El NUEVO CONTRAPODER GLOBAL

Oswaldo de Rivero (*)


 

La actual aldea global tiene una sola calle principal integrada por los pocos barrios ricos del planeta. Detrás de esta calle principal, hay calles con barrios modestos y luego un inmenso laberinto urbano de slums, barriadas, bidonvilles, favelas, pueblos jóvenes, villas miserias, donde el agua, la energía, los alimentos son caros y escasos, y la contaminación, el trabajo informal, el desempleo, la delincuencia, la prostitución y la explotación de los niños, abundante.

Contra esta aldea global estalló en Seattle, en vísperas del siglo XXI, un grito global de protesta. Poderosas organizaciones de la sociedad civil de los países ricos, con una capacidad planetaria de movilización y coordinación de multitudes nunca antes logrado, irrumpieron contundentemente en la escena mundial bajo el lema «el mundo no está en venta», haciendo fracasar el lanzamiento de la Ronda Milenio de la OMC, la mayor negociación económica global, promovida por los países industrializados y las empresas transnacionales.

Luego de Seattle, ya nada fue igual porque una multitud planetaria rompió el Consenso de Washington, que era el código de conducta de la aldea global. En efecto, una multitud de ONGs, unidas a organizaciones sindicales, religiosas y otras entidades de la sociedad civil de los Estados Unidos, Europa, y en mucho menor número de países subdesarrollados, continuaron sin desmayo protestando contra el darwinismo social de la aldea global. Ha habido manifestaciones contra el FMI, el Banco Mundial, el Foro de Davos, el Grupo de los Ocho, en Washington, Praga, Ginebra, Davos, Nueva York, Barcelona, Génova, Florencia y recientemente en favor de la paz en diversas ciudades de los Estados Unidos y Europa. Además, surgió el Foro de Porto Alegre como un carnaval alternativo al hoy deprimido Foro de Davos.

Curiosamente, muchas veces la prensa mundial denomina a este nuevo movimiento global de la sociedad civil movimiento «anti-globalizador». Nada más irreal, porque tanto su coordinación intelectual y logística como su presencia física para manifestar en cualquier ciudad del planeta son precisamente el resultado de tecnologías globales tales como las comunicaciones por satélite, Internet y el transporte aéreo masivo. No solamente el movimiento planetario de la sociedad civil es un producto de la globalización sino que es esencialmente el factor de otra globalización. Su protesta y sus planteamientos alternativos están dirigidos a lograr una aldea global diferente.

Una de las características más interesantes del movimiento global de la sociedad civil es que no tiene ni doctrina, ni utopía común, y no pretende conocer el sentido de la historia como los ingenieros sociales del siglo XX. Pero lo más inaudito es que tampoco las organizaciones no gubernamentales, integrantes de este movimiento global, han manifestado ningún deseo de conquistar el poder político nacional para cambiar el mundo. Es en esto último que se diferencia radicalmente de todos los movimientos y partidos.

No interesarse por la conquista del poder nacional para cambiar el mundo sería la ideología implícita de este movimiento global de la sociedad civil. Este desinterés parece absurdo y hasta surrealista, porque hemos estado acostumbrados durante todo el siglo XX a la idea de la toma revolucionaria del poder nacional para cambiar el mundo. Aunque este desinterés no está expresado como doctrina, la importante concentración del movimiento global de la sociedad civil en asuntos transnacionales, nos está diciendo implícitamente que hoy es muy difícil cambiar el mundo desde el poder nacional, algo que no deja de ser razonable, porque todos los Estados naciones, en menor o mayor grado, tienen secuestrado su poder por el capital transnacional. En consecuencia, los que quieren cambiar la aldea global desde el poder nacional, una vez que llegan al poder se encuentran rápidamente enredados en contradicciones, ejecutando políticas transnacionales que nunca imaginaron y claudicando frente a lo que predicaron.

El movimiento global civil trataría más bien de cambiar el mundo con una acción tan planetaria como la de las empresas transnacionales, aprovechando y expandiendo los espacios de libertad y de democracia que el poder global del capitalismo transnacional permite. En lo político, esta acción transnacional de la sociedad civil está dirigida a defender las libertades civiles y los derechos humanos contra los abusos de un capital transnacional impersonal.

En este sentido, se reclama la libertad de las personas a moverse y trabajar con dignidad y sin restricciones por el globo, a ser transnacionales como el capital. También se defienden los derechos ciudadanos frente a una burocracia financiera internacional no elegida, pero que hoy impone políticas que afectan la democracia en el mundo. Asimismo, se lucha tenazmente para que la propiedad intelectual de las transnacionales no afecte la lucha contra epidemias globales a la vez que se busca una justicia global que defienda los derechos humanos a través de una Corte Penal Internacional. En último análisis, lo que la sociedad civil global predica es más libertad y más democracia global, un verdadero liberalismo frente al falso liberalismo neoliberal.

