LIMA PARAquién / LIMA PARAdojas

Juan Tokeshi y Mario Zolezzi Ch.


 

Mientras las bombas, brutas e inteligentes, destrozaban Bagdad nos preguntábamos sobre el futuro urbano de Lima. Aquí no ha habido una guerra de esas dimensiones pero la pobreza y desolación también están presentes en buena parte de su territorio. Y claro, quedan muy marcadas las huellas de la guerra que sí vivimos hace unos años. En esos días la nueva administración metropolitana que comanda Luis Castañeda Lossio cumplía los rituales cien primeros días a cargo del municipio limeño.

Aquí no hay fuego cruzado ni bombas retardadas, pero si políticas a favor y en contra de la mejora de la calidad de la ciudad que merecen la atención, no del Consejo de Seguridad de la ONU, pero sí la visita del Relator Especial del Derecho de la Vivienda Adecuada de Naciones Unidas, también de misiones del Banco Mundial, del Banco Interamericano de Desarrollo y de otros especialistas preocupados por el tipo de urbe que tenemos y las condiciones de vida que aquí soportan las mayorías.

En el mundo globalizado hacia el que nos deslizamos, las ciudades cuentan y las grandes urbes son un tema significativo. Lima es, con más de 460 años de historia, su población actual y su ubicación una de las más notorias. Pero cuenta con un aparato municipal penoso.

La ciudad, en realidad las ciudades y provincias, así como los distritos no han recuperado aún casi ninguna de las funciones que les fueran arrebatadas por el régimen fujimorista. Y si bien los organismos internacionales y los estudiosos de las urbes, los municipios y la gestión local han insistido en ello, el Congreso de la Nación ha sido incapaz de dar una nueva ley de municipalidades que por lo menos restaure las cosas a su estado anterior.

Algunos de estos estudios se hacen públicos, aunque la mayoría circulan en ambientes circunscritos a especialistas, responsables de las políticas urbanas, de vivienda, servicios básicos de la ciudad, de consumo y de producción donde se articulan complejamente los bienes privados y públicos, funcionarios y autoridades municipales y del poder Ejecutivo y agentes económicos que viven de la ciudad y sus ciudadanos. La ciudad no es explícitamente un tema político, es más un tema económico, social y urbanístico.

Los informes nos hablan de nuevas lecturas de los problemas de siempre, de la necesidad de construir propuestas y soluciones a temas tan urgentes como la falta del agua potable en cantidades razonables para toda la población, principalmente los más pobres. También tratan sobre cómo trabajar con los pobres de la ciudad y cuál es el papel que les corresponde jugar a los municipios, los ministerios, la empresa privada, los dirigentes de los barrios, las ONG... y reflexionan sobre el futuro que nos espera a usted y a nosotros si continuamos viviendo en esta vieja ciudad, pero que todos los días crece con nuevos barrios que trepan los cerros de los contrafuertes andinos que la circundan o se extienden como costras de estera y pobreza en sus bordes más planos.

El discurso del nuevo alcalde de Lima planteaba durante la campaña electoral la urgencia de contar con una visión metropolitana, de atender a los más necesitados y privilegiar a los pobres olvidados de los asentamientos humanos. Sin embargo, hasta ahora esta nueva propuesta de cómo encarar las urgentes necesidades de la urbe no ha aparecido por ninguna parte. El alcalde de Lima sigue siendo básicamente el alcalde del Cercado. y sus políticas minúsculas no han desarrollado como lo esperábamos una visión metropolitana con aliento y sentido de futuro. Fotografiar y multar a los que hacen «pis» en las calles es lo único que ha trascendido al mundo en lo que va de la nueva gestión municipal de Lima.

La publicidad y las campañas de mercadeo local parecen ser las que cuentan, pero mientras usted lee estas líneas la real politik es la que se plasma en el día a día: se administra, plantean, desarrollan o impiden políticas urbanas que constituyen el mar abierto en el que discurre la paradójica forma en que se hace esta ciudad, en que se construye su futuro.

