Fujimori y la derechización de la sociedad japonesa
Hidetaka Ogura*
Como reacción al proceso de globalización y estimulado por la explosión de la «burbuja económica» en los primeros años de la década del 90, se hizo patente el curso de derechización de la sociedad japonesa, expresada en el surgimiento de un nuevo «nacionalismo conservador» en la conciencia política del pueblo japonés. La derechización de la sociedad empezó como un rechazo a la tendencia a denunciar las responsabilidades del Japón antes y durante la segunda guerra mundial; por ejemplo, su responsabilidad en las masacres de Nangking perpetradas en 1937-38, durante la invasión a China, así como en el caso de las prostitutas coreanas forzadas durante la ocupación de Corea. Las corrientes derechistas reaccionaron fuertemente y pasaron a la ofensiva proclamando la autenticidad de la iniciativa del Japón en la segunda guerra mundial, al sostener que el motivo de la guerra fue liberar a los países asiáticos colonizados por las potencias occidentales. Según ese discurso, fue justo el motivo de la guerra que empezó el Japón en diciembre de 1941. No existirían tales prostitutas forzadas porque las coreanas querían serlo por iniciativa propia, y en cuanto a las matanzas, siempre ocurren en las guerras. Así, el ala derechista pasó a la ofensiva. En diciembre de 1996 profesores universitarios e intelectuales nacionalistas crearon «la Asociación para los nuevos textos escolares»; en mayo de 1997 se creó «La Conferencia Japón»; y en julio de 1998 fue publicado el libro de dibujos animados La teoría de la guerra de Yoshinori Kobayashi, que influyó mucho en los jóvenes japoneses.
Fue muy lamentable para el pueblo peruano que dos hechos tan diversamente significativos como fueron la operación «Chavín de Huántar» para el rescate de los rehenes en la residencia del embajador del Japón en Lima, realizado con éxito el 22 de abril de 1997, y la fuga del presidente del Perú al Japón tres años y medio después, el 17 de noviembre del 2000, ocurrieran en las circunstancias políticas descritas. De hecho, fue ese clima de derechización del gobierno y la sociedad japoneses, concurrente con una operación militar exitosa atribuida al expresidente Fujimori, lo que favoreció la posterior permanencia de éste en el Japón. El ala derechista del Japón aplaudió la operación, dió la bienvenida a Fujimori y se propuso protegerlo considerando que Fujimori mostró el espíritu Samurai que habían perdido muchos japoneses, aunque los Samurais sabían hacerse el Harakiri para asumir su responsabilidad, cosa completamente ajena a Fujimori.
El eje del vínculo entre el aplauso a la operación «Chavín de Huántar» y la protección a Fujimori en el Japón, es la empresa del diario Sankei, con una tirada de 2 millones de ejemplares. Dicha empresa organizó una colecta para ayudar a los familiares de los militares caídos y heridos en la operación e hizo una donación al gobierno de Fujimori, cuyo destino ha sido seriamente cuestionada en el Perú. De esta empresa dependen la cadena TV Fuji y la empresa editorial Fusosha, que publicó en 1997 El nuevo texto escolar de la historia del Japón elaborado por la «Asociación para los nuevos textos escolares». Con el objeto de perfeccionar ese texto, y en la misma línea de derechización, en abril del 2000 fue creada «La Asociación para mejorar los textos escolares» -conformada también por connotados conservadores-, cuyo presidente es Sumon Miura, esposo, nada más y nada menos, que de la escritora Ayako Sono, quien dio refugio a Fujimori en diciembre del 2000. Por intermedio de los Miura y Sono estableció Fujimori sus contactos con el ala derechista del Japón. Los esposos Miura y Sono presentaron al expresidente del Perú a Tsuneo Watanabe, dueño del diario Yomiuri, con una tirada de ocho millones de ejemplares, y de la empresa editorial Chuou-Kouron, que ofreció a Fujimori publicar sus memorias; y a Shintaro Ishihara, gobernador de Tokio y máximo representante del nacionalismo japonés, quien a su vez lo presentó a Torao Tokuda. Tokuda es un diputado del Partido Jiyu-Rengo (Confederación Liberal), dueño de una cadena nacional de hospitales (Tokushukai) y propietario de la mansión de lujo donde vive Fujimori actualmente en el barrio Kioi-cho, distrito de Bunkyo en Tokio. Aquí se cierra el círculo de apoyo a Fujimori. Son los representantes de la derechización de la sociedad japonesa; ellos son los que lo protegen en el Japón.
