La soledad del nadador

Una entrevista con Abelardo Sánchez León, por Rocío Silva Santisteban

Segunda novela de Abelardo Sánchez León - aparece en el sello de PEISA-, trata de las tribulaciones de un viejo nadador que compite consigo mismo en forma descarnada con el único objetivo de continuar vivo.

- El protagonista de la novela es un viejo, personaje poco frecuente en la literatura peruana donde abundan sobre todo adolescentes y jóvenes. ¿Por qué escogiste a un personaje así?
- La novela transcurre en varios períodos de la vida del personaje, pero sobre todo en la vejez. En realidad, los viejos que he conocido han sido mi mamá, mi papá y algunos parientes cercanos. Y cuando uno no los frecuenta y los vuelve a ver reconoce el olor de la vejez, que es un olor deprimente. El personaje, sin embargo, es un viejo joven; no sólo recuerda su vida de joven sino que se trata de un viejo bien conservado.

- ¿Con una actitud vital?
- Exacto. Está enamorado, tiene sentido del humor y quiere postergar la muerte.

- ¿El tema de la novela es el deterioro corporal?
- Es uno de los temas. La vez pasada Giovanna Pollarolo me preguntó si podía resumir en dos líneas mi novela y le dije que la historia es de un viejo nadador que nada para postergar la muerte. Esa es su obsesión. Ahora, ¿la historia, la trama? En mi caso se trata de un defecto, pero no tengo trama.

- ¿Cómo comienzas a escribir?
- Comienzo a escribir en la noche, en el laberinto de la noche. La cultura del laberinto es la cultura de la oscuridad, uno tiene que seguir siempre adelante aunque no sepa adónde está yendo, y nunca puede retroceder. Tiene que avanzar. Así escribí la novela.

- ¿De qué partiste primero: de una idea, de una escena, de una imagen del viejo?
- La novela se fue armando en el transcurso de la escritura; lo que sí había primero era un vinculo profundo con la natación. Mis hijos han nadado, yo he nadado traumáticamente, en mi familia es inconcebible que alguien no haya nadado nunca.

- ¿Tu padre?
- No, mi padre es una excepción. Nunca lo vi nadar, aunque sí en el mar. Las primeras escenas que se me ocurren, con las cuales se abre la novela, se producen en un hotel en Fort Lauderdale, Estados Unidos. Se trata del viejo que viaja para nadar en una piscina.

- Tu primera novela transcurre en Lima y se trata de una disección de la ciudad y sus personajes, en la misma línea de Conversación en La Catedral; digamos que de alguna manera se relaciona con lo sociológico. En cambio ésta tiene otro punto de partida. ¿Es más intimista que la anterior?
- Es más intimista en el sentido de que hay un gran personaje que va de la primera página a la última. No hay momento en la novela en que no esté ese personaje; en eso se diferencia de la otra. En eso creo que he madurado y aprendido. Pero es una novela que también transcurre en Lima, así como en Estados Unidos y en Berlín. También he aprendido que uno no debe quedarse en los detalles porque el lector de ahora viene del cine, entonces los detalles no le interesan. No la escribí pensando en eso, lo digo como conclusión después de haberla escrito. Y lo sociológico está si uno quiere leerlo. La otra novela, como me dijeron algunas personas, tenía páginas parecidas a ensayos. Eso sí está mal. Aquí he tratado de que lo sociológico esté en los personajes, en la situación y no en la opinión de un narrador.

- ¿Por qué motivo cambiaste de la tercera a la primera persona en la narración? Esto parece irrelevante para los lectores no especializados, pero es importante en la medida que el uso de la primera persona gramatical te involucra más, tanto como lector que como autor.
- Probablemente ese cambio se debía a que todavía no sabía cómo escribir. Poco a poco dentro de ese desorden fui descubriendo que ese cambio le daba una variación a la novela porque le pasaba la pelota a la otra persona. En este libro me he soltado mucho más. Lo he escrito con el hígado y con el corazón, sobre todo con el corazón.

- ¿Otro de los temas de la novela son las relaciones filiales?
- Los lectores de PEISA dicen que es el argumento central. Ese diálogo entre el hijo y el padre.

- ¿Y de alguna manera la natación es lo que vincula al hijo con el padre?
- La novela está armada así. No sólo entre el padre-nadador y el hijo, sino incluso con el padre del nadador, esto es, el abuelo. Se trata de un padre distinto al mío. Este es un padre exitoso, realizado, fuerte y digno; el mío también, pero no a través del deporte sino de la vida intelectual. Es una recreación. Esa es la maravilla y el placer de la narrativa.

- ¿Escribir te produce placer o te desgarra? ¿Qué sentiste con esta novela?
- Si no hubiera escrito esta novela no sé qué hubiera sido de mí; esta novela me ha acompañado muchísimo durante ese período tan duro del 94 al 95.

- En la actualidad hay una obsesión por el cuerpo y por evitar la vejez. ¿Esta novela es una propuesta de cómo entender a la vejez con dignidad?
- En esta novela el personaje es un deportista, por lo tanto se diferencia de aquel hombre que hace aeróbicos o corre sólo por lucir bien o por salud. En este caso el deportista no nada por salud o por sentirse bien, sino por una motivación más angustiante: él no se mete a la piscina para bañarse sino para enfrentarse consigo mismo. Yo no me imagino a este personaje dando vueltas alrededor de El Golf, ni con buzo ni con zapatillas. Es más, él nada solo. La natación es un diálogo con uno mismo. La motivación no es estar bien, ni siquiera sano (que es la de esta cultura light o anticolesterol), sino que se trata de un desgarramiento interior.

- ¿El enfrentamiento se da por una especie de competencia con uno mismo?
- No tengo respuesta. Toda la novela juega también con el absurdo: el esfuerzo de hacer un récord que a nadie le importa, que ni siquiera halaga la vanidad del nadador. Los esfuerzos son tan personales que ni al vecino le importan.

- Y ahí está la soledad.
- Si, ahí está la soledad. No porque nade solo sino porque su esfuerzo no tiene mayor trascendencia. Incluso algunos se burlan de lo que hace: ¿A quién quiere demostrar este viejo qué cosa?

- ¿Cuándo está más solo el nadador, cuando gana o cuando fracasa?
- Cuando está fuera de la piscina. Cuando está en la vida.


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