En el imaginario de una ciudad instalada en un contexto de economía neoliberal, en la que las fuerzas del mercado, la iniciativa privada y los intereses de cada uno compiten y combaten por ser exitosos a su manera... el resultado es una ciudad más invivible cada día. Muy poco funciona... la libertad del mercado no es la permisión si se trata de salir a las calles (cada día más peligrosas de transitar, cada día más inaccesibles), la democracia social no llega a los parques ni a las playas, convertidos hoy en ghettos de distinto color, poder y dominio. La ciudad no es de todos; cada quien tiene su pedazo, su refugio o su isla. Y la suma de estas piezas, de este rompecabezas de millones de fichas, no tiene un referente, un proyecto mínimamente común que por lo menos defina el tamaño del tablero. Es el escenario de la vida cotidiana de millones de personas, cogidas por ese absurdo porvenir.

La pregunta que nos asalta en este contexto es si existen para la Lima del futuro políticas más inteligentes que las que han hecho de esta metrópoli lo que es hoy.

Por cierto que la ciudad tiene una apariencia de continuidad, de sólidas bases que se hunden en la historia, pero también de íconos como sus balcones, corroídos por la polilla, la humedad y el tiempo, que parecen no resistir más. La ciudad soñada ha sucumbido a la ciudad real en todas sus manifestaciones, frente a los apuros políticos o las necesidades sociales quedan los planeamientos urbanísticos como testigos de lo que las ciudades pudieron ser y nunca fueron o serán. Si el futuro es construir ciudad sobre la ciudad, entonces la renovación urbana se constituye en un tema prioritario y urgente, pero no hay señales vigorosas que siquiera lo insinúen en estos días de Castañeda y Toledo.

La ciudad contemporánea, se ha dicho, será un desafío constante por sus permanentes cambios (reciclaje), su complejidad (múltiples variables) y magnitud (ritmo de crecimiento). Tenemos que colocarnos a ese nivel. Seguramente queda algo del espíritu de su pasado desde los tiempos de Taulichusco y Pizarro, pero la forma en que se le usa, se le cuida y aprecia, o se le maltrata y olvida es hoy muy distinta.

En la tarea de imaginar el futuro de las ciudades es imprescindible evocarlo en la actividad de sus ciudadanos. Hoy, una mayoría de la población universal y peruana habita el continente de la urbe, produciendo un profundo impacto en nuestros patrones de existencia, que recrean y transforman nuestros estilos de vida, materializables y ubicados en un espacio del territorio, la ciudad.

Basta recorrer con atención el extenso manto urbano que es Lima para inmediatamente constatar la presencia de evidentes cambios ciudadanos, de personajes, objetos y hechos sociales que la pintan tan diferente. Que no sólo insinúan, sino que afirman tendencias y futuros, de seguro absolutamente insospechados por la mayoría de sus ciudadanos solamente una década atrás.

La nueva Lima

Lima no sólo es la gran metrópoli, es la expresión de un territorio segmentado, antagónico y heterogéneo, que avanza de manera sustantiva a una peligrosa desintegración espacial y social. Segmentos de varias Lima; unos, «los de arriba», sofisticados y bilingües articulados a los circuitos financieros y el consumo del mundo global, viviendo en comunidades relativamente aisladas y protegidas; los segundos «del mundo intermedio», comerciantes, profesionales o burócratas articulados a los circuitos productivos de la ciudad, que habitan en espacios físicos que pretenden asemejarse a los de arriba. Y los terceros, «habitantes de la ciudad popular», que son la mayoría, vinculados ellos o sus descendientes con los migrantes de tiempos y circunstancias distintas, se cobijan de mil maneras, reinventando modelos y procesos de ciudad. Segmentos como las líneas del tren, ni se cruzan, ni se encuentran. Si se quiere intervenir en esta, nuestra ciudad, debemos comenzar por aceptar y respetar esa diversidad, sumar la rebelión de sus heterogeneidades y construir un proceso de múltiples rostros humanos.