Ninguno de los planteamientos del movimiento cívico global es contrario a una economía global de mercado pero sí son contrarios a que la sociedad humana se reduzca a un mercado global guiado sólo por la satisfacción instantánea material y el enriquecimiento a cualquier costo. Dentro de esta visión, el objetivo principal es armonizar la economía de mercado tanto con los derechos humanos económicos y sociales como con la ecología planetaria. Para ello, por ejemplo, se plantea una serie de impuestos globales, entre ellos el impuesto a la circulación especulativa de los capitales para dedicarlo a la lucha contra la pobreza. También, con la intención de hacer evolucionar los in- sustentables patrones de producción y consumo de la actual aldea global, se plantea otra medida de la riqueza de las naciones que no contenga la barbarie del actual PNB, que contabiliza como riqueza la destrucción ecológica.

Otra característica interesante del surgimiento de este movimiento cívico global es que nace y se desarrolla en las sociedades capitalistas democráticas más ricas, sedes de las más poderosas empresas transnacionales. Hoy en día, paradójicamente, los más fuertes reclamos contra el falso liberalismo no provienen de los países subdesarrollados del Sur. Estos países, todavía dominados por el moribundo Consenso de Washington, con economías casi inviables, no reclaman nada y aparecen hoy como un conjunto de sociedades empobrecidas, desinformadas, marginadas y hasta resignadas. Por lo tanto, son los movimientos de la sociedad civil de los países capitalistas desarrollados los que más reclaman contra el falso liberalismo que hace circular el capital globalmente pero no el factor trabajo, que permite subvenciones y proteccionismo en los países ricos, que ampara la intervención del FMI con «rescates» contra el mercado, que salvan a los inversionistas especuladores de la bancarrota pero ajustan a los pueblos.

Por todo ello, en el presente la lucha contra el falso liberalismo de la actual globalización económica es hoy un conflicto Norte-Norte. Es esencialmente un conflicto que enfrenta a las organizaciones civiles globales de las sociedades ricas, como un contrapoder frente a las empresas transnacionales domiciliadas en estas mismas sociedades. Este conflicto ha surgido en los países capitalistas desarrollados del Norte porque en ellos existen verdaderas sociedades civiles y democracias de alta intensidad, donde los ciudadanos gozan efectivamente de libertad de opinión y de información, y además tienen a su alcance toda la parafernalia tecnológica de una sociedad altamente informada, como es el uso masivo de computadoras, de Internet, de redes nacionales transparentes de información y el conocimiento bastante generalizado del idioma inglés para comunicarse globalmente y además el dinero para transportarse.

La verdad es que el mundo ya no es el mismo. Hoy el Banco Mundial se ve obligado a emprender relaciones públicas y pedirle al Foro de Porto Alegre que coopere con él en la lucha contra la pobreza mundial. El Foro de Davos reconoce hoy que son compatibles los imperativos de la eficiencia económica con los imperativos sociales. Ambos, el Banco y el Foro, reconocen hoy que los gobiernos y la empresa deben tener responsabilidades sociales y ecológicas globales, y que debería discutirse una globalización responsable, una suerte de partnership entre gobiernos, empresas y ONGs, para crear nuevos modelos de toma de decisiones globales. El FMI y la OMC tampoco se quedan atrás. A pesar de la opinión contraria de los acreedores transnacionales, el FMI ha propuesto por primera vez un sistema similar a la bancarrota que favorece a los países deudores insolventes. La OMC, por su parte, ha aceptado flexibilizar sus normas de protección intelectual para las medicinas contra enfermedades infecciosas globales como el sida, la malaria y otras.

Hoy, la no disminución de la pobreza mundial, la crisis económica en los Estados Unidos y el mundo, los escándalos financieros de Wall Street, la inestabilidad política, el terrorismo y la amenaza de guerra han ayudado a que el contrapoder de la sociedad civil global se haga sentir. Hay un reconocimiento mundial de que sus protestas no son tan injustas ni sus propuestas tan disparatadas y que en poco años su influencia no sólo ha obligado al Banco Mundial, al FMI, a la OMC y al Foro de Davos a flexibilizar ciertas políticas y recurrir a las relaciones públicas para mejorar sus imágenes, sino que ha logrado un gran avance para la justicia global mediante el establecimiento de una Corte Penal Internacional con 18 jueces, organizando nutridas manifestaciones en Washington, San Francisco y Europa en favor de la paz.

Una encuesta internacional, publicada recientemente en la página Web del Foro de Davos, concluye que los ciudadanos en el mundo confían hoy más en las ONGs que en las empresas transnacionales y los gobiernos nacionales. No cabe duda que este reciente contrapoder global funciona.

Nueva York, febrero del 2003

(*) Embajador del Perú ante la ONU.

La segunda edición en inglés de su libro El mito del desarrollo acaba de publicarse en Nueva York y Londres, y la primera edición en portugués en Brasil.

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