EL PAÍS DE TODAS LAS CANDIDATURAS

Y usted, ¿qué espera para lanzar la suya?

Nicolás Yerovi *


 

Seamos francos. En estos tiempos en los cuales lo único que resulta más difícil que conseguir trabajo es que a uno le paguen por aquél que ya realizó, hacer carrera política ha dejado de ser un servicio a los demás para convertirse en el sincero deseo de servirse de los demás.

Pruebas al canto. Falta todavía medio año para las elecciones municipales y regionales, pero ya postes, paredes, puertas de cocheras, sardineles de aceras, vehículos de toda antigüedad y laya lucen afiches, carteles y hasta simples pintas donde rostros absolutamente desconocidos y risueños nos solicitan el óbolo de un voto. «Vota por Cucho, sabe mucho», «Paco es tu pata, vota por él, no metas la pata», «Fernando ‘Nando’ Pacheco, siempre derecho, nunca chueco», «Ulises al timón del municipio», «Beto Gumucio, nunca juega sucio», «Vota por Pepe Lucho, roba poco, nunca mucho». «Vota por Paquita, da más de lo que quita», «Perico Tremolada, no roba casi nada» y así decenas, centenares, miles de anuncios a todo lo ancho y largo del país -como suelen decir los candidatos- anuncian las virtudes que cada uno de estos postulantes ignotos descubre en sí mismo.

Ya no hay siquiera promesas electorales; al cabo, elegibles y electores saben que ninguna de ellas será cumplida. Ahora lo propio es hacerse llamar por el sobrenombre familiar, por el apodo que nos dio lustre y fama como jugadores de pichanguita en el barrio, dar la sensación de cercanía, de paterío, de humanidad, de sencillez, o, en el más atrevido y riesgoso de los casos, de honradez. Total, nadie tiene ni la más remota idea de quién es el ambicioso pretendiente al poder que viene empapelando la ciudad.

¿De dónde nace este multitudinario y espontáneo amor por el servicio público? No hay que ser un oráculo para adivinar que de la imperativa necesidad de chamba.

Cavilando al respecto y seguro de que posiblemente terminemos teniendo más candidatos que electores, me di a la tarea responsable y seria de analizar sesudamente la curiosa circunstancia política –en verdad, algo para nada diferente a lo sucedido en el país desde que tengo memoria- y me decidí por hacer una lista de las personalidades con mayores posibilidades para obtener el triunfo en las elecciones generales del 2006. Importa poco su experiencia en la lid, sus antecedentes detestables o bonancibles en el ejercicio del poder, ya todos sabemos que tales argumentos no tienen peso alguno en la conciencia del votante; por ello me ocupé de pasar por alto las obvias postulaciones de Alan García o de Valentín Paniagua, y aun la de Lourdes, cuyo dedo meñique del pie cada día cabe menos en su sandalia de campaña y se encabrita, insurrecto como un chorizo diminuto, fuera del calzado.

No, no son esos candidatos los que tienen la mayor opción para el 2006, considerando la conciencia cívica cada vez más desnutrida de la inmensa mayoría de mis compatriotas. Son los otros, aquéllos que figuran en cualquier otro ámbito de la vida nacional o internacional, por su notoriedad o simpatía, quienes cuentan con mayores posibilidades. Total, el descrédito de la clase política es casi tan grande como la recesión que no nos quiere dejar, en un exceso de fidelidad deplorable, desde hace un lustro.

Así, realizado este somero pero imprescindible diagnóstico del presente político nacional, donde al ocaso de las ideologías sucede tan sólo la intrascendencia de los planes de gobierno, casi tan importantes como los períodos de apareamiento de las jirafas, paso a desarrollar el detalle de las que podrían ser las principales candidaturas presidenciales sin más preludio.

«Ronaldo te dará pa’l caldo»

Es una lástima que los plazos eleccionarios estipulados por la Constitución del Estado para los comicios generales impidan la realización inmediata de los mismos, pues éste sería el momento oportunísimo para alcanzar celebridad mundial y llenar de esperanza a nuestro desencantado pueblo, con la elección como presidente del Perú del máximo goleador del mundial Corea-Japón 2002 y astro del fútbol brasileño, Ronaldo.

Algunos puristas argüirán que un brasileño no puede gobernar el Perú y en términos jurídicos tienen, sin duda, razón. Pero a quién diablos le interesa lo jurídico hoy en día, en un país donde todo el mundo hace lo que le da la gana; es más, un paso tan osado sentaría jurisprudencia en todo el orbe y algún día podríamos ver a la bellísima tenista rusa Ana Kournikova presidiendo los Estados Unidos. ¿Qué tendría de raro? No olvidemos que hace sólo unos días hemos visto a un morenísimo ghanés vistiendo la casaquilla alemana; si después de que perdiera el partido se la quitaron, con nacionalidad y todo, ese ya es otro asunto. Lo cierto es que así están las cosas. ¿Puede ofrecer mayor prodigio la globalización, tan en boga? Cierto que no. Por último, en esta época donde todo se vende y todo se compra –conciencias, congresistas, ministros, diarios, canales de televisión, futbolistas- ¿por qué no podría comprar el Perú la nacionalidad de Ronaldo al Brasil, así como el Barcelona compró su contrato al Inter de Milán? Es cuestión de negociar. Basta de ñoñerías y monsergas.