LA MOTOTAXI es el rickshaw peruano, nieto de la carretilla de los viejos fruteros, hijo del cholotaxi juliaqueño y el medio de transporte más común para millones de limeños que recorren los barrios en estos vehículos venidos desde la India, o ensamblados en el Perú. Poco a poco, como fruto del puro mercado, hoy decenas de miles de mototaxis recorren los barrios pobres y llegan osados como objetos cada vez menos curiosos a los barrios de las clases medias. Es el vehículo ligero, barato y múltiple para ir al mercado, liberar a las señoras del peso de cargar una canasta, llegar a tiempo a la escuela en el barrio o a la posta médica. Pero tan importante como eso, es una de las poquísimas alternativas de un autoempleo para miles de jóvenes que sueñan, ya no con la moto o el auto propio, sino con esta forma de juntar en uno los sueños y la búsqueda del pan de cada día. El tema del transporte se ha convertido en una política clara de informalidad para la generación de empleo; el tránsito es en realidad un tema secundario en este escenario.

Si el origen de los mototaxis puede prestarse al debate, no cabe dudar del aporte nacional que ha significado para el mundo la democratización comunitaria del Internet con la creación de LAS CABINAS. Centenares de cabinas urbanas, primas pobres de lo que en el mundo desarrollado se llaman café-internet, han tomado nuestras ciudades, y por cierto Lima. Casi no hay barrio que se respete a lo largo de los 70 kilómetros sobre los que se extiende la urbe que no tenga por lo menos una cabina, pequeña, regular o grande a la que acuden personas de distintas edades, sexo, poder económico y educación a comunicarse con el mundo.

Las cabinas de Internet han hecho de Lima otra ciudad para los jóvenes. Es un lugar nuevo y común, un espacio semipúblico de uso tan frecuente como los parques para nuestros abuelos, o los cines para nuestros padres. Allí, en la virtualidad real de las comunicaciones, se juega, se hacen negocios, surgen amores y se conoce el mundo....desde cualquier barrio, desde algunos muy pobres, por cierto. Pero Internet no está incorporado de manera interactiva a las políticas municipales ni del Estado, no cuenta para hacer sociedad, gestionar mejor, lograr calidad de vida. Y eso es una pena.

Aquí están todas las realidades y, claro, está el mercado de consumo del país. Por eso también, los nuevos supermercados, «metros», «santaisabeles» y otros, que antes eran elementos de distinción, hasta íconos del paisaje urbano de las clases medias más acomodadas, hoy se han proyectado con una presencia definitiva a lugares antes impensados. San Juan de Lurigancho, Independencia, Comas y otros distritos residencia de las masas pobres de Lima, ostentan con orgullo enormes supermercados que han hecho de Lima otra ciudad.

No se trata simplemente de centros comerciales, malls o «jockey plazas» para los pobres que profundizan la segregación de mercados y clases sociales en la ciudad. Por el contrario, son una nueva experiencia de afirmar valores, establecer relaciones, replantear costumbres y estilos de vida que proyectarán al limeño mayoritario de los próximos años. Son y serán referente obligado de la vida cotidiana, del tiempo compartido de las familias (en el cine, la comida, la fiesta de cumpleaños) del espectáculo público y los artistas populares que sigan la senda recorrida por el vals, la chicha, la tecnocumbia y el nuevo huayno compartiendo con otros ritmos más globales. Empezó la cuenta final de relegar la tradición del mercado de abastos, la tiendita de la esquina y la paradita de ambulantes. Hasta de poner en cuestión el barrio y los amigos de la esquina que mañana se darán cita en estos nuevos espacios públicos metropolitanos de recreación y consumo, primos más fuertes del miraflorino Larcomar.