La situación política del Japón y la popularidad de Koizumi
La situación política del Japón también se ha derechizado, en correspondencia con el cambio del ambiente social tras la explosión de la «burbuja económica» en 1992. En 1993 terminó el largo período de permanencia del Partido Liberal Demócrata (PLD) en el poder, al que sucedió un gobierno de coalición presidido por Morihiro Hosokawa, quien a ese efecto se separó del PLD fundando el «Nuevo Partido del Japón», que encabezó la nueva alianza de partidos .
Tras sucesivas alianzas y gobiernos efímeros, en enero de 1996 el PLD recuperó su poder político dando lugar a la formación del gobierno de Ryutaro Hashimoto.
Entre enero de 1996 y abril del 2001 se sucedieron tres gobiernos: el de Ryutaro Hashimoto, que cayó en julio de 1998 por intentar implantar un aumento del impuesto al consumo en plena recesión económica y tras perder la elección en Diputados en junio de ese año; el de Keizo Obuchi, fallecido en abril del 2000; y el de Yoshiro Mori, quien rápidamente perdió popularidad en medio de escándalos políticos, abriéndole así camino a Junichiro Koizumi del PLD, quien asumió el gobierno en abril del 2001. Este vió la luz en un ambiente marcado por el auge de la derechización política y el retroceso económico. Koizumi planteó una reforma estructural de la economía nacional adoptando las medidas económicas neoliberales más en consonancia con la globalización para recuperar la competitividad de las industrias japonesas. Planteó básicamente acabar con las facciones internas del PLD, privatizar las entidades públicas y liquidar las deudas irrecuperables de las empresas privadas. Formó un gabinete con ministros de refresco, la ministra de Relaciones Exteriores Makiko Tanaka (de tendencia nacionalista y pacifista, hija del ex premier Kakuei Tanaka), el ministro de finanzas Heizo Takenaka (profesor de tendencia neoliberal de la Universidad de Keio) y el ministro encargado de la reforma administrativa, Nobuteru Ishihara (hijo mayor de Shintaro Ishihara, de tendencia liberal). El gobierno de Koizumi, con el beneficio de esos nuevos rostros, obtuvo buena acogida en el pueblo japonés y su popularidad llegó hasta el 88% en las encuestas realizadas en los últimos días de abril. Tres meses después, beneficiándose de esta alta popularidad de Koizumi, el PLD ganó en julio la elección para el Senado.
Sin embargo, las reformas planteadas por el gobierno de Koizumi no lograban avanzar mucho ante la resistencia de miembros del propio PLD con muchos intereses en la construcción de carreteras. Para decirlo en dos palabras: el PLD se encuentra dividido en dos facciones, unos que están a favor de las reformas y otros que están en contra, sobre todo en contra de la privatización de las entidades públicas y la reducción presupuestal para las obras públicas, como la construcción de carreteras.
De ahí que el Premier Koizumi exclamara, alborozado, «tengo buena suerte» al enterarse del ataque simultáneo ocurrido el 11 de setiembre en Nueva York y Washington, sabiendo que la atención de la opinión pública estaría concentrada en ese incidente durante unos cuantos meses, suficientes para ganar tiempo. Sin embargo, la guerra que empezó Bush tampoco sirvió para ganar tiempo, porque el índice de desempleo de setiembre resultó el más alto de los últimos tiempos, alcanzando el 5.3%. Los parlamentarios del PLD presionaron al gobierno para que tomase las medidas necesarias para evitar una caída más de la economía, y opusieron resistencia a la suspensión de la construcción de carreteras. El gobierno de Koizumi dió un paso atrás el 22 de noviembre, cediendo a las presiones del otro bando del PLD. Actualmente el Japón se encuentra en una etapa reaccionaria y conservadora. Este es el ambiente en que el gobierno y el pueblo del Perú exigen al gobierno del Japón la entrega del señor Fujimori.
