar mejor con menos alumnos?

-No. El número de alumnos no es un número exagerado, lo que sí creo es que la universidad podría funcionar mejor con un incremento considerable de los sueldos, un mejor equipamiento de los laboratorios, una actualización de las bibliotecas y una mejor infraestructura. Mejorar la calidad en San Marcos es un problema de solución a mediano plazo. La solución no vendrá por un incremento de las remuneraciones solamente sino por un incremento general del presupuesto de la universidad y un manejo diferente del mismo. Nuestro presupuesto anual asciende a 200 millones de soles. La mitad proviene del Tesoro Público y la otra mitad de los ingresos directamente recaudados, propios. ¿Cómo incrementar el presupuesto? El Tesoro Público nos dice constantemente que no es posible. ¿Cuál es la salida? Crear centros de producción más eficientes, dinámicos y productivos, que generen recursos para SM. Pero nos dirigimos a la creación de una universidad sui generis, una universidad pública pero que funciona internamente como una organización privada para generar recursos propios. La universidad pública está pasando es un período de sobrevivencia; tiene que sobrevivir porque es el único camino en el que muchos sectores sociales encontrarán una forma de profesionalización.

-¿SM no podría seguir existiendo si continúa siendo totalmente pública?

-No, yo creo que no debe dejar su estructura actual, que es mitad pública y mitad de generación de recursos propios. No podemos volver a esa cultura de la gratuidad total. Hemos ingresado por la fuerza de los hechos a una cultura de la solidaridad, en SM la gente paga cuotas de solidaridad con la universidad.

-Hay un gran problema acerca de la competitividad que tiene un egresado de SM. Se interpreta que hay un mercado de trabajo restringido que dificulta la incorporación de nuestros egresados a este mercado, pero lo cierto es también que hay un muy bajo nivel de competitividad de estos profesionales. ¿Qué piensas hacer?

-Lo que quisiéramos hacer es que los alumnos de alta calidad que ingresan a SM terminen mejor. Los que ingresan no terminan como ingresaron, como que hubiera una pérdida de calidad a lo largo de los 5 o 7 años de estudio. Lo que quisiéramos hacer es que esa calidad de los ingresantes vaya creciendo a lo largo de los años y que al final sean profesionales altamente competitivos, no tanto a nivel estricto del mercado sino en general, en todas las profesiones de las cuales egresan. Debemos procurar que el paso por la universidad los lleve por un camino de ascenso hacia una mayor calificación al egresar. El camino es mejorar la calidad de la docencia y la investigación.

-¿Y eso se resuelve solamente con un mayor presupuesto?

-No. No creo que un profesor mediocre, que los hay y muchos en la universidad pública, mejore si le aumentan el sueldo. El mejoramiento del presupuesto debe ser un proceso, y que eso permita una capacitación de profesores. Lo que debemos lograr es que la universidad pública sea un lugar codiciado para trabajar, interesante, rentable. Que trabajar en SM sea como jugar en el Internacional de Italia o en el Bayern de Munich, y no en el Cienciano o en el Juan Aurich.

-¿La Comisión Interventora le hizo bien o mal a San Marcos?

-Creo que hizo mal en el sentido que empleó hábitos antidemocráticos; acostumbró a profesores y alumnos al verticalismo de la autoridad, creó una mentalidad de obsecuencia frente a la autoridad y esos hábitos son los que ahora atentan contra un gobierno más democrático en San Marcos. Pero, por otro lado, mostró que San Marcos en un ambiente de disciplina y de un gobierno muy fuerte pudo crear un presupuesto generado por el funcionamiento interno de la universidad. Hay aspectos negativos y positivos. Cultural y políticamente, el gobierno de Manuel Paredes -que representaba la presencia del gobierno en San Marcos- creó muchas conductas antidemocráticas, deterioró la ética de alumnos y profesores en muchos casos, atentó contra los derechos laborales de profesores y trabajadores, pero por otro lado esa disciplina creó un manejo más organizado del presupuesto de la universidad. Pero el balance final es negativo, porque la universidad ahora está muy preocupada por olvidar ese pasado inmediato de 5 años.

-¿Acaso la universidad necesita ese tipo de gobierno, vertical?

-Lo que trató de imponer Paredes fue disciplina y lo que San Marcos necesita es organización.

-¿Un sistema democrático no es demasiado lento para hacer reformas en la universidad?

-El gobierno de San Marcos es un gobierno que proviene de los años 20. Tal como está diseñado ahora, en 3 estamentos, 2 de docentes y 1 estudiantil; ése ya es un sistema de gobierno tradicional que no facilita una mejor productividad en el gobierno.

-¿Cuál es la función de un rector, cuánto puede hacer un rector?

-Puede crear más conflictos o ser un gobierno de concertación. Yo he optado, de acuerdo a los tiempos, por adoptar el segundo camino y tratar de que nuestra administración no sea de imposición de un grupo sino de inclusión de diversas propuestas. El papel del rector es un poco concertar, discrepar cuando es necesario y proponer las líneas fundamentales de desarrollo de la universidad. El rector es la imagen de la universidad y si miramos los períodos pasados, los rectores han encarnado los diversos momentos de San Marcos.

-Ya que hablamos de rectores, viene a la mente la figura de Sánchez.