Ronaldo en el sillón de la Casa de Pizarro convocaría el optimismo nacional, la confianza en el triunfo, llenaría los estadios con su sola presencia en las tribunas; que llene las canastas del mercado es algo insustancial y bastante frívolo en comparación con tal apoteosis. No faltará quien diga «pero, ¿qué sabe Ronaldo de gobernar un país?» Pues nada. Qué importa. Si como todos sabemos quien gobierna a los países no es el mandatario elegido sino los grandes capitales interesados en su elección. Entonces, ¿cuál es el problema?

Bastaría una frase ingeniosa de campaña como «Ronaldo te dará pa’l caldo», y la celebérrima imagen del goleador en las pantallas de televisión, bebiendo en el muelle de pescadores un chilcano de cabeza de bonito, flor de caldo, y ya tendríamos ganador.

«Dile sí a zaraí»

El caso opuesto al anterior es el de Zaraí, quien sólo tendrá 17 años en el 2006 y, por tanto, no podría ser candidata por carecer de la edad mínima estipulada constitucionalmente. Pero, ¿se imagina el lector qué mejor examen de ADN le harían los electores al desgraciadamente impopular régimen de su supuesto y retrechero padre? Sería una fija. La jueza piurana y sus dictámenes conminatorios serían un chancay de a veinte. Y dado que está de moda ignorar el derecho de los niños, si consideramos el ninguneo del presunto y la manipulación materna que no ceja en su propósito de obtener para la hija un apellido paterno que, de ser realmente tal, no vale gran cosa juzgándolo por sus actos, un detalle electoralmente carismático sería que la candidata ingrese a la lid como Zaraí Orozco. Y ni mención de la pretendida estirpe toledana. Se la lleva suave. Ante tantos «no» del mandatario, nada mejor que un lema de campaña que le pida lo contrario al elector: «Dile sí a Zaraí». ¿No sería genial?

«Pizza, el goleador, gobernará mejor»

En el poco probable caso de que Ronaldo o su representante no aceptara la compra de su nacionalidad por motivos específicamente crematísticos –en estos tiempos no hay otros-, considero que sería aconsejable recurrir al goleador local que triunfa en el extranjero. No sería lo mismo que tener a Ronaldo de candidato, claro, pero peor es nada. Para ello resulta imprescindible que Claudio Pizarro continúe anotando goles a favor del Bayern de Munich y que el Cóndor de los Andes empiece, desde ahora, a fotografiarse cargando bebes no sólo alemanes sino algunos más oscuritos, que sus promotores alquilen para una sesión fotográfica a los vástagos de tanto sirio, libanés o turco que trabaja de taxista por allá. No costaría demasiado, unos cuantos miles de marcos y listo. Sería un golazo. Tendría la cancha libre para ganar en el 2006.

¿Quién podría restarle contundencia, bajo tales circunstancias, a un lema de campaña como «Pizza, el goleador, gobernará mejor»? Nadie.

«En abril, vota por Sotil»

Para continuar en el ámbito deportivo, que en el Perú está del todo restringido a lo futbolístico, una alternativa interesante, si bien audaz, es la candidatura del Cholo Sotil. ¿Por qué? Porque reúne la gloria del pasado y la promesa del futuro, su hijo Johan, la revelación de la U por estos días, quien tiene para mayor abono el nombre del gran Johan Cruyf. Cabe recordar que de los cracks de la arqueología futbolística nacional, Hugo Sotil, a diferencia de Héctor Chumpitaz y Teófilo Cubillas, nunca tuvo nada que ver, ni de lejos, con la cleptocracia, y que sigue siendo tan misio como quedó después de que se reventara el billete de sus éxitos en Barcelona, es decir siempre fue tan gloriosamente irresponsable y misio como cualquier peruano.

Alguien objetará que su hijo juega por la U y que esto acarreará la antipatía de los hinchas del Alianza. Pero no nos olvidemos que Hugo Sotil jugó por Alianza Lima, con lo cual tenemos, por parte del padre y del hijo, a los dos clubes de mayor arraigo nacional. Y, por último, cabe señalar que Hugo Sotil llegó al estrellato vistiendo la camiseta del Deportivo Municipal, el mejor club de todos los tiempos, objetivamente hablando, el cual puede andar agonizando en la segunda división, pero vive en el corazón de todos los peruanos, como la propia blanquirroja que distingue al glorioso equipo edil y a la selección del país. En suma, no tendría pierde, «en abril, vota por Sotil».

«La señito lo dará todito»

Huyendo del medio deportivo que tan en boga ha andado el último mes de junio, recalemos en el siempre popular mundo de la televisión donde no deja de haber alternativas interesantes y prometedoras. Aunque ya jamoncita, no por eso menos apetecible para el gusto popular, la carismática Gisela Valcárcel y su imagen de self-made-wooman-solitary mother, encarna para las mujeres un modelo de superación y empeño, cuanto para los hombres un bocado, pese a lo tiense y revenido, todavía apetecible. Así, un lema como «La señito lo dará todito», tiene infinitas connotaciones, desde las alimentarias hasta las sicalípticas. Estaría, sin duda, peleando el primer lugar.