LA POSIBILIDAD DE ENTREGAR A FUJIMORI O JUZGARLO EN EL JAPÓN
Para obtener la entrega de Fujimori al Perú hay que tener muy en cuenta la existencia de este clima social y político antes descrito. Al parecer es difícil que el gobierno del Japón haga entrega de Fujimori al gobierno del Perú o que el Poder Judicial del Japón lo enjuicie en el Japón.
En primer lugar, el señor Alberto Fujimori según la nacionalidad peruana, es el señor Kenya Fujimori según la nacionalidad japonesa. El gobierno del Japón rechaza la entrega diciendo que no es que no lo entreguen sino que solamente respetan la ley interna de «Extradición de los Criminales» que prohíbe la entrega de los ciudadanos japoneses. Es cierto que el Japón firmó la Convención contra la Tortura en agosto de 1999, pero no la aplica con retroactividad, o sea, no se aplica para los casos de «Barrios Altos» ni «La Cantuta», ni «la posible matanza extrajudicial de los emerretistas muertos en la residencia del embajador japonés». Ni servirá la posible resolución de la Corte Internacional de Justicia de La Haya sobre la nacionalidad predominante en el caso del señor Fujimori, porque el Japón no está obligado a aceptar la resolución, según el estatuto de la Convención. La entrega del señor Fujimori a manos del gobierno del Perú sería muy difícil.
La otra posibilidad es juzgarlo en el Japón como un ciudadano nacional que cometió un crimen grave en el exterior, como indica el artículo 3º del Código Penal del Japón. La Fiscalía del Japón está obligada a denunciarlo ante la corte japonesa si este ciudadano comete un crimen grave de lesa humanidad, como son los casos de asesinato. No es necesario que los familiares de las víctimas lo denuncien, puesto que es una obligación de la Fiscalía. Pero debería haber las pruebas suficientes. No basta con que exista una cadena de orden militar y que el comandante máximo de las fuerzas armadas se encuentre en el tope superior de esa cadena, sino que tiene que haber pruebas suficientes que demuestren que el comandante máximo dio la orden de matar a las víctimas, bien sea una orden verbal o un video grabado. ¿Es posible que el gobierno o el Poder Judicial del Perú presenten estas pruebas? Si no las pueden presentar, la Fiscalía del Japón no tomará las medidas necesarias para juzgar al señor Fujimori en el Japón.
La única salida para lograr la entrega de Fujimori sería atacar el punto débil de la mentalidad japonesa: la presión internacional. En setiembre del año 2001 el Washington Post publicó un editorial en el que decía que es indefendible o insostenible moralmente la posición del gobierno del Japón de no entregar a Fujimori al Perú, puesto que era el presidente del Perú. El gobierno del Perú debería crear un ambiente favorable para lograr la entrega aumentando las presiones internacionales de este tipo, acudiendo a los medios de comunicación internacional, a los gobiernos de los países amigos y a las organizaciones internacionales para que el Japón ceda ante esta presión.
Creo que es la única salida para lograr la entrega de Fujimori y para ello es necesario que el gobierno y el pueblo peruanos emprendan una gran campaña globalizada a nivel internacional.
(*) Hidetaka Ogura era funcionario de la embajada del Japón cuando fue tomado entre los rehenes en el asalto a la residencia del embajador nipón por un destacamento del MRTA en diciembre de 1996. Fue quien denunció la presunta ejecución de algunos miembros del MRTA cuando éstos se habían rendido. Es de profesión historiador, con estudios de sociología. Vivió en el Perú desde fines de los 70, antes de ser diplomático, y realizó investigaciones en el Centro Rural Andino Bartolomé de las Casas. Su primer destino diplomático fue Cuba. Luego, en los 90, volvió al Perú a trabajar en la embajada como encargado de asuntos políticos. Tras el rescate de los rehenes en abril del 97, fue enviado a México, donde permaneció hasta 1998, cuando renunció para dedicarse a la docencia universitaria. Es autor de un libro, El diálogo obstruido, en el que cuenta los avatares del secuestro.