-Sánchez fue rector tres veces. Creo que Sánchez fue uno de los buenos rectores de San Marcos en el siglo XX. Con él se inaugura la alta intensidad de la política en San Marcos. El APRA lo puso a Sánchez tres veces como rector y no fue esencialmente por sus altas calificaciones académicas sino por su alta calificación como aprista. La primera vez probablemente representaba a un movimiento nuevo, de jóvenes intelectuales; el segundo rectorado fue para reemplazar a Aurelio Miró Quesada y el tercero fue para desplazar a otros intelectuales que tenían méritos sobresalientes para conducir San Marcos. En la época de Sánchez, San Marcos se acercó más al modelo de la UNAM de México, dirigida por el PRI. Los otros rectores que vinieron después también fueron producto de la alta intensificación política de la época.

-Lo que pasa en el país, pasa también en San Marcos.

-Pablo Macera siempre ha dicho que San Marcos es un Perú en miniatura y que San Marcos refleja al Perú. Yo diría que San Marcos refleja un poco al Perú, pero que a la vez altera muchas de las características que se dan en el escenario nacional. Por ejemplo, en San Marcos aún superviven ciertas tendencias ultras que ya no existen en el país, y en San Marcos no tiene presencia el APRA, que sí tiene presencia en el país. Es decir, es un Perú en pequeño, pero con ciertas diferencias. San Marcos probablemente sea el mejor retrato del país en lo que se refiere a su aspecto multicultural, multiétnico y multisocial.

-Alfredo Bryce decía en el Martín Romaña que San Marcos era el pulmón del Perú. ¿Qué pasó, el Perú sufre de pulmonía?

-En el sentido de que San Marcos oxigena al país, creo que es cierto. San Marcos, si funciona bien, oxigena mejor al país. Porque con sus 40 facultades y 45 escuelas profesionales, que son escaleras de ascenso social, permite una mayor movilidad social, una mayor permeabilidad entre sectores desfavorecidos y sectores más favorecidos. SM le da una mayor organicidad al cuerpo social peruano, es una maquinaria para crear ciudadanía en el país.

-¿El rostro de San Marcos, de sus alumnos, ha ido cambiado en los últimos años?

-Hay ahora la presunción de que SM es más blanca, más clase media, que antes. Tengo la sensación de que la Católica es más chola que antes y la Pacífico también. Como que SM se ha blanqueado un poquito y las otras se han cholificado. Daría la impresión de reflejar las transformaciones sociales del país.

-¿Los grupos políticos le han hecho daño a San Marcos?

-La dirigencia política promovió un modelo de universidad pública, revolucionaria, científica, nacional, al servicio del cambio social. Era un absurdo. En el Perú la universidad pública y la educación durante 2 décadas estuvo dirigida por los grupos maoístas. No hay otra universidad en América Latina donde la presencia del maoísmo en sus aulas haya sido tan fuerte como en el Perú. La dirigencia política no entendió lo que la universidad realmente es: formadora de profesionales y productora de conocimientos. Entendieron que la universidad debería ser evangelizadora, catequizadora y transformadora de la sociedad en una dirección. Y eso por culpa de muchos sociólogos en los años 70.

-¿Cuánto tiempo lleva de rector?

-Seis meses, pero parecen seis años.

-¿Ya se cansó?

-No. Es muy difícil la conducción de SM, porque cuando uno está en el Rectorado se da cuenta que el rector no conduce la universidad, sino que encabeza a la universidad. La gran angustia de los docentes sanmarquinos es una democracia asambleísta, griega, donde el gobierno de la universidad se decida en grandes asambleas.

-Un sociólogo de la Católica tipifica al sanmarquino como un ser con una serie de traumas, de complejos frente a otros. ¿Qué opina usted?

-Un estudiante sanmarquino es socialmente de origen pobre, racialmente proveniente de sectores étnicos mayoritarios; eso hace que tenga una conciencia que lo lleve a posiciones radicales o a situaciones destructivas y autodestructivas. Son traumas de las mayorías sociales en el Perú, que se expresaron a través de Fujimori y que se expresan ahora a través de Toledo. Eso de la cholificación en el Perú es un período superado. El Perú ahora parece el Perú de los cholos. Y los sanmarquinos un poco expresan eso. Esa sensación de sentirse cholo social y culturalmente, y sentirse marginado en un país donde nosotros somos la mayoría. Cuando ven un Fujimori o un Toledo se dicen: ahora estamos ahí. Poco a poco va a haber un proceso de terapia social en el país que probablemente se inicie por SM.

-Y quizá termine en el diván de Max Hernández, otro ilustre sanmarquino.

-SM puede ser un diván que sirva para curar muchas frustraciones producto de la marginación social. Un alumno de SM es el resumen de muchas frustraciones y postergaciones, que a veces adoptan posiciones radicales, ultras.

-¿Qué diferencia a un sanmarquino de otros universitarios? ¿Cuál es su valor agregado?

-Un sanmarquino es un alumno inconforme con su país, con el establishment, y que se ilusiona por esta idea de la búsqueda del cambio por un país mejor a través del estudio y la producción de conocimiento. Para un estudiante sanmarquino, a diferencia de otros estudiantes, de repente su objetivo y su meta no es estrictamente ser profesional para ser más, sino para cambiar el país; busca ser orgánico para el mejor funcionamiento de la sociedad. Esa aspiración de muchos estudiantes hace que después surja un proceso de frustración cuando no logran una realización plena. Es un estudiante comprometido con la sociedad en su conjunto más que con un proyecto individual de vida.

-Un estudiante sanmarquino lo tiene todo en contra.

-Tiene malas aulas, bibliotecas pobres…

-¿Siempre fue así?

-Ha sido peor, ahora es un poco mejor.

 

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