«Cacho ganará a lo macho»

Lo bueno de una candidatura como la del maquillador y pintoresco presentador o presentadora de televisión -quién sabe- Carlos Cacho es precisamente esa ambivalencia, dirigida tanto al público masculino como al femenino. En los tiempos actuales, donde ser un personaje televisivo heterosexual es, si no un asco, casi una herejía, un culto al fracaso y a lo absolutamente pasado de moda, la de Carlos Cacho viene a ser una candidatura que atraerá al electorado aggiornado, aquél que vive rigurosamente al día y trata de marcar distancias con el pasado.

No faltará el analista político cavernícola que presagie en la «opción sexual» del postulante, como suele decirse hoy, un serio inconveniente para captar el voto machista. Se equivoca. No hay óbices que no resuelva una apropiada frase de campaña como «Cacho ganará a lo macho», este lema permitirá abrigar la esperanza, entre los machistas, de la reconversión sexual de Carlos, su redención de las garras inmundas del mariposeo, su reencuentro con la correcta vía, su literal elevación a los altares del machismo litúrgico.

«Pascual no lo hará mal»

Si bien se trataría de la jugada más arriesgada en esta timba comicial, debido al hecho baladí de no ser el candidato un personaje público, la postulación de Pascual Pomasongo, el simpático, diestro, bienhumorado y agudísimo guardián del edificio en el cual vivo desde hace veinte años, podría ser todo un terremoto electoral.

No hay cosa que no sepa hacer Pascual. Puertas, biombos, tabiques, muros, entejados, pisos, barandas, rejas y hasta pintados completos de fachada solito su alma. Tampoco hay problema que Pascual no sepa resolver: hornillas eléctricas en desgracia, fusibles fundidos, refrigeradoras con terciana, televisores con vida propia, termas que enfrían y hasta camas cojas por el uso excesivamente gimnástico y acrobático-sexual, al cual las han sometido sus dueños. Un hombre que arregla todo eso en un santiamén, ¿acaso no podría arreglar también la desastrosa situación del país? Sin duda y en dos patadas. Además, Pascual es un hombre que entretiene a los niños y condesciende, solícito, con los ancianos más maniáticos del vecindario. Y la más poderosa de todas las razones es que, por más insólito que parezca, Pascual es absolutamente honrado. Cuánto no será de acrisolada su honradez, que algunos propietarios -como uno que después de servir a Montesinos aprobando la tercera candidatura de Fujimori se mudó a una residencia en La Molina-, lo miraba compasivamente hasta con lástima, por aquello de las oportunidades de robar desperdiciadas.

No me sorprendería escuchar las voces de algunos espíritus incrédulos, quienes verán en la sencillez de Pascual y en su ostensible anonimato público, un impedimento para el éxito electoral. ¿Acaso olvidan que Fujimori, antes de salir triunfante en las urnas, no era nada más que un japonés escasamente aseado al que el verdulero de la esquina de su casa no le fiaba debido a su acentuada fama de perromuertero? Por favor, no mojen que no hay quien planche. Bastaría con un modestísimo lema de campaña, nadita arrogante, como «Pascual no lo hará mal», para que diera el batacazo.

«Qué importa si no comes, con Nicolás reirás más»

Y ya que de freelancers vengo hablando, ¿por qué no lanzar mi propia candidatura? Al fin y al cabo, no sirvo para casi nada, pero me divierto mucho escribiendo estas fantasías y, si no ando engañado, le alegro temporal y sencillamente la vida a mis paisanos. Por otra parte, ya estoy harto de publicar en todos lados y de que nadie me pague. Esto de vivir del aire es algo bastante esforzado, más aún cuando uno ha sido asmático alguna vez. De sólo pensar en los 14 mil dólares mensuales que gana Toledo mensualmente, se me desbocan las hormonas, se me desguazan las entretelas. A fin de cuentas, esto de vender caramelos de menta en los semáforos ya no rinde lo que antes; hay demasiada competencia, y como yo lo hago medio sonámbulo, durante las tres horas de sueño que me permiten mis habituales labores, no sólo mal sino jamás remuneradas, la semana pasada me robaron la bolsita de golosinas y hasta las medias sin quitarme los zapatos. En pleno día para mayor descaro. Esto es el colmo. ¿Por qué –me pregunto-, no servir a mis compatriotas desde el desprestigiado proscenio, pero proscenio al fin, del poder político? Total, qué importa comer o estar en la inopia si ya casi nadie tiene la esperanza de volver a hacerlo, cuando sólo nos queda pasarla bien y ya lo hemos perdido todo salvo el sentido del humor. «Qué importa si no comes, con Nicolás reirás más», bien visto, podría ser el lema de campaña que nos lleve al éxito a todos los peruanos y a mí me saque de misio. Por favor, las adhesiones, enviarlas a esta revista. Muchas gracias.

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(*) Poeta, novelista. La casa de tantos es su reciente novela.

 

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