En el país de todas las sangres y la diversidad cultural, la presencia de los inmigrantes orientales ha fundado gustos culinarios que son hoy made in Perú. LOS CHIFAS de mil colores y gustos, con cocineros de estirpes y tradiciones múltiples, tan igual como los apetitos de sus comensales, son la expresión máxima del sincretismo, democratizan las texturas de las calles de nuestra ciudad y el sabor de los muchos limeños. En los barrios elegantes los chifas intentan diferenciarse bajo el sugerente nombre de «restaurante de comida china», en los sectores medios sus fachadas se enchapan de mayólicas color granate y sus escaparates se asemejan a peceras como signo de prosperidad. En los barrios populares lo más llamativo es la peculiaridad de sus nombres, sin olvidar, claro, los de la propia calle, sencillas carretillas al paso de los transeúntes. El cucharón de los primeros chifas de la calle Capón, de cocineros importados de todos los confines de China, son reemplazados por diestras manos de estirpe andina y criolla. El humilde arroz chaufa, también un invento nacional, se presenta hoy acompañado como bufet mixto, tallarín y wantan frito de por medio, o como compañero de suculentos platos de sofisticada denominación.

Pero esta Lima inaugural del siglo XXI también es la ciudad de LOS HOSTALES. ¡Qué turismo ni turistas! Los hostales son el nuevo refugio de los amantes, de las parejas, de la intimidad que esta ciudad ya no podía ofrecer. Así, los barrios de las empobrecidas clases medias, y los de otras capas urbanas, pero principalmente los pueblos jóvenes y asentamientos humanos, dibujan en su perfil urbano pequeños edificios de discretos accesos y ventanas de sugerentes cortinas. Son parques virtuales para la intimidad y el amor, que con recato ofertan privacidad a miles de parejas que se quieren, se desean y no encontraban un dónde en esta metrópoli en la que las áreas verdes por persona no superan el metro cuadrado y el peligro acecha.

Lima, siempre está en el borde, entre la crisis y la supervivencia. Y es que ha crecido sin respetar su futuro; como hija descarada e insensata del centralismo se ha llenado de gente, de inmigrantes llegados de todo el Perú y hoy por hoy uno de cada tres peruanos vive en ella, en realidad la mayoría la sufren.

La vivienda es en la ciudad un gran tema, porque como lo han dicho, por ejemplo, Jorge di Paula, arquitecto uruguayo de reconocida valía, no es sólo un techo: es también una vecindad y un barrio con equipamientos, infraestructuras y servicios adecuados. Pero además es una mercancía, un producto del trabajo, una inversión, la base de la reproducción biológica y social de los seres humanos, un favor clientelístico, un ahorro familiar, un seguro de vejez, un proceso socio-físico, un medio para generar lazos de solidaridad y ayuda mutua, una obra de arte, un símbolo de nuestra identidad, un refugio para la ensoñación, la ilusión y la fantasía.

Así como las características de la estructura urbana actual responde al proceso de desarrollo histórico, también los cambios en la estructura urbana futura responderán a las transformaciones que se aprecien en la estructura de ocupación y de ingresos, la estructura productiva, demográfica y político administrativa y su evolución en el tiempo. ¿Pero dónde estamos conversando sobre estas cosas?

Por eso creemos que es de prioritaria necesidad abrir al debate público algunas propuestas a manera de una carta de navegación para construir su futuro y llegar a puerto de una Lima de espacios de vida:

Lo que tenemos ahora es insostenible en el tiempo. Distritos portátiles (y desarmables en parte) para los ricos, como el ya famoso kilómetro 97.5 al sur de Lima, y simultáneamente el peligro de perder para siempre el valle de Lurín nos exigen a todos asumir con más cuidado nuestra calidad de habitantes responsables de esta urbe del Tercer Mundo a la que estamos ligados en nuestras vidas.

 

  1. Miembros del Programa Urbano de desco.
  2. Tuvimos conocimiento de esta apreciación por una socióloga francesa, quien leyó esta noticia en la prensa de su país.

 